GESTIÓN ECONÓMICA PARA EL DESARROLLO DE LA CULTURA

La cultura como factor de crecimiento económico.

por Alfredo Carballo desde Cuba

 

Alfredo Carballo es Licenciado en Economía;  profesor en adiestramiento en la Universidad de Pinar del Río 

"Hermanos Saíz Montes de Oca" donde imparte la asignatura Economía Política II. 

Además es músico de la agrupación de Rock Tendencia, que da conciertos por todo el país.

Introducción.

El presente trabajo es el resultado de nuestra investigación para la obtención del grado de Licenciado en Economía y en virtud de las lógicas condiciones  de tiempo y espacio, nos limitaremos a exponer en este resumen algunos conceptos básicos para poder analizar el fenómeno de la Economía de la Cultura, especialmente el caso de la música, y su actual importancia para el mundo y para el país.

Industrias Culturales, Políticas Culturales, Gestión de Procesos culturales, Ciclo Reproductivo de la Cultura, Derecho de Autor Musical, son algunas de las temáticas abordadas.

El principal aporte es la aplicación de una metodología de análisis financiero en el Centro Provincial de la Música de Pinar del Río, validada también para su implementación en los demás centros de este tipo en el país. Dicha metodología recoge comparaciones verticales y horizontales.

Los resultados de la investigación demostraron la importancia y necesidad del sistema que proponemos, en cuanto a la obtención de información para la toma de decisiones en  aquellas entidades, susceptibles también a la aplicación del Perfeccionamiento Empresarial, como eslabón primario de un largo proceso que deberá convertir  nuestras empresas a la eficiencia y la rentabilidad.

 

Gestión económica para el desarrollo de la Cultura.

La relación entre economía y cultura no es de sentido único. En un mundo caracterizado por una gran diversidad cultural, no es sorprendente que las culturas influyan también unas sobre otras, a través de los intercambios mundiales, y actúen sobre el proceso de cambio económico, a nivel local y a nivel mundial. Estos intercambios y estas interacciones pueden favorecer o dificultar el crecimiento económico; además, pueden ser fuentes de asimilación o de conflicto en el plano cultural. Y si, en un contexto de globalización, el crecimiento económico es capaz de transformar no sólo los modos de vida individuales y colectivos, sino también los fundamentos mismos de nuestra percepción de esos modos de vida, deberemos asegurar el cambio económico sin rechazar elementos preciosos de la tradición de un país.

Para poder analizar el impacto del sector cultural como factor de crecimiento económico debemos detenernos en la conceptualización de la noción de cultura, siempre en su acepción totalizadora, es decir, se entiende que todo es cultura, o lo que es lo mismo, que no hay hechos no culturales.

Esta precisión es importante en la medida que algunas concepciones definen el ámbito de lo cultural como un sector de la vida social distinto de otros, por ejemplo, el económico o el político, y de ahí derivan la existencia de hechos o expresiones propios de la cultura y de otros que no lo son. Una manifestación de esta forma de ver la cultura se tiene en la reducción de lo cultural al campo de lo artístico literario y lo humanístico; en pocas palabras, para los que sostienen estas tesis, la cultura solo tiene que ver con las artes, las letras y las afines.

Por el contrario, la concepción holística, que analiza los fenómenos desde todas sus aristas, amplía el campo de lo cultural a toda la realidad; afirma que hay una dimensión cultural en todas las formas de expresión de lo real. De este modo, la cultura no se aísla, ni se separa de la vida y mucho menos se restringe a uno de sus campos de acción. Se abre así la posibilidad de una lectura cultural de la realidad en la cual se sintetizan todos los elementos que la constituyen, contribuyendo de ese modo a delinear al perfil de un modo de ser social distinto del económico o el político. De esta forma, podemos dar algunas definiciones generalmente aceptadas sobre el concepto cultura.

"La cultura consiste en pautas de comportamiento, explícitas o implícitas, adquiridas y transmitidas mediante símbolos y constituye el patrimonio singularizador de los grupos humanos, incluida su plasmación en objetos; el núcleo esencial de la cultura lo componen las ideas tradicionales (es decir, históricamente generadas y seleccionadas) y, especialmente, los valores vinculados a ellas; los sistemas de culturas, pueden ser considerados, por una parte, como productos de la acción, y por otra, como elementos condicionantes de la acción futura” (Kroeber y Cluckhoholm, 1952; citado por Austin, 2000)4.

Clifford Geertz sentenció: "El concepto de cultura que propugno... es esencialmente un concepto semiótico. Creyendo con Max Weber que el hombre es un animal inserto en tramas de significación que él mismo ha tejido, considero que la cultura es esa urdimbre y que el análisis de la cultura ha de ser por lo tanto, no una ciencia experimental en busca de leyes, sino una ciencia interpretativa en busca de significaciones"(Geertz  C,  citado por  Austin, 2000)5.

