Introducción a la semiótica

Tanius Karma

Tomado del PORTAL DE LA COMUNICACIÓN

http://www.portalcomunicacion.com/esp/n_aab_lec_3.asp?id_llico=18&index=0

 

Este artículo es para mis estudiantes de Semiótica, pero todos son bienvenidos. 

OJO: Las notas en el original estaban desordenadas. Las acomodé como mejor puede.

ABSTRACT

El objetivo de esta lección es ofrecer una introducción a los fundamentos de la semiótica y sobre todo en su aplicación a los estudios de comunicación. Es un texto didáctico en el que se presentan algunos conceptos y autores; se resalta el uso del la información como una herramienta útil a aplicarse en distintos objetos de estudios. Es un documento que quiere despertar el interés, promover la curiosidad y mostrar la pertinencia de marcos teóricos como instrumentos que nos da una visión cualitativa distinta de la realidad social y la cultura.

Presentación y Objetivos de la lección

El objetivo de esta lección es ofrecer una introducción a los fundamentos de la semiótica y sobre todo en su aplicación a los estudios de comunicación. Es un texto didáctico en el que se presentan algunos conceptos y autores; se resalta el uso del la información como una herramienta útil a aplicarse en distintos objetos de estudios. Es un documento que quiere despertar el interés, promover la curiosidad y mostrar la pertinencia de marcos teóricos como instrumentos que nos da una visión cualitativa distinta de la realidad social y la cultura.

En esta lección introducimos una mirada de conjunto de algunos aspectos que faciliten la comprensión y uso de la semiótica para los estudios de comunicación social. La intención del trabajo es básicamente didáctica. No se ofrecen ideas ni interpretaciones originales; hacemos una recolección de información que lleva por finalidad facilitar el proceso de ingreso a los estudios de semiótica; si bien tiene como destinatario principal al estudiante de licenciatura, al investigador o estudiante de postgrado puede encontrar alguna utilidad como estrategias explicativas o perspectivas particulares de algún aspecto.

Recuperamos una historia necesaria que ayude sobre todo a contextualizar y preconizar los usos y sentidos que tiene para un profesional de la comunicación social el estudio de la semiótica. Este tipo de acercamientos a algunos estudiantes de comunicación que desean ventajas más o menos inmediatas para aplicar a su propia práctica, suele no ser de mucho agrado; sin embargo el caso de estos marcos teóricos es muy necesario, porque ellos permiten después interpretar y profundizar lo que se ve. Nada más útil que una buena teoría, reza el refrán popular. A ello hay que visualizar la teoría como un instrumento que nos ayuda a responder cuestiones prácticas, nos ofrece perspectivas distintas para responder a preguntas que nos hagamos sobre la realidad de los procesos de significación.

La importancia de la semiótica sobrevino como una parte del “giro lingüístico” esto es la importancia que adquirió en la segunda posguerra el estudio del signo, código, lenguaje en situaciones concretas, en la vida cotidiana. Este “giro” tuvo dos grande momentos: el primero, fue la preocupación y ascenso de la lingüística de un área de conocimiento a una ciencia; el segundo cobra importancia el estudio de la sintaxis y la semántica en su relación con el uso de la lengua, el texto y la conversación en prácticas discursivas concretas. Este movimiento se vio acompañado por una evolución general que veía al mundo sobre todo en su dimensión simbólica. El fenómeno del lenguaje humano se contempló en el aspecto del contenido; entre tanto a partir de los sesenta se desarrolló una conceptualización completamente distinta que con el curso de los acontecimientos sólo más tarde vino a ponerse de moda: Se basaba en avances que a fines del siglo XIX y comienzos del XX se habían realizado en fonología, lingüística y estética. El problema de la interpretación había perdido el brío de proyección audaz y especulativa, cediendo el puesto a la del análisis; los análisis funcionales vinieron a reemplazar la hermenéutica tradicional. Nadie osaba ya preguntar por la esencia del hombre; lo que ahora ocupaba la atención era su función específica en el contexto de determinados grupos culturales. No importaba tanto el aspecto histórico en el mundo del hombre sino el carácter especifico de lo simbólico que se revela como un mundo de signos.

La institucionalización de la semiótica comenzó propiamente en los sesenta, como lo demuestra, por ejemplo, la fundación en 1969 de la primera Asociación Internacional de Semiótica[1] (nota 1); supuso un nuevo enfoque y dinamismo a los estudios sobre el signo y el lenguaje que sobre todo se debatían en los estudios de lingüística y la filosofía, pero no en el seno de las disciplinas sociales. El arribo de éstas fue posterior, no antes de los sesenta y fueron en primer lugar la historia y la política que usaron los enfoques lingüísticos y pragmáticos para sus propios objetos, para conocer lo “oculto” de sus prácticas sociales que comenzaron a entenderse como “discursivas” también.

1.1. ¿Qué es la semiótica?

La semiótica se ha perfilado lo mismo como una teoría general de los signos que como el estudio de la significación y el sentido en ciertos contextos y fenómenos de comunicación. Ahí donde hay producción e interpretación de sistemas de signos la semiótica tiene algo que decir. La semiótica es el saber contemporáneo (aun cuando como veremos sus orígenes vienen de muy lejos) que específicamente pretende ocuparse del sentido; en otra acepción también se ve la semiótica como una teoría del signo (Cf. Ducrot y Schaeffer, 1998). Para Greimas y Courtés (1982) la semiótica es aquello que permite las operaciones de paráfrasis (explicar o interpretar “amplificativamente” un texto) o de trascodificación (traducir de un código a otro), aquello que fundamenta la actividad humana en tanto que es intencional.

En el estudio de la semiótica es posible encontrar perspectivas más duras (fuertemente ancladas en modelos lógicos, semánticos) y otras más interpretativas y hermenéuticas que consideran al sentido no como dato cuantitativo, sino como una construcción (comunicativa y dialógica); no se trata pues de un objeto, sino de un proceso. En los medios de comunicación se obtuvo un campo muy rico de aplicación de la semiótica[2] (nota 2) al preguntarse sobre los contextos modernos de la comunicación colectiva y muy especialmente en su relación con la cultura; en este enfoque (a diferencia de algunas posturas más duras para las cuales todo el sentido reside sólo en el mensaje mismo), es importante el punto de vista y la posición de los participantes.

1.2.Y la semiótica ¿para qué?

La semiótica ayuda a obtener un conocimiento cualitativamente distinto de los fenómenos de significación. Es un auxiliar necesario para conocer los procesos de significación de los contextos que nos interese estudiar.

