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Organizaciones de Consumidores: El
desafío presente de convertirse en sujeto. Diego Ortega Obreque Asistente
Social A Modo de Presentación El presente trabajo es un primaria reflexión
acerca de los alcances del tema del consumo y de las organizaciones de
consumidores, si bien tuvo muchos preliminares no es menos cierto que el
producto es también preliminar. El objetivo del presente escrito es dar un
visión de las reflexiones en torno a las organizaciones de consumidores y por
donde debiera ser abordado el desafío con éstas, sin duda los temas aquí
desarrollados buscan sistematizar un problema que si bien tiene larga data en el
contexto internacional, en Chile es incipiente y pero de gran proyección,
debiera ser una de las posibilidades de articulación de las demandas ciudadanas
en torno al mercado esa realidad “virtual” que se nos comenta diariamente
por televisión y que tiene grandes efectos en lo cotidiano . Las posibilidades de un mayor desarrollo
de la temática está planteado en la bibliografía citada la que no da cuenta
de las innumerables conversaciones con los expertos de ROLAC y otros, además
del acerbo de quien realiza este trabajo. En
Santiago, Julio de 2001 Antecedentes Generales Decir
que el tema del consumo es un tema emergente en Chile, como cuando se refiere a
mujeres, jóvenes, violencia etc., no pasa de otro lugar común, pues la
emergencia son siempre temas ausentes, silenciados, como plantean los autores de
la comunicación, el lenguaje construye realidades[1],
y llevando la reflexión al extremo lo que no se nombra no existe. Es en este
contexto donde quisiera abordar la tarea de contextualizar el desafío de las
organizaciones de consumidores y la exigencia de derechos en un espacio “tan
lejos tan cerca” como es el mercado. Si
bien, la historia de las organizaciones de consumidores en Chile es reciente,
1985 con la fundación de la ACHICO, en el contexto internacional sus parientes
tienen una data de entre 50 y 100 años en el caso de las Organizaciones
Europeas y de Estados Unidos, con distinta suerte y con acciones diversas, sus
estrategias han variado y sus primeros pasos son distintos a los nuestros, pero
allí se instala el modelo y los desafíos. La
historia en relación al hito que marca la pauta oficial en el tema de los
derechos del consumidor como una tarea de ciudadanía, es viejo y reciente, es
reciente en términos oficiales 1962, pero viejo en relación con la fundación
de Consumers Union (1908), es quizás la labor de esta organización en Estados
Unidos lo que provoca que en 1962 J.F. Kennedy, hablara por primera vez de
derechos de los consumidores. La
concepción de derechos del consumidor, planteada oficialmente por John Kennedy,
el 15 de marzo de 1962, en el Congreso de Estados Unidos, plantea “ser
consumidor, por definición nos incluye a todos” y sigue “somos el grupo
económico más grande en el mercado, que afecta y es afectado por casi todas
las decisiones económicas públicas o privadas ... pero es el único grupo
importante cuyos puntos de vista a menudo no son escuchados”[2] De
este modo, se asume el consumo más allá de la sola idea de reproducción de la
fuerza de trabajo, es también un espacio desde el cual se pueden ejercer
derechos, es así como en aquel discurso Kennedy plantea cuatro derechos: “a
la información, a la seguridad, a la elección de entre una variedad de
productos y servicios a precios competitivos y a ser escuchados por el gobierno
en la formulación de políticas de consumo”[3] En
la actualidad se han agregado otros cuatro derechos: “a la reparación, a la
educación del consumidor, a la satisfacción de las necesidades básicas y la
preocupación por un medio ambiente saludable y sustentable”[4] Pensar
los derechos de los consumidores, requiere definir que entenderemos por consumo
y contextualizarlo a nivel de la reflexión académica, de manera que nos
permita descubrir, por qué se requiere de organizaciones de consumidores que
avancen en la constitución de un sujeto capaz de levantar las demandas
necesarias y mejorar las condiciones de igualdad en una economía de mercado. A.