La relación cultura-economía. La cultura económica.

Según J.L. Rodríguez, “la noción de desarrollo abarca un proceso dinámico de crecimiento balanceado y auto sostenido de la economía, que asegure las transformaciones de la estructura económica y social, capaces de garantizar la satisfacción creciente y estable de las necesidades materiales y espiritualidades de la colectividad humana en cuestión” (Rodríguez, 1995)8.

En este concepto se parte de que existe una base cultural subyacente al diseñar una estrategia de desarrollo, que está imbricada con la selección del modelo sociopolítico a aplicar, es decir, un modelo de desarrollo que pretenda trascender y perdurar tiene que afincarse desde su diseño mismo, en la nacionalidad y en las raíces más profundas de nuestra cultura. Esa cultura del desarrollo no podía menos que partir del desarrollo de la cultura en su sentido totalizador para asegurar el futuro.

Si vamos a hablar de la cultura como hecho rentable debemos abordar este fenómeno a partir de la gestión de los procesos culturales, la cual tiene por objeto generar fluctuaciones que incidan en las estructuras que rigen los procesos culturales. Este modelo implica asumir las instituciones como una empresa de gestión y su dirección como una labor de gerencia a nivel horizontal.

Según J.G. De Lima, la gestión cultural es el conjunto orgánico de actividades que establece los principios generales para la planeación, administración, evaluación, seguimiento y control de proyectos encaminados a generar dichas fluctuaciones en las estructuras culturales. Estas actividades se pueden definir como la acción de administrar los asuntos culturales. (De Lima, 1990)9.

Nuestra visión establece una distinción entre cultura y procesos culturales, considerando que es posible actuar e incidir en los procesos culturales, pero no en la cultura en sí misma. Los procesos son las condiciones que posibilitan la realización de una creación cultural como formación, investigación, fomento, planeación, administración, financiación, etc.; los cuales son susceptibles de gestión, pero la cultura misma no obedece a conceptos normativizados. Siempre que se utiliza la noción de gestión, se debe contextualizar en relación con los procesos múltiples que germinan paralelamente a la experiencia cultural.

Como ejemplo, podemos tomar la necesidad de financiarla sin mercantilizarla, de planearla sin excluir el azar y la incertidumbre, y de apoyarla en todos los órdenes sin intervenir en eso que  llamamos plena libertad de creación.

Esto no es más que poner la industria cultural  y los procesos productivos al verdadero servicio de la creatividad y el talento, y referirnos mejor a gestión de procesos culturales que a gestión de la cultura.

De forma que la gestión cultural es una empresa que por su propia naturaleza tiene como razón de ser y de hacer al hombre. De ese hombre pasado, presente y futuro, de diversos credos, condiciones sociales y económicas, de variadas culturas y razas.

Las industrias culturales.

Cuando hablamos de industria cultural se habla de algo, como mínimo, sospechoso, que significa la introducción en la cultura de algo que proviene de la economía y principalmente que proviene de los sistemas de producción capitalista.

La expresión nace en 1947 cuando los filósofos de la escuela de Francfort, Horkheimer y Adorno acuñan esta expresión en la “Dialéctica de la Razón” y lo hacen con una connotación profundamente negativa. Es decir, para ellos, "esta intromisión de los sistemas de producción capitalista en el campo de la cultura significaba la destrucción o, por lo menos, la prostitución de la cultura" (Adorno y Horkheimer, citado por Saravia 1995)10.

Desde el punto de vista económico, las industrias culturales se conciben como "un conjunto de ramas, segmentos y actividades auxiliares industriales productoras y distribuidoras de mercancías con contenidos simbólicos, concebidas por un trabajo creativo, organizadas por un capital que se valoriza y destinadas finalmente a los mercados de consumo, con función de reproducción ideológica y social" (Zallo, citado por Guzmán Cárdenas,  1999)11

Bajo este concepto, "se agrupan las industrias de la edición discontinua como las editoriales, la fonografía, el cine y la edición videográfica; las industrias de producción y difusión continua como la prensa, la radio y televisión, que coinciden con los medios de comunicación; varias industrias sin un canal autónomo de distribución y difusión como son la publicidad y la producción videográfica; los segmentos tecnoculturales de la informática y electrónica y segmentos culturales de la industria en general, como son el diseño gráfico e industrial o la imagen de producto" (Zallo, citado por Guzmán Cárdenas, 1999)12.

La globalización que afecta a la generalidad de las actividades económicas tiene, también, reflejo en el sector de las industrias culturales y de la comunicación. Grandes grupos transnacionales se constituyen en dominadores de la oferta y comercialización de buena parte de las mercancías culturales de los países latinoamericanos, mientras la dinámica empresarial que se ha instaurado en los últimos años convierte a estas últimas en origen y destino de amplios movimientos de capital (compra, fusiones, absorciones) y empresas con altas tasas de beneficio.