Un caso de cómo la perspectiva semiótica alentó y renovó el estudio de la comunicación colectiva es el ejemplo francés resumido muy claramente por Miquel de Moragas (Cf. 1976 1981: 142) el paso de la “ciencia del periodismo” a la “sociología de la información”, los aportes de Cazeneuce sobre la función de los medios y de ahí el salto cualitativo al enfoque semiótico del Centro de Estudios de la Comunicación de Masas (CECMAS) formado en 1960 por el semiólogo Roland Barthes, el sociólogo George Friedmann (quien introdujo muchos aspectos de la sociología de la comunicación y la cultura de masas a Francia) y Edgar Morin, sicólogo y epistemólogo[3] (nota 3). Para este grupo fue muy importante el conocer cómo se incorporan objetos de la vida cotidiana (sobre todo en los estudios del primero), la elección de temas de estudio como la actriz Brigitte Bardot o el “Tour de France”, la publicidad o el cine del sueco Ingmar Bergman. Este primer proceso cristalizó en la formación de la revista Communications, la que no hubiese sido realizable sin una perspectiva semiótica que empezó a ser importante para estudiar la comunicación colectiva.” [4](nota 4)

Hoy podemos decir que la semiótica ayuda a los estudios de comunicación social como una herramienta, un marco conceptual y metodológico que le permite analizar los procesos de significación de las materialidades que nos interesen (códigos lingüísticos, visuales, auditivos, virtuales…). La semiótica ayuda al profesional de los medios (y de la comunicación en general) a resolver preguntas sobre la estructura de los códigos, los niveles de significación, la articulación de las distintas materialidades, los fenómenos productores de sentido. La comunicación está hecha de signos y sistemas de signos; la semiótica es la disciplina que describe a los signos y sus sistemas, a la manera como se presentan en ciertas prácticas socio-culturales.

1.3. Sobre cómo resolver algunos problemas didácticos previos

1.       La experiencia didáctica nos muestra que a algunos estudiantes de licenciatura no les gusta, de primera entrada, la semiótica. A manera de hipótesis (sin fundamento empírico) nos atrevemos a suponer que esta actitud prevalece cuando se tiene una perspectiva muy instrumental, utilitaria y práctica de los estudios de comunicación, que llevan a valorar la producción sobre la interpretación, la realización sobre la crítica. Hay que señalar que la semiótica y su contribución ha sido principalmente para la dimensión de la interpretación y decodificación de los mensajes; ello no excluye la producción, pero del conocimiento de la semiótica no necesariamente se hace un buen realizador o productor de mensajes; sí en cambio la semiótica y su conocimiento genera un cambio cualitativo en las actividades del mundo de la comunicación dedicadas sobre todo al procesamiento de información, análisis crítico del contenido de los medios o el diseño de pedagogías para la educación de los medios, por citar algunas áreas. Además el nuevo conocimiento que la semiótica es capaz de producir puede tener una influencia decisiva en la actitud de los analistas sobre sus objetos y prácticas sociales.

2.       En América Latina por ejemplo la semiótica no fue bienvenida en un primer momento en las escuelas de comunicación (o mejor dicho, en no pocos estudiantes y profesores). En ocasiones se le asociaba nada más con filosofía o teoría del lenguaje poco clara. Parte de la resistencia hacia la semiótica viene del antiteoricismo en una región donde las urgencias sociales demandan soluciones más o menos accesibles y rápidas; o bien en contextos donde la comunicación se asocia casi de manera exclusivas con las industrias culturales de los medios, sus prácticas y necesidades. Este teoricismo influyó (insistimos en algunos casos y situaciones. No podemos generalizar) en la formación de una fobia contra todo lo que oliera a teoría semiótica, por la complicada jerga especializada y los malabarismos conceptuales en los más altos planos de abstracción; este teoricismo nubló las perspectiva en lugar de ofrecer estímulo a la actividad intelectual (Prieto 1984).

3.       Ahora bien, la experiencia de trabajo con estudiantes de comunicación en distintos niveles de formación nos ha enseñado que muchas veces los cursos de semiótica aparecen sin los antecedentes previos (como algunas nociones básicas de lingüística o filosofía); es obvio que la tradición teórica y metodológica no ha surgido de los estudios de comunicación, es por ello que para combatir el teoricismo inerte es necesario construir las bases, contar con algunas nociones de filosofía del signo, de lingüística o de filosofía (nota 5). Cualquier manual básico puede dar esos fundamentos cuando no se tenga. De la misma manera es necesaria una pedagogía de lo simple a lo complejo para lograr una familiarización con el lenguaje y modos de articulación, que muestra la pertinencia (nota 6).

4.       Otro problema muy común era pensar que usar la semiótica era aprender algunos modelos rígidos y aplicados con exigua utilidad en los objetos. Más allá de la difusión de los textos, marcos teóricos, había un problema de formación en esa primera etapa; las referencias citadas (formalismo ruso, semiótica italiana, etc.) provenían de otra tradición ajena a la preocupación más sociológica o psico-social en algunos estudios de comunicación social; no siempre los estudiantes (ni los profesores en el caso mexicano) tenían una formación suficientemente sólida en lingüística o antropología, en lógica o semántica para usar con pertinencia algunos textos e incentivar el uso creativo de la semiótica.

5.       En realidad el “teoricismo" (o también el de la sensación que la teoría no sirve para nada) tiene como pareja la didáctica y la metodología. No hay conceptos inherentemente ininteligibles: sí hay conceptos más o menos complejos, pero nada que cualquier estudiante no pueda comprende y aplicar

6.       La experiencia nos ha mostrado excesos, como el de un maestro de semiótica que dejaba leer a sus alumnos del segundo año “El tratado de semiótica general" de Umberto Eco. No queremos decir que no se pueda leer, solo que es necesario tener los fundamentos previos para ir de forma gradual interpretando las premisas básicas del texto y aplicándolas en distintos objetos

2. Algo sobre definiciones, marcos y orientaciones

En este primer apartado queremos ofrecer información sobre los orígenes, historias y tendencias para el estudio de la semiótica, de tal manera que el lector vea como el mismo término posee genealogías distintas, horizontes muy diversos y usos diferenciados que puede llegar a confundir a algún lector que se inicia en estos temas. Iniciamos nuestro apartado con una diferencia ya muy superada, pero que por no poco tiempo generó problemas.

Semiótica y semiología suelen usarse como sinónimos. Ambos términos designan una joven ciencia interdisciplinaria que está en proceso de constitución y que contiene por una parte el proyecto general de una teoría de los signos —su naturaleza, sus funciones, su funcionamiento— y por otra parte un inventario y una descripción de los sistemas de signos de una comunidad histórica y de las relaciones que contraen entre sí. La diferencia principal proviene de dos tradiciones distintas: para el lingüista Sausurre (y la tradición francófona) usan el nombre ‘semiología’; para Peirce (y la tradición estadounidense y pragmática) es ‘semiótica’. Esas condiciones de la historia del pensamiento hicieron que ambos autores a más de 10 mil kilómetros hablaran de cuestiones parecidas en contextos muy diferentes. La diferencias pueden ser vistas como mayores porque en la concepción del lingüista suizo la semiología es dicotómica; mientras que triádica en la del filósofo estadounidense. Esto genera abordamientos de los objetos de estudio distintos, porque de hecho los métodos que usaron ambos autores no fueron iguales.