Touraine que dice: “El
consumo que se puede llamar tradicional o subordinado a las actividades de
producción tenía tres orientaciones principales: la reproducción de la fuerza
de trabajo, el simbolismo del nivel de vida y la relación con el mundo no
utilitario de las ideas.”. Y sigue “El consumo llamado de masas, aunque
evidentemente no está desconectado de los ingresos de las masas, también tiene
tres aspectos: a la reproducción física y cultural sucede la formación de
nuevas comunidades o tribus; la jerarquización social de los consumos se
encuentra sustituida por el nacimiento del prosumer, para emplear la
palabra de Toffler, es decir, el consumidor al que apunta la empresa de producción,
aquello que define al alumno de la escuela o la universidad, al enfermo del
hospital o al público de la televisión; finalmente, la invocación a la alta
cultura se transforma en defensa y afirmación de la personalidad individual.”[5] La
definición planteada aborda a lo menos tres elementos que nos permiten
acercarnos al tema. El primero, la relación entre consumo, reproducción de la
fuerza de trabajo y formación de comunidades. Esta relación da cuenta de la
concepción que el consumo es el instrumento que permite la expansión del
capital y por ende crear las condiciones para que comunidades reproduzcan la
fuerza de trabajo necesario para la producción del capital y quien produce lo
que esta comunidad consume y por ende no participa, sino que está determinada
por el capital, los productos y artefactos que este produce. Una
segunda relación, entre lo simbólico y la jerarquización social, es pues la
relación intersubjetiva de la clase hegemónica la que define y conceptualiza
la calidad de vida. La que produce bajo esta categoría y reproduce la
estratificación social de acuerdo al acceso a los bienes de consumo, creando
los nuevos patrones culturales de la hegemonía, involucrando a los sujetos en
la dinámica de lo simbólico, utilizando los medio de masas para reproducir el
contenido y lo valorado de lo simbólico. Por lo tanto, en esta figura del
consumidor no es más que un operacionalizador de lo que se produce en la
empresa y se le define en relación con esta. La
tercera relación, planteada como una tensión entre “la invocación a la alta
cultura” (valores), que se encuentra con la “defensa y afirmación de la
personalidad individual” (individuo). Refleja la tensión entre quienes
piensan que los actos de consumo son reflejos individuales o peor aún
individualistas. “Esta descalificación moral e intelectual se apoya en otros
lugares comunes acerca omnipresencia de los medios masivos, que incitarían a
las masas a avorazarse irreflexivamente sobre los bienes.”[6].
Y quienes plantean que a partir de los actos de consumo es posible
levantar derechos y articular acciones en defensa de esos derechos. En
esta tensión se mueven las definiciones sobre consumo y son también estos los
conceptos que se encuentran a la base de ellas, a modo de ejemplo: Castells dice
“el consumo es un sitio donde los conflictos entre las clases, originados por
la desigual participación en la estructura productiva, se continúan a propósito
de la distribución y apropiación de los bienes”[7] Consenso y Hegemonía “Hacia
fines de los ochenta y comienzos de los noventa, América Latina experimentó
importantes cambios ... Muchos países antes bajo regímenes militares
transitaban hacia la democracia. Había una crisis económica generalizada
durante gran parte de la década de los ochenta, dando paso a modelos económicos
neo-liberales en la década siguiente. Al mismo tiempo, se consolidaban
importantes bloques comerciales regionales y subregionales, como el MERCOSUR, el
Tratado de Libre Comercio de América del Norte (también conocido como NAFTA),
el Mercado Común del Caribe (CARICOM), y la Asociación Latinoamericana para la
Integración (ALADI)”[8]. En
esta realidad, es donde se construye un consenso obligado para los países de la
región, pues a partir de la crisis del ochenta comienza la instalación del
modelo neo-liberal cuya característica esta dada por la venta de las empresas
estatales y por el retroceso del Estado en su responsabilidad de asignar
recursos, dejando esta tarea al mercado (empresa). Esto en Chile fue llevado a
cabo por la Clase Política Militar en los conceptos de Salazar[9],
es decir se llevo acabo en plena dictadura militar, que a decir del autor, fue
la única forma de acometer dicha obra: “A
través del proceso de privatización, sin prensa libre, sin discusión política
y con cambios frecuentes en los objetivos y los procedimientos gubernamentales,
fue fácil para los que estaban informados maniobrar en su propio interés y en
el de sus amigos y parientes... A través de la privatización, las compañías
extranjeras se hicieron más poderosas en Chile de lo que nunca habían sido
antes... Ha sido el mayor desfalco de fondos públicos de la historia de Chile,
consumado sin consulta ciudadana y sin dar cuenta al Congreso de la República”[10] Así
en los ochenta se forman los nuevos grupos económicos, asociados al poder
militar y a sus influencias que permiten construir nuevas riquezas e instalar
una hegemonía económica capaz de controlar las empresas estratégicas que
antes se encontraban en manos del Estado. No entraremos en los detalles de la
conformación de los nuevos grupos económicos (para mayor detalle ver Hugo
Fazio[11]),