Lo cierto es que ha pasado a ser una industria muy dinámica y poderosísima, que moviliza cientos de miles de millones de dólares al año, con capitales de gran movilidad y muy rápida recuperación. Por esto, no dudaríamos en comprender la expansión irrefrenable de las industrias culturales, así como su importancia estratégica, no sólo como factor de soberanía e identidad, sino como factor de crecimiento económico.

El ciclo reproductivo de la producción cultural.

Debemos asumir la cultura como un proceso productivo, teniendo en cuenta las particularidades que como hecho económico lleva cada momento y el proceso en su totalidad. Estaríamos hablando entonces de un ciclo reproductivo de la producción cultural, partiendo del ciclo reproductivo del producto desde el punto de vista de la teoría económica y del Marketing:

Introducción - Crecimiento - Madurez - Declive.

Cuando tomamos este criterio lo hacemos para facilitar la comprensión de los aspectos fundamentales dentro de la dinámica competitiva del producto. Claro está que no podemos tomar esta forma y  analizar el fenómeno cultural porque sería un error. A nuestro juicio, las etapas o el ciclo de vida de un producto cultural son:

 Creación -  Difusión – Percepción - Conservación.

Si decimos reproducción rápidamente nos viene a la mente palabras tales como: recursos, dinero, comunicación, etc., y no estamos en un error. Creación, difusión, percepción y conservación son cuatro momentos que no se pueden ver como el simple hecho de crear una pieza musical o pasarla por la radio, o dar conciertos en directo o imprimir las partituras de una obra legendaria, sino como un proceso que tiene tras de sí un inmenso andamiaje de recursos financieros, materiales y  humanos.

Tomemos como ejemplo el acto de la creación. Aparentemente lo único que necesitamos es un poco de talento y lo demás es secundario. Sin embargo, esta creación va a ser eventual y necesariamente comercializada por la industria cultural. Esta, a su vez, no existiría sin la obra, por ser este acto de creación  exactamente lo que va a comercializar la industria cultural. Esto crea una especie de fetiche a la hora del análisis desde el punto de vista económico. Es cierto que el talento es lo esencial, pero no podemos desdeñar la importancia del trabajo abstracto que otras personas (los que hacen instrumentos musicales o los que imprimen el papel pautado, en el caso de la música) realizan a favor de ese que posee talento creador.

 Desde la perspectiva de la Economía Política Marxista, ese trabajo abstracto que el creador no percibe, pero que está latente, subyugado, viene siendo la materia prima para la creación, es decir, el trabajo concreto que él realiza. En el caso de la difusión el fenómeno se puede percibir más fácilmente.

 Para difundir y promocionar se necesita el soporte tecnológico, medios, equipos técnicos, personal calificado, es decir, el creador necesita una infraestructura que le permita su difusión y reproducción, y por supuesto, la obra. En un tercer acto o momento viene el lanzamiento al mercado, que sería algo así como el soporte inmaterial de la percepción, o sea, el mercado como lugar físico o no, donde Ud. busca el producto cultural que quiere.

 Las políticas culturales dentro del modelo de desarrollo.

Se entiende por “Políticas Culturales el conjunto de intervenciones realizadas por el Estado, las instituciones civiles y los grupos comunitarios organizados a fin de orientar el desarrollo simbólico, satisfacer necesidades de la población y obtener consenso para un tipo de orden o transformación social” (Brunner, 1989; Fabrizio, 1982; Martín Barbero, 1995; Mattelart, 1991; citado por Pulido Chávez, 1996)16.

 Estas se conciben, según J. Joaquín Brunner, “como las oportunidades que tenemos para actuar sobre un circuito cultural", entendiendo por  circuito cultural la producción, distribución o transmisión, y el consumo de cultura (J. Joaquín Brunner, 1992; citado por Pulido Chávez, 1996)17.

 El proceso de producción y circulación de la música.La música es una de las formas fundamentales de la expresión humana y, como tal, un elemento esencial de la cultura local, regional, nacional e internacional. Al mismo tiempo, la música es un bien importante en términos económicos: supone una parte significativa del presupuesto que los consumidores dedican al ocio, proporciona un medio de vida a los incontables trabajadores implicados en su producción y distribución, y es un componente clave en las cada vez más globalizadas industrias de los medios y las comunicaciones.

 A diferencia de la mayoría de los bienes de consumo que se pueden definir como bienes físicos o servicios específicos, la producción y comercialización de la música adopta diferentes formas. La música se puede comprar y vender como un producto tangible, por ejemplo, como grabaciones sonoras en varios formatos, o como obras impresas, principalmente las partituras musicales. Puede adoptar la forma de un servicio como el suministrado por los músicos que actúan ante el público.