La palabra “semiótica” proviene del griego semeion y quiere decir ‘signo’, ‘distintivo’ o ‘señal’; la teoría ofrecerá diferencias y especificidades a estos términos. Se entiende por “semiótica” una teoría general de los signos, es decir a la ciencia de las propiedades generales de los signos. Más allá de una teoría pura de los signos, lo que nos interesa en comunicación es ver sus aplicaciones, sus modos de comportamiento; el signo no es solamente un elemento que entra en el proceso de comunicación, sino que es una entidad que forma parte del proceso de significación (Eco, 1994: 22); no se puede estudiar al signo fuera del proceso de comunicación.

La semiología quedó en esta tradición circunscrita en el proyecto de una lingüística; mientras que Peirce como filósofo al tener un objeto de estudio más amplio caracterizó su ciencia con un horizonte mucho mayor al de Sausure. De esta forma prevaleció un tiempo referirse a la semiología cuando el objeto eran códigos lingüísticos y semiótica cuando no. Los sistemas no lingüísticos son, por ejemplo, señalizaciones ferroviarias, viales, marítimas, alfabeto de sordomudos, rituales simbólicos, protocolos, insignias y un largo etcétera. Eco considera que todos los fenómenos de la cultura puede ser observados como sistema de signos cuya función es vehicular contenidos culturales, por ejemplo: la moda, el culto, la etiqueta, el maquillaje, las fiestas, los juegos, la arquitectura. No siempre los autores que estudian materialidades acústicas, visuales se han independizado de la corriente o jerga lingüística[5] (nota 7) y este es un reto para todos los semióticos que trabajan otras materialidades.

2.1. Líneas para el estudio de la semiótica contemporánea

Muchos pensadores y escuelas han hablado del signo, el lenguaje y la semiótica. Aunque algunas han decaído o desaparecido sigue habiendo demasiadas: pragmatistas, analíticas, estructuralistas, formalistas, escuela norteamericana, escuela anglosajona, escuela de Peirce, de Moscú y un largo etcétera. Todo ello impide lograr una mínima unidad, que se ha intentado muchas veces con el resultado frecuente de crear una semiótica adicional. (Cf. Beuchot, 2004: 4)

Al iniciar el estudio de los signos observamos que su estudio no corresponde al giro lingüístico que hubo en las ciencias humanas después de la II Guerra Mundial, sino que viene de más atrás: se remonta a la antigüedad y Edad Media que pasa por los griegos (Platón y Aristóteles), los estoicos; en la filosofía medieval San Agustín, Robert Bacon, Santo Tomas y Guillermo de Ockham. Estos antecedentes ayudan y son necesarios, pero cuidado con la “congestión filosófica” que puede desanimar a algunos estudiantes de comunicación que no encuentran una pertinencia en ese bagaje.

Tradicionalmente, se podría ubicar el nacimiento histórico de la semiótica en San Agustín, ya que éste propone una distinción entre signos naturales (una nube que anuncia lluvia, una humareda que indica la presencia de fuego) y signos convencionales, así como entre la función de los signos en hombres y animales. Sin embargo, no se puede olvidar que estas preocupaciones por el signo estuvieron presentes desde varios siglos atrás, con Platón, Aristóteles[6] (nota 8) y los Estoicos (habitantes de Estoa) quienes fueron propiamente los primeros en pensar una semiótica como teoría general del signo; además de esto introducen al usuario del signo.

En la Edad Media también se formularon ciertas ideas sobre el lenguaje con un claro enfoque semiótico, entre quienes destaca el catalán Raimon Llull con su ideal de una lengua perfecta para que todos los seres humanos pudieran comunicarse. En el siglo XVII, un tratado de los signos del español Poinsot (citado por Ducrot y Schaeffer, 1998: 194) destacó una distinción entre representación y significación; propone que “mientras que un objeto puede representarse a sí mismo, la especificidad de la relación de significación reside en el hecho de que un signo no puede nunca ser signo de sí mismo”. Quien define por vez primera a la semiótica como el “conocimiento de los signos” es John Locke[7] (nota 9), pero el también filósofo angloparlante (solo que estadounidense) Charles Sanders Peirce quien le otorga a la semiótica la categoría de disciplina verdaderamente independiente.

En este apartado queremos dar un vistazo a las tradiciones y orientaciones que existen y forman una visión muy amplia, que como hemos señalado no siempre estructuran un todo homogéneo y al interior puede haber diferencias. La primera, la orientación Locke-Peirce-Morris-Sebeok parten de una teoría general de los signos (ya sean naturales o convencionales, humanos o no) cuyo fin es el establecimiento de una reflexión más amplia sobre los hechos de comunicación; para esta orientación el lenguaje humano es un sistema biológico de significación y comunicación, puesto que en él se pueden hacer los análisis de otros sistemas semióticos.

La segunda es la orientación lingüística que domina sobre todo Francia y que suele identificar en la práctica el “movimiento estructuralista”. La semiología francesa se ha inspirado en los trabajos del antropólogo Claude Levi-Strauss, la investigación literaria y en menor medida el análisis de las formas sociales que supuestamente funcionan “a la manera de un lenguaje” (como lo que señalamos de Barthes sobre la moda como un sistema); esta semiología se caracteriza generalmente por su estrecha relación con la lingüística estructural.

La tercera que se desarrolló sobre todo en los sesenta y setenta en la Unión Soviética, principalmente en la Escuela de Tartu (en Estonia); su contribución se ubica en el campo de los estudios supra-lingüísticos (más allá de los códigos lingüísticos) y el desarrollo de una semiótica de la cultura, del que destacan Yuri Lotman y sus estudios sobre la literatura (la estructura literaria de una obra literaria, aunque no materializada verbalmente) y el cine, los trabajos de Uspenski dedicados al arte. Para Ivanov (citado por Ducrot y Schaeffen, p.200) la semiótica de la cultura es el estudio de la correlación funcional entre diferentes sistemas de signos que ha dado lugar a estudios comparativos muy interesantes.

Mención aparte pide la obra de Umberto Eco; su método es sincrético, aunque se ha inclinado del lado peirciano, sus trabajos abarcan los mismos estudios estructurales y permanecen al mismo tiempo atento a la reflexión filosófica acerca del problema de los signos. Aunque su interés inicial se centraba en el código, éste ha evolucionado al conceder más importancia a los estudios interpretativos.

En el siguiente apartado queremos hacer un resumen de algunos aspectos más importantes de estas líneas sobre las que queremos subrayar su aplicación y pertinencia para los estudios de comunicación.