lo que sí intentaremos es dar una mirada general de lo que significó en términos
de consenso nacional la instalación del modelo en Chile. Junto
al nuevo orden económico, instalado por los Chicago Boys, en los ochenta,
ocurrió la instauración también de un nuevo orden político dado por la
Constitución de 1980, desde la cual se programa la transición a la democracia
en Chile y de paso se raya la cancha para la nueva forma en que se entenderán
los ciudadanos y su relación con el mundo militar. Sin
duda los ochenta marcaron también una tensión que no termina de resolver la
contradicción entre los sectores populares y la Clase Política Civil, la que
se embarca en la legalidad de la dictadura, cumpliendo el itinerario y
permitiendo la salida airosa de los militares del poder. Los
noventa, forman parte de la original performance de la Clase Política Civil,
quienes asumen el modelo neoliberal sin mayores reservas, lo legitiman y lo
consolidan, creando un nuevo referente político empresarial, con padrinos en el
mundo militar, casos como los Ministros Correa y Brunner, de Aylwin y Frei
respectivamente, que coincidentemente estuvieron en la cartera de Gobierno,
forman parte de números directorios y cuentan con la confianza tanto de
militares como de políticos concertacionistas y asesoran a empresas que algún
día fueron del Estado, median en conflicto a favor de las empresas en contra
del Estado, asumiendo una extraña militancia. La
consolidación del modelo y la desregulación de los servicios básicos, la
legislación cada vez más permisiva a favor de las empresas configuran un
escenario complejo a la hora de pensar profundizar la democracia y el mercado,
pues en este contexto es comprensible lo planteado por Fazio: “En el mundo
real, el productor integra la demanda del usuario en su planificación. Este
poder casi omnímodo sólo se puede limitar a través de regulaciones estatales
y/o la organización de los consumidores, proceso que en Chile es casi
inexistente. Libre mercado no existe.”[12]
Lo que es reafirmado a partir de la Ley de protección al consumidor en
Chile que no permite a las organizaciones de consumidores tomar acciones legales
colectivas en representación de los consumidores. Lo
anterior, se plantea con mayor nitidez, “La carencia de medidas regulatorias
en este terreno no pueden dejar de vincularse con el hecho de que el caso más
bullado de mala calidad en la construcción se expresó en una empresa cuyos
propietarios están directamente relacionados con el Ministro de Defensa,
Edmundo Pérez Yoma.”[13]. Movimiento de Consumidores: ¿Sujeto Autónomo? La conformación de las Organizaciones de Consumidores en Chile es de tan reciente data, que no es posible aún de plantearse la idea de conformación de un sujeto autónomo, no le llamaremos popular, pues representan más bien a la clase media, es allí donde se instala su nicho de posibles asociados o miembros, esto debido a la expertiz que requiere abordar la complejidad del mercado. Pero
no necesariamente lo complejo debiera ser excluyente de lo popular, pero uno de
los problemas que con mayor urgencia es necesario de resolver es la desigualdad
en el ingreso, pues esto provoca un tema que es anterior, el acceso al consumo
de las clases populares, a modo de ejemplo está el silencio a la hora de los
resultados de la Encuesta Casen 2000, que omite intencionalmente el tema[14].
Las
organizaciones de consumidores debieran resolver el complejo tema de la ciudadanía
y la participación, aspectos no menores a la hora de pensar su futuro: La
ciudadanía según conceptos tradicionales está referida a la relación
Ciudadano - Estado, es aquí donde se encuentra el primer obstáculo, pues nos
encontramos ante un Estado que se repliega asumiendo un rol subsidiario e
incluso mediador, en los conflictos sociales, ejemplo de aquello está dado por
el reciente conflicto entre estudiantes y microbuseros, a propósito del pase
escolar. El
Estado ya no es el receptor de las demandas por los derechos básicos como la
educación, la salud y la vivienda, sino que plantea el derechos a la elección,
dejando a las leyes del mercado la regulación de elementos tan sensibles como
estos. Aquí las organizaciones sociales en general, no encuentran aún un punto
de equilibrio y desarrollo, pues mantienen sus demandas en dirección al Estado
y no al mercado (empresa) quien debiera en este contexto resolver las
necesidades, entendidas como bienes o servicios. Primer punto de quiebre. Un
segundo punto de quiebre es la desarticulación que esta relación provoca al
interior de las organizaciones, pues sus demandas son asumidas de manera parcial
y aislada lo que provoca atomización y escasa capacidad de acumular fuerzas,
pues son atendidas de manera casuística y ellas tampoco articulan acciones
colectivas. Lo
anterior, no es ajeno a las organizaciones de consumidores, las que si bien se
encuentran en la misma lógica del mercado, no logran articular un base social
que les permita levantar demandas con la suficiente fuerza como para ser oídas. El
desafío planteado por Fazio respecto a “la posibilidad de los consumidores de
‘ordenar las distorsiones’, ello podría darse si su grado de organicidad y
capacidad de movilización fuese adecuado, pero además se requiere que el
gobierno facilite su acción, estimulando su organicidad y mostrando al desnudo
los procesos en curso que afectan al conjunto de la población”[15].