Componentes de la industria mundial de la música.

Los principales componentes de la industria de la música, desde una óptica mundial, son los sectores de edición y grabación y las empresas de percepción y reparto de los derechos de autor.

El tamaño de la industria discográfica se mide por el volumen y el valor de las Ventas al por menor. Según datos de la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI), el valor total de las ventas declaradas en 1996 fue de casi 40.000 millones de dólares. Más del 80% del mercado mundial está controlado por las llamadas "seis grandes" multinacionales: Sony (Japón), Polygram (Holanda), Warner (Estados Unidos), BMG (Alemania), Thorn-EMI (Reino Unido) y MCA (Japón).

 Es importante entender el papel central que desempeñan los derechos de autor en el mercado de la música y en los flujos internacionales de obras musicales, derivado, como hemos dicho, de que la creación musical existe en forma intangible, es decir, como propiedad intelectual. Aunque esta creación puede materializarse en un producto tangible, tal como una partitura o una grabación sonora, su valor intrínseco reside en la obra misma, así como en el aporte creativo del intérprete que la ejecuta. Es el derecho a explotar el trabajo de creación del autor o del intérprete lo que constituye el núcleo de los procesos económicos o jurídicos que intervienen en la industria de la música.

El derecho de autor constituye un estímulo válido para los creadores en una economía sea de mercado o no, así como una base común para las industrias culturales. La existencia y la aplicación de una protección adecuada mediante el derecho de autor y la adhesión de un país a las convenciones internacionales más importantes sobre derechos de autor constituyen una vía significativa no sólo para proteger a los autores nacionales, detener la fuga de cerebros y estimular la creatividad nacional, como se reconoce de manera general, sino también para permitir el desarrollo de las industrias culturales a nivel nacional e internacional.

Para comprender el papel de la música en el desarrollo económico es necesario analizarla en términos económicos, de forma que se pueda aplicar a todos los niveles de desarrollo, desde el más primitivo al más avanzado. Hay dos formas de interpretar la música como un fenómeno económico.

La primera es que la música se puede considerar como una forma de capital cultural, es decir, como un medio de almacenamiento y transmisión de valores culturales. En este sentido, el conjunto del repertorio musical de una comunidad, de un grupo, de una nación, o de toda la humanidad, aparece como un elemento fundamental del patrimonio cultural, que se transmite de generación en generación. Este capital puede incrementarse con nuevas inversiones y puede dilapidarse por negligencia. Al igual que otras formas de capital, la música está muy influida por los cambios tecnológicos, sobre todo por los efectos de la tecnología en los modos de producción, distribución y consumo. Como todo capital, la música tiene un valor económico que se puede medir utilizando los patrones económicos habituales y que se añade a (pero que no es independiente de) su valor cultural, medido según los criterios que sean pertinentes en un discurso cultural determinado.

La segunda es que la música se puede considerar, en términos económicos, simplemente como un bien de consumo con las características anteriormente descritas. Dicho de otra forma, aun permaneciendo principalmente como un bien público inalienable, la música se puede utilizar también como medio de obtener ganancias económicas en tanto en cuanto se puedan reivindicar y aplicar los derechos de propiedad sobre determinadas composiciones e interpretaciones.

 Presentación del proceso de implementación de la metodología en el Centro Provincial de la Música “Miguelito Cuní” de Pinar del Río.

Los Estados Financieros por sí mismos son insuficientes para explicar cuales son los puntos débiles de una entidad, así como mostrarnos la situación en que se encuentra determinada operación; por ejemplo: Cuál ha sido la rentabilidad de la empresa, cuál ha sido su capacidad de pago, por qué partida han estado influenciados los aumentos y disminuciones de efectivo, etc.

A esta hora, cuando los directivos reciben los estados financieros, se pueden hacer varias preguntas, entre ellas: ¿Qué muestran los estados financieros?, ¿Cómo se encuentra la entidad?, ¿En qué áreas debemos accionar?, etc., preguntas a las que solo se puede dar respuesta a partir de un análisis profundo y minucioso de los estados financieros, a partir de la obtención de criterios de juicios para apoyar las opiniones que  se hallan formado con respecto a la situación económica y financiera de la organización.

 Como ha expresado un destacado especialista del tema, la novedad consiste en la unión de los estados contables y del acto de la decisión a través del análisis“ (Massons, 1982; citado por González Iglesias, 1996)22. De forma que razones pudiéramos dar muchas, pero la más importante es la que se deriva de la importancia del análisis  financiero que proponemos, para la estabilidad y hasta la supervivencia de las entidades y por su puesto, de los Centros Provinciales de la Música que es nuestro centro de atención.

Bibliografía.