2.2. La orientación anglófona

2.2.1. Charles Sanders Peirce

La vida de Charles Sanders Peirce (1839-1914) tuvo rasgos peculiares que corren camino paralelo a su enorme originalidad. Hijo de un célebre catedrático de matemáticas y astronomía en Harvard, Charles fue formado por las normas sociales y científicas de la época; se benefició intelectualmente de haber sido educado en las altas esferas de una sociedad urbana, que entonces estaba siendo forjada por la modernización política, económica y cultural. El pragmatismo fue una corriente de pensamiento que intentó conciliar la ciencia evolucionista con un punto de vista religioso; el lugar de reunión de tal esfuerzo era el Metaphysical Club de Cambridge donde se encontraban Peirce, William James, y otros eruditos. Paradójicamente, los conflictos y dificultades con la comunidad académica explican su poca dedicación al ejercicio de la docencia como tal. En 1914 murió en Pennsylvania, alejado del resto del mundo científico académico; durante las tres últimas décadas de su vida impartió algunas conferencias ocasionales y escribió abundantemente ya que intentaba completar su sistema de semiótica, lógica y ciencia .

En los manuales de teoría de la comunicación pueden encontrarse menciones muy generales a unos cuantos aspectos de su obra: definición del signo, su división en tres entidades y su tipología de signos. Peirce escribió artículo de varias ciencias; la tardía recopilación de su obra (hasta los treinta del siglo XX) hace que se conozca póstumamente. Vislumbra que debe existir una ciencias de la comunicación (no la llama así) capaz de dar cuenta de todos los instrumentos que puede utilizar el ser humano para comunicar cosas. Junto con William James funda la pragmática estadounidense; es decir, conduce el análisis de fenómenos de comunicación a formas que sean prácticas: ¿para qué me sirve conocer lo que conozco?, ¿cuál es el uso de lo conocido? Peirce define el significado de la cosa a partir del uso que le damos y abre el camino a autores como Charles Morris (1903-1979), para quien el significado de las cosas es el sentido y uso que hacemos de ellas.

Para Peirce la semiótica es una teoría que trata de explicar la apropiación significativa que el hombre hace de la realidad: es una doctrina formal que pasa de la observación de los signos concretos a la abstracción de sus características generales. La noción de triada es central en la semiótica de Peirce .

Por ejemplo su definición de signo, concebido como un proceso subdividido en tres términos o dimensiones:

  1. Signo o representamen que se mantiene con

  2. otro signo, llamado su objeto.

  3. La relación entre los dos primeros determina un tercer signo, el interpretante.

El representamen es la representación de algo, o sea, es el signo como elemento inicial de toda semiosis. El objeto es aquello a lo que alude el representamen y está en lugar de algo (su objeto); el objeto es la denotación formal del signo en relación con los otros componentes del mismo. Finalmente el interpretante, es lo que produce el signo en la mente de la persona. La noción de interpretante, según Peirce, encuadra con la actividad mental del ser humano, donde todo pensamiento no es sino la representación de otro: "el significado de una representación no puede ser sino otra representación"

La forma de pensar triádica se extiende a otros conceptos como los tipos de argumentos (inducción-deducción-abducción), niveles de signos (icono, índice, símbolo), tipos de signos icónicos (imagen, diagrama, metáfora). “Uno”, “dos”, “tres” (entendidos como primeridad, secundaridad y terciaridad) son en principio nombres genéricos: en principio indican solamente una relación de orden entre ellos, pero después designan también propiedades del proceso de significación: a la primeridad pertenecen cualidades sensibles y las apariencias (color, la dureza, las propiedades físicas de las cosas), es la idea de aquello que es tal como es sin consideración a ninguna cosas, es la cualidad. La secundidad le pertenece la experiencia de una acción, del esfuerzo o la reacción sin tomar en cuenta su carácter intencional (por ejemplo la experiencia de un ruido que actúa sobre el silencio); es lo que es con relación al primero, reacción de éste. La terceridad le pertenece los signos, en los que se relacionan tres cosas: el objeto, el signo interpretado y el signo mismo o representamen[8] (nota 10).

Peirce rompió con un conjunto de visiones que había en su época en su época (como el funcionalismo y de hecho más tarde con el estructuralismo) pues caracteriza a la semiosis como un proceso complejo e infinito de sucesivo encadenamientos de procesos de significación; cambia las concepciones que tenían la antropología y sociología del conocimiento y la acción social como cuestiones separadas; para Peirce no hay división entre cognición y acción; el conocimiento no es algo previo a la acción, sino que tiene en sí mismo una especie valor performativo, todo signo conlleva una acción. (Sánchez Estévez, 2001).

La semiótica encabezada por Peirce ha abierto infinidad de vetas en la filosofía de la ciencia y el lenguaje que en principio parecen ser la salida natural de la contribución de este autor en pensadores como Ludwig Wittgenstein (1889-1951) o el gran lingüista Roman Jakobson (1896-1982) quien acredita a Peirce influencia en sus ideas. Otra obra que se ha visto muy influencia por Peirce fue M.A.K Halliday[9] (nota 11) como se lee en El lenguaje como semiótica social. La interpretación social del lenguaje y el significado (1972). De manera más reciente la obra del danés Kart Bruhn Jensen trata recuperar la estructura peirciana para la elaboración de una teoría sobre la comunicación de masas (Ver nota 12)[10].

2.2.2. Charles Morris

Charles Morris como hemos señalado recoge muchas enseñanzas de Peirce, también se apega a la psicología y la filosofía. En cuanto a la psicología da un andamiaje funcionalista a la disciplina pues privilegia el conductismo (esta es una diferencia fundamental con Peirce). En cuanto a la filosofía, prefiere la lógica. Su texto básico, escrito en 1938 es la Teoría de los signos en la que expone lo que después aumentará en Signo, Lenguaje y Conducta (1946)[11] .

Morris ve a la semiótica como la ciencia de la semiósis o acontecimiento o proceso de signo. La semiótica puede ser pura (elabora la teoría semiótica) o aplicada, que analiza trozos específicos de significación. La primera tiene como cometido esclarecer el fenómeno o acontecimiento.

De sus contribuciones principales Morris delimita tres áreas de aplicación para el estudio de los signos. A lo que Peirce llamaba gramática y que estudia las relaciones de lo vehículos de signo entre sí, Morris lo llama sintaxis; a lo que Peirce llama dialéctica, Morris lo llama semántica. A lo que Peirce llama retórica, Morris lo llama pragmática. Quedan así las tres ramas de la semiótica: sintaxis o el estudio de las relaciones de coherencia entre los signos; la semántica o el estudio de las relaciones de corresponden entre vehículo de signo y significados y objetos, y pragmática: relaciones de uso entre los vehículos de signo y los usuarios o hablante. Esto nos permite formular tres grandes preguntas aplicables a cualquier fenómeno de comunicación: por qué los signos se agrupan en ese orden, qué significados y sentidos tienen los signos, qué usos hacen los actores de la comunicación de esos signos.

Morris continúa sus investigaciones y aplica sus principios a diversos campos de significado, como el artístico o el religioso. Habla de distintos usos de los signos (informativo, valorativo, incitativo, sistemático), igualmente habla de distintos modos de la significación: designativo, apreciativo, prescriptito y formativo. Este autor tiene el mérito de haber insistido en la pragmática en un momento en que los análisis de los signos y el lenguaje se centraban casi de forma exclusiva en la semántica y sintaxis. Morris explica cómo la pragmática relaciona las dos primeras instancias, y entreve una perspectiva más abarcadora y completa de las ciencias del lenguaje.

2.2.3. Thomas Sebeok

Thomas A. Sebeok, nacido en 1920 en Budapest y emigrado a los Estados Unidos en 1936 para estudiar en Cambridge; estudió lingüística bajo el tutelaje de Jakobson quien dirigió su tesis doctoral. Sebeok aborda con maestría el fin del conductismo, del psicoanálisis y del marxismo, la conexión de la semiótica con la ciencia cognitiva, la biología y las demás ciencias, y realiza con magistral sencillez una valoración de las diversas áreas especializadas de la semiótica, dando noticia sopesada de más de quinientos títulos de bibliografía norteamericana reciente y relevante. Su libro más importante es tal vez Signos: una introducción a la semiótica (1994) donde tiene el valor de superar la visión instrumental a la que muchas veces se somete la semiótica para el análisis de los sistemas de signos en determinadas estructuras.

Sebeok es uno de los principales impulsores de la institucionalización académica de la semiótica en los EE.UU.; comparte además la intención de producir una teoría general de los signos que se pueda aplicar a todos los fenómenos de significación incluidos en seres humanos y cualquier ser vivo. Él y su grupo hicieron de sus objetos de estudio principalmente a la comunicación humana no verbal, por ejemplo, la gestualidad y la mímica; así como a los modos de interacción espacial, es decir, la proxémica. También efectuaron investigaciones sobre el comportamiento simbólico de los animales.

Al combinar distintos niveles de operaciones, Sebeok da las bases para hacer de la semiótica un instrumento más amplio no para estudiar solamente los fenómenos de la cultura, sino la totalidad de la significación en la vida humana: lenguaje, cuerpo, interacción, cultura.

El trabajo de Sebeok apunta al conocimiento de los procesos que articulan la codificación de los signos, su transformación en unidades cognitivas, fenoménicas; relacionar la experiencia del mundo corporal con el mundo de la abstracción y el pensamiento, al demostrar en este trabajo que este último es una expansión del primero.

2.3. La orientación francófona

Esta orientación “semiológica” muy cercana al estructuralismo francés tiene su dominio en Francia y se le identifica con los teóricos del estructuralismo, por lo que algunos especialistas han dado en llamarla “semiología” por la influencia de Ferdinand de Saussure[12]. Sin embargo, se inicia formalmente con los trabajos de Lévi Strauss sobre sistemas de parentesco y se dedica principalmente al estudio de la literatura y de ciertas formas sociales que funcionan a manera de lenguajes, como la moda, los mitos, etc.

2.3.1. Ferdinand de Sausure

Nació en Ginebra en 1857. Comenzó a estudiar Ciencias en la Universidad de Ginebra en 1875, pero un año más tarde se trasladó a Leipzig y Berlín para estudiar lingüística. En 1880 se doctoró en Leipzig, con la tesis De l’emploi du génitif absolu en sanskrit, y se trasladó posteriormente a Francia, donde ejerció durante once años como jefe de estudios en la Escuela de Altos Estudios en de París. En 1891 retornó a Ginebra y ocupó hasta su muerte, en 1913, la cátedra de Historia y Lingüística Indoeuropea comparada. Su gran obra, Curso de Lingüística General fue publicada después de su muerte (1916). El libro póstumo se convirtió en una obra difundida en los principales idiomas, editada y corregida numerosas veces es sin duda la base teórica de la corriente estructuralista y el antecedente próximo de la semiología.

La lengua para Saussure es una institución social, el autor la ve como un sistema de signos que expresa ideas y que por tanto pueden compararse con la escritura, el alfabeto, las formas de la urbanidad o las señas militares. Una de las principales aportaciones del lingüista Sausurre es haber organizado todo el conocimiento anterior para construir la más coherente y aceptada teoría sobre el signo lingüístico.

Hay muchos conceptos y nociones básicas que provienen de Sausurre; la primera distinción importante es la diferencia entre lengua (el lenguaje como sistema social) y habla (el lenguaje como uso diario, individual…); la idea de signo lingüístico como una moneda de dos caras: significado y significante, el primero es la imagen conceptual y el segundo la imagen acústica; es una entidad psíquica de dos caras. Ambas se unen de forma arbitraria es una unión que es indivisible. La relación entre significado-significante es arbitraria; esto es, que, en general, el significante no guarda con el significado más lazo que el que, por convención la comunidad hablante, se ha fijado entre una secuencia de sonidos y un significado. Esto se debe a que la lengua es un convenio, un acuerdo común, inconsciente y colectivo, los dos elementos del signo lingüístico quedan unidos de manera convencional. La lengua es un sistema de signos aprendido inconscientemente. El usuario de la lengua no sabe con exactitud cómo funciona, aunque la emplea sin mayor dificultad

La idea de la dualidad que impera en toda la lingüística saussuriana (significado / significante; sintagma / paradigma; diacronía / sincronía…) le gustaba ilustrarla a Sausurre con el ejemplo de un juego de ajedrez: Hay un sistema llamado “juego de ajedrez”; dos veces dieciséis piezas, cada grupo constituido por unos poderes bien definidos; lo que los jugadores retienen en su mente de cada pieza no es su aspecto exterior, sino su poder, su alcance, su valor y, finalmente su función. Un alfil no es un pedazo de madera de forma más o menos extraña, es una “fuerza oblicua”. La torre es una cierta capacidad de marchar linealmente. La regla del juego es una especie de “gramática”; después, lo que existe, palabras y expresiones concretas, son las situaciones. Cada jugada tiene repercusiones en todo el sistema; al jugador le resulta imposible prever los límites exactos de este efecto. Los cambios de valor que resultarán de ello, serán, según el caso, nulos, muy graves, o de importancia mediana. La imagen del juego de ajedrez, un poco inadecuado pero muy ilustrativo señala lo siguiente: La lengua es un sistema en el que todas las partes pueden y deben ser consideradas en su solidaridad sincrónica (Millet y D'Ainvelle, 1972)

De todos los sistemas de comunicación, la lengua es el más importante. Puede por tanto, concebirse una ciencia que estudie la vida de los signos en el seno de la vida social; formaría una parte de la psicología social y la denominaremos semiología. Ella nos enseñará en qué consisten los signos, qué leyes los rigen... La lingüística no es más que una parte de esa ciencia general, las leyes que descubre la semiología serán aplicables a la lingüística, y de este modo ésta se hallará vinculada a un ámbito perfectamente definido en el conjunto de los hechos humanos (Cf. Saussure, 1985: 29)

2.3.2. Algirdas Julián Greimas y las bases del análisis semiótico narrativo

Algirdas Julián Greimas (Lituania, 1917-París, 1992) fue un lingüista francés de origen lituano. Desde 1965 fue el director del Departamento de Semántica general de La Escuela de Altos Estudios de París, donde se ocupó de semiótica, semántica, y semiología de la expresión. Greimas es el fundador de los estudios de semiótica estructural. Al año siguiente fundo la revista Langages con Barthes y otros. Y junto con otros semióticos fue miembro del grupo de investigaciones semióticas de Lévi-Strauss en el Collège de France.

Una de las principales aplicaciones de la semántica estructural de Greimas a los estudio de comunicación se basa en su Modelo Actancial. Las bases de este modelo hay que buscarlas en los trabajos de Vladimir Propp (1895-1970) hizo de los cuentos populares rusos (La Morfología del cuento ruso, 1928) que permitió una comprensión distinta de cómo se organizan los componentes de un texto para significar. Propp influyó no solo a Greimas sino al mismo Levi Strauss que uso parte del método par el análisis de los relatos mitológicos que estudió en Brasil.

En La morfología Propp estudia las formas y el establecimiento de las leyes que rigen la estructura. La solución del análisis fue pasar del estudio del personaje, al estudio de la función como unidad. Propp encuentra un repertorio delimitado de siete personajes en tanto que eventuales ejecutantes de esas funciones—: el agresor, el donante, el auxiliar mágico, el mandatario, el héroe, el falso héroe, la princesa (u objeto de búsqueda). Así como el modelo Propp, el modelo actancial de Greimas ha sido extrapolable a infinidad de ejemplos y cuerpos de análisis. Piñuel y Gaytán (1995: 597) presentan algunos usos posibles donde se observa la aplicación de este modelo aparecido originalmente en Semántica Estructural (1964).

La semiótica para Greimas estudia todo lo que tiene (o puede tener) sentido para el ser humano; es decir, se encarga del estudio de los sistemas de significación. Un sistema de significación es considerado como todo lo que “tenga sentido”, todo lo que tenga significación; el significado no está enraizado en las cosas o fenómenos, la aprehensión del significado se lleva a cabo en la mente. Por lo tanto los límites de un sistema de significación son bastantes amplios. La hipótesis semiótica postula que “todo universo de sentido, cualquiera que sean sus modalidades o ámbito de expresión, comporta una estructura que remite, en último análisis, a la forma en que el hombre organiza su experiencia (estructura que varía obviamente, de acuerdo a las condiciones socio-culturales de producción y de lectura)

El modelo actancial permite conocer la articulación de los distintos actantes en el relato. El concepto de actante es de hecho una forma de ser y estar en el texto; este concepto se refiere a aquel que encarna en un relato particular una o varias formas de ser o hacer, es decir, uno o varios actantes. En el modelo se postula la existencia de una estructura que fija las relaciones recíprocas y el medio de existencia común de los actantes. Por la existencia de esta estructura, cada actante presente en un discurso ocupa necesariamente un lugar en algunos de los ejes presente en toda narración o acontecimiento discursivo.

El Modelo actancial representan tres parejas de “actantes” en función de sus relaciones recíprocas.

a)       Sujeto (A1) y Objeto (A2): la relación que los une es de deseo (se llama eje del deseo o del querer). Por ejemplo en una leyenda, el héroe (A1) busca el tesoro; en una telenovela, el enamorado (A1) busca el amor de alguien (A2).

b)       Destinador (A3) y Destinatario (A4), también llamado eje de la comunicación. Estos Actantes se encuentran unidos entre por la transmisión y la comunicación de un objeto. Por ejemplo en los cuentos fantástico, el Rey (A3) “que manda” al príncipe (A4) a recuperar un tesoro para poderse casar con la princesa. O en el último ejemplo de Piñuel el caso del sistema económico (sus reglas, principios, necesidades, demandas) que sería el destinador y cuyas órdenes o prescripciones recae (destinatario) sobre una empresa en particular.

c)       Finalmente el eje del poder formado por la pareja de actantes: el ayudante (A5) y el oponente (A6). Estos actantes define un eje participación circunstancial, en sentido favorable o desfavorable a la acción del deseo o de la comunicación. En el caso de una historia de amor, el ayudante sería un tercero que apoya al sujeto a lograr el amor de su amada; mientras que el oponente, sería por ejemplo el padre de ésta que se opone a la relación entre los enamorados.

Dicho modelo actancial es de gran utilidad en el análisis semiótico de los diversos relatos que todos los días transmiten los medios de información, sobre todo porque tiene mucha utilidad para identificar las funciones básicas que se cubren en relatos (telenovelas, anuncios de publicidad, historias de prensa, programas cómicos, cartones…).

2.3.3. Roland Barthes

Roland Barthes (1915-1980) es un pensador francés cuya obra alcanza los campos de la crítica literaria, la comunicación, la filosofía y la sociología. La publicación de su libro Sobre Racine (1964), suscitó una amplia polémica en el campo académico francés, a la que contestó con el libro Crítica y verdad (1966). Según Barthes, la obra literaria hay que analizarla en el contexto del propio espacio de la obra y no a partir de valores externos a la misma.

Las contribuciones teóricas de Roland Barthes le convierten en uno de los pensadores más relevantes de Francia del pasado siglo. Su influencia en el campo teórico de la Comunicación es significativa, especialmente por el papel que adquiere el análisis semiológico, que alcanzan a la fotografía, a la que dedica su último libro, La cámara lúcida (1980), la publicidad, la moda, etc. Todo discurso, su contenido, su referencia a lo real tiene connotaciones que le dan significación, le atribuyen valores. Todo discurso puede convertirse en signo, mito. Los mitos no crean lenguajes, pero los ponen al servicio de una ideología, haciendo hablar a las cosas por ella.

Roland Barthes en sus Elementos de semiología (1965 ) desarrolla la semiología estructuralista y la sistematiza. También construyó una ciencia de la literatura, pero sobre la semiología; por eso tiene una crítica literaria o mejor dicho, una semiología literaria. Para el autor todos los sistemas de signos, cualquiera que fuere la sustancia y los límites de estos sistemas: las imágenes, los gestos, los sonidos melódicos, los objetos y los conjuntos de estas sustancias, constituyen, si no “lenguajes”, al menos sistemas de significación. (Barthes, 1971: 13). Siguiendo esa tradición “diádica” Barthes organiza este libro desde pares de conceptos (diacronía / sincronía; connotación / denotación; significado / significante…)

Barthes —como tantos otros que usan la semiótica— hizo mucha crítica literaria; tiene una teoría interesante, por ejemplo en S/Z (1970)[13] dice que todo texto tiene muchos sentidos; esta obra es un caso raro por único en la bibliografía del autor. Barthes favorece en su teoría literaria la lectura del lector, aun a riesgo de subjetividad; promueve “la muerte del autor”, de manera cercana a Foucault. El lector no siempre comprende pues hay textos que todavía no se pueden leer, aunque se puedan escribir. Son escribibles aunque no legibles. Por eso apoya la literatura de vanguardia, lo que hace que algunos lo consideran pos-estructuralista.

Barthes hizo realidad el sueño de Saussure: hacer de la semiología una ciencia del estudio en general, más allá de la lingüística. Un ejemplo lo tenemos en El sistema de la moda (1967) donde usa recursos de estos métodos lingüísticos para describir el lenguaje que opera en las combinaciones de la moda: el vestido es visto como un sistema de signos. El autor explica que dicho sistema es pobre, pero que la función del lenguaje es tomarlo a su cargo para hacer un tipo de lenguaje (poético, imaginario, ideológico), así se unen el entorno social y el texto, formando complejas redes de significación en lo que se centra la obra.

Existen otras fuentes filosóficas en la semiótica contemporánea como la fenomenología de Edmund Husserl que desarrolla una teoría general de la intencionalidad la cual se enmarca en una teoría de los signos y de la significación. De cualquier manera nos parece interesante subrayar una fuente que por su complejidad y poca difusión no siempre se le incluye; la Escuela de Tartu (de la Universidad de Tartu en Estonia) y la Semiótica de la Cultura orientación de la semiótica que alcanzó su plenitud con los estudios hechos por los representantes del Círculo de Tartu durante décadas de los sesenta y setenta del siglo pasado. Aparte de su figura prominente Yuri Lotman cabe mencionar a B.A. Uspenski, V.V. Ivanov y Meletinski .

Las investigaciones de esa escuela tratan sobre todo los sistemas modelantes secundarios (SMS) es decir de las prácticas semióticas que se organizan sobre bases lingüísticas (siendo el lenguaje denotativo el “sistema primario”) pero que se constituyen en estructuras complementarias, secundarias y específicas. El lenguaje no sirve solo para comunicar sino para modelizar, para crear modelos; cuando Lotman dice que el arte es un sistema de modalización secundaria lo que quiere decir es que la lengua natural es un sistema de modelización primario y el arte (como otros sistemas de signos) actúa como superestructura de la lengua natural; que el arte sea un SMS no significa secundario respecto a la lengua natural sino que se sirve de ella como material, como modelo; es decir a partir de las lenguas naturales se conforman los sistemas culturales: arte, literatura.

Si se revisan los índices de varios libros sobre Lotman y la Escuela de Tartu[14] se identificar cómo existen varios reportes de investigaciones dedicadas a los llamados “sistemas secundarios”, es decir, los sistemas semióticos connotativos, que están basados en el lenguaje, sin ser idénticos a éste. La Escuela de Tartu parte de preocupaciones lingüísticas pero va mucho más allá como lo demuestran los trabajos Uspenski sobre arte, los de Ivanov sobre la estructura de los signos en el cine, los de T.V. Civ’jan en torno a rituales, ceremonias o los de Lotman sobre literatura.

Esta Escuela se preocupa por el estudio de los fenómenos culturales lo que ve bajo la perspectiva de los sistemas de signos y fenómenos sígnicos; la idea de signo la extienden a cualquier aspecto de la vida y producción cultural (un libro, un museo, la arquitectura, etc.). La semiótica de la cultura considera los diferentes procesos que se dan en una cultura como sistemas de signos susceptibles de ser, por tanto, desentrañados. Sus trabajos son muy diversos, esta Escuela y Lotman han hecho semiótica del comportamiento humano, de la mitología, de la historia, de la alta edad media, del cine.

2.3.4. Yuri Lotman (1923-1993)

Era especialista en historia literaria rusa del siglo XVIII y principios del XIX, de Lotman es fundamental su definición de la obra de arte como sistema modelizador secundario (SMS), pues todos los sistemas culturales (literatura, cine, arte, música, religión, mito) son secundarios en relación con el lenguaje natural. Los SMS tienen una estructura más compleja y se subdividen en las series no artísticas (mito, religión y folclor) y en las series artísticas. En los SMS el marco cultural resulta fundamental, entendiendo a la cultura como una compleja totalidad semiótica, como totalidad de la información no heredada sino que se acumula, almacena y transmite por varios grupos dentro de la sociedad. La obra de arte constituye un signo en el interior de otro sistema más amplio que es la cultura. La semiótica de la cultura no consiste solo en el hecho que la cultura funciona como un sistema de signos; es necesario subrayar que ya la relación con el signo y la signicidad representa una de las características fundamentales de lo cultural. La semiótica de la cultura estudia los fenómenos culturales como fenómenos signitos, ello supone estudiar los símbolos (expresión exterior arbitraria de un contenido), los rituales (capacidad de dar forma al contenido)

La cultura como tal es un subconjunto con una determinada organización; lo cultural no engloba jamás todo. La cultura es un sistema de lenguaje cuyas manifestaciones concretas son textos. Siguiendo la tradición cultural que considera el mundo como texto (el mundo es un libro que espera a su lector, dice Mathauserova), el conocimiento del mundo puede ser asimilado al análisis filológico. Una de las características del discurso de Lotman es su panlingüismo; para él comprender la vida significa “estudiar su oscura lengua”, la actividad cotidiana consiste en traducir un cerito sector de la realidad en una de las lenguas de la culturas (por ejemplo ver una película, ir a un museo, leer un libro, recorrer un parque son equivalente a aprender una lengua). Lotman supone a la cultura, a cualquier cultura, orientada hacia la expresión como un texto constituido por signos de distintos orden; considera al libro como símbolo del mundo (idea utilizada ya desde la Edad Media); “lo cultural son los libros que hay que aprender a leer”, es decir el conjunto de textos (en su sentido más amplio) que una cultura crea para entenderse a sí misma y a la otras. (Lozano, 1979: 24, 25)

Junto al concepto de cultura y semiótica de la cultura, otra noción importante es la de texto. Dentro de los problemas teóricos sobre el texto a Lottman le interesó primordialmente la función desempeñada por el texto literario en cuanto signo. El sistema básico del texto es la lengua natural, pero en él se produce una remisión a componentes extra-sistémicos (ideología, convenciones, códigos culturales), fundidos en la estructura lingüística del texto. La relación ente el interior del texto y su contexto sociocultural resulta por lo tanto de carácter estructural. En el texto literario existe un código lingüístico y uno literario, además de varios subcódigos (géneros, periodo histórico, material socio político, creencias religiosas…). Esta complejidad implica que la interpretación representa sólo un intento de aproximarse al texto como conjunto de signos. Como Barthes, para Lotman no se trata de “descifrar el texto” sino de “tratar” con él. (Cf. Araujo y Delgado, 2003, 391-392)

Finalmente el concepto de semiosfera que es la agrupación de todos los sistemas de signos; es un determinado funcionamiento semiótico para una colectividad; es el entorno de producción de significados y sentidos. Dentro de los rasgos que Lottman describe de la semiótica uno de ellos es su carácter delimitado, es siempre un sistema de definido de objetos que establece unos determinados modos de interacción entre lo que está dentro y fuera de la frontera semiosfera; por ejemplo el caso que el mismo Lottman analiza, la novela Robinson Crusoe como una forma de interpretar dos fronteras o lugares semióticos: el “civilizado” y el salvaje”. También se puede estudiar el caso de “géneros fronterizos” como universos semióticos que guardan correspondencias, diferencias y se intercomunican mediante variados procesos que un análisis semiótico explicaría detalladamente. La semiosfera al interior es algo muy dinámico con procesos y núcleos; es literalmente un organismo que tiene una vida interna,

Como vemos Lotman concibe todo texto como entidad dinámica, vinculada más a lo que Sausurre llamaba habla. Por fortuna una parte de su obra se encuentra accesible en castellano; la primera obra en traducirse fue la Semiótica de la cultura (Cátedra, Madrid, 1979), el primer libro traducido al castellano y desde ahí han seguido Estructura del texto artístico, 1988, Istmo), La semiosfera (1996, Cátedra), Acerca de la semiosfera (1996, Epistemee)[15], entre otros.

2.5. El caso aparte: Umberto Eco

Los trabajos del italiano Umberto Eco no se incluyen en ninguna de las anteriores, pues su método es sincrético y abreva de varias tradiciones al integrar la teoría estructuralista a la reflexión filosófica sobre el problema de los signos. Nació en Piamonte en 1932, se doctoró en filosofía por la Universidad de Turín con una tesis sobre el problema estético en Sto. Tomás de Aquino. Esto no es casual porque desde aquí Eco se acerca al estudio del problema del arte, y de ahí a la semiótica y la comunicación. En los cincuenta trabaja para la televisión italiana y realiza colaboraciones en varios diarios. Reconocido tanto por sus propuestas semióticas como por sus estudios culturales y consideraciones en torno a la recepción, el filósofo italiano resulta una de las figuras más destacadas para la teoría de la comunicación y tal vez del mundo académico de la comunicación a nivel mundial.

En la década de los sesenta dio a conocer Obra abierta (1962) libro con el que inicia reflexiones acerca de la significación y la recepción de la obra literaria. Se enfoca en la pragmática narrativa y concede cada vez mayor importancia a los procesos interpretativos que al estudio de los códigos. Este aporte lo consideramos central pero complementario del semiótico, toda vez que en su obra hay elementos para hablar de una semiótica de la recepción.

En términos generales el campo específico de la semiótica está compuesto por todos los procesos culturales en los cuales se da un proceso de comunicación; es decir, por todas aquellas manifestaciones en las que están en juego agentes humanos que se ponen en contacto unos con otros sirviéndose de convenciones sociales. Una bibliografía para los estudios en comunicación (por fecha de aparición en italiano) agrupa Obra abierta (1962), Apocalípticos e integrados (1964), La estructura ausente. Introducción a la semiótica (1968), Tratado de semiótica general (1975), Lector in fábula (1979)

En La Estructura... Eco plantea los límites de la semiótica. El “nivel más bajo” (umbral inferior) lo constituyen una serie de signos naturales como el estímulo, la señal y la información física. El “nivel más alto” (umbral superior) lo constituye la cultura, tenida por Eco como fenómeno semiótico. Todo fenómeno cultural es un fenómeno de significación y de comunicación. Frente a estos fenómenos hay dos hipótesis: (a) la cultura debe estudiarse como fenómeno semiótico. Esta afirmación está a medio camino entre dos enunciados más, que suelen citarse como mucha frecuencia: “la cultura es sólo comunicación” y “la cultura no es otra cosa que un sistema de significaciones estructuradas”; (b) todos los aspectos de la cultura pueden estudiarse como contenidos de una actividad semiótica. En el fondo lo que Eco quiere decir, no es que toda cultura sea comunicación o sólo significación, sino que ésta puede entenderse mejor si se le ve desde una perspectiva comunicativa o semiótica. Eco añade: “todos los aspectos de la cultura pueden estudiarse como contenidos de una actividad semiótica”.

Otra de las contribuciones del autor que nos parece importante resaltar es lo relacionado con sus teorías sobre la interpretación y lectura del texto literario, reflexiones iniciadas desde Obra Abierta en la que explica como todo lector requiere de ciertas competencias para decodificar un texto. La competencia del destinatario no coincide con la del emisor; el texto tiene que ser actualizado por el lector. La comunicación (incluso si es un lector que lee un libro) no es un fenómeno meramente lingüístico, sino que siempre trata de una actividad semiótica en la que confluyen varios sistemas de signos. El lector realiza una serie de paseos inferenciales, detecta las diferentes estructuras de mundos posibles en el texto e identifica sus estructuras. En “Apuntes sobre la semiótica de la recepción” (1990) Eco explica como todo texto tiene tres interpretaciones: la del autor, la del lector y la del texto en sí; en este documento, Eco propone otra precisión entre dos formas de interpretar: interpretación semántica y crítica; la primera se ocupa de llenar de significado el texto, mientras que la segunda intenta explicar las condiciones de significación; asimismo destaca la diferencia entre interpretar un texto y emplearlo, e insiste en la importancia de atenerse a la intención de la obra (intentio operis) y de limitar el poder del lector. Esto constituye un salto cualitativo con respecto a lo dicho en Obra Abierta en el que postulado la total libre interpretación sobre un texto.

Eco ha hecho muchas aplicaciones de la semiótica, por ejemplo La estrategia de la ilusión (1986) pretende conformar las bases para una semiótica de la vida cotidiana, una “mirada semiótica” en tanto modo de ver la realidad. Esta perspectiva puede también verse en sus novelas El nombre de la Rosa (1980) y El péndulo de Foucault (1989) donde se construyen tramas en la que los signos y sistemas de significación, su producción y decodificación es importante.

Con Eco terminamos un recorrido muy básico que ofrece algunos autores, sus referencias básicas y parte de su contribución.[16]

Breve colofón para el estudiante

Estudiar semiótica forma parte de un proceso y una disposición de acercamiento a los textos. Por ejemplo no es raro que algún estudiante pueda desanimarse porque algunos aspectos de las lecturas no se comprenden. El estudio de la teoría, como por ejemplo el de los deportes, antes del dominio (por ejemplo mover la raqueta en el tenis o el manejo del balón en el fútbol pide volver una y otra vez (de manera a veces interminable) sobre el texto.

Otro problema común es ver a los textos en sí mismos como entidades autónomas. En ese sentido deben considerar los manuales básicos, los libros de historia (en este caso de la filosofía, la lingüística, la filosofía del lenguaje y complementario), los diccionarios especializados como verdaderos auxiliares para al aprendizaje y aplicación gradual de los conceptos. A este primer cuerpo de textos hay que sumar la infinidad de revistas de divulgación o especializadas que presentan buenas serie de ejemplos. A la par en la lectura de cualquier autor, puede buscarse trabajos (desde tesis hasta articulo más concretos) para conocer cómo se ha aplicado; ayuda también el tener como