Más
allá de la debilidad de las organizaciones de los consumidores y su precaria
capacidad de acumulación de fuerzas, es necesario abordar un segundo elemento,
como es la Participación, entendiendo esta como la capacidad de poder influir
en la toma de decisiones, para el presente caso, la capacidad de poder en la
toma de decisiones en el mercado. Donde la complejidad y los insterticios del
poder son más difusos y cuentan con grado de consenso tal que es imposible dar
cuenta de demandas, que no afecten las llamadas leyes del mercado y los
equilibrios económicos. La construcción del discurso Volvamos
al inicio de nuestro trabajo para finalizar, la construcción de un discurso y
la capacidad de levantar demandas amplías y de consenso popular es el desafío
de las organizaciones de consumidores, lo mismo que su organicidad, pero al
parecer los contenidos del discurso esta resuelto, ya en 1962 se levantaron
cuatro derechos, a los que se sumaron otros cuatro: Derecho a la información, a
la seguridad, a la elección de entre una variedad de productos y servicios a
precios competitivos y a ser escuchados por el gobierno en la formulación de
políticas de consumo, a la reparación, a la educación del consumidor, a la
satisfacción de las necesidades básicas y la preocupación por un medio
ambiente saludable y sustentable. Lo
anterior lo podríamos subdividir en dos categorías, los que dicen relación
con el ejercicio de ciudadanía como son el derecho a la información, a ser
escuchados a la hora de la generación de políticas que nos afecten, a la
educación, a la satisfacción de la necesidades básicas y a un medio ambiente
saludable y sustentable. Por lado los que dicen relación con la igualdad de
oportunidades como el derecho a la reparación, a la elección de entre una
variedad de productos y servicios a precios competitivos y a la seguridad de los
productos. Los
desafíos en este plano están dados más bien en la capacidad de acumular
fuerza para que este discurso sea llevado a la práctica, la generación de
espacios públicos para el debate que supere los lugares comunes y que permita
la capacidad de actuar de las organizaciones, es todavía una tarea pendiente. No
basta el sólo discurso, sino que es necesario avanzar en la posibilidad de
aumentar el consenso social, que permita abordar estos derechos y que esto se
materialice en medidas concretas. BIBLIOGRAFÍA FAZIO,
Hugo, Mapa actual de la extrema riqueza en Chile, Santiago, LOM-ARCIS,
1997 GARCIA
CANCLINI, Néstor, Consumidores y ciudadanos: Conflictos multiculturales de
la globalización, México, Grijalbo, 1995 MIDEPLAN,
Encuesta Casen 2000, Santiago, Mideplan, 2001 SALAZAR,
Gabriel, Historia contemporánea de Chile, Santiago, LOM ediciones, 1999 SERLE,
John, Actos de habla, S/D TOURAINE,
Alain, Critica de la Modernidad, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica,
1998 OFICINA
REGIONAL PARA AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE DE CONSUMERS INTERNATIONAL (ROLAC), Protección
de los Consumidores: ¿Cómo estamos?, 1999, www.consumersint-americalatinaycaribe.cl [1]
Cf. SERLE, John, Actos de habla, [2]
OFICINA REGIONAL PARA AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE DE CONSUMERS INTERNATIONAL
(en adelante ROLAC), Protección de los Consumidores: ¿Cómo estamos?,
1999, www.consumersint-americalatinaycaribe.cl
[3]
ROLAC, Op. Cit. 1999 [4]
Ibidem [5]
TOURAINE, Alain, Critica de la Modernidad, Buenos Aires, Fondo de
Cultura Económica, 1998, Pág. 144 [6]
GARCIA C., Néstor, Consumidores y Ciudadanos: Conflictos multiculturales
de la globalización, México, Grijalbo, 1995, Pág. 41 [7]
CASTELLS, Manuel, La cuestión urbana. Citado por García C, 1995 [8]
ROLAC, Op. Cit. 1999 [9]
Cf. SALAZAR, Gabriel, Historia contemporánea de Chile, Santiago, LOM
ediciones, 1999, Tomo I, [10]
COLLINS & LEAR, Chile’s Free Market Miracle: A Second Look,
citado en SALAZAR, Gabriel, Historia contemporánea de Chile,
Santiago, LOM ediciones, 1999, Tomo I,
Pág. 110 [11]
FAZIO, Hugo, Mapa actual de la extrema riqueza en Chile, Santiago,
LOM-ARCIS, 1997 [12]
FAZIO, Hugo, Mapa actual de la extrema riqueza en Chile, Santiago,
LOM-ARCIS, 1997, Pág. 71 [13] FAZIO, Hugo, Op. Cit.
1997, Pág. 72 [14] MIDEPLAN, Resultados Encuesta Casen 2000, Santiago 2001en www.mideplan.cl [15]
FAZIO, Hugo, Op. Cit. 1997, Pág. 69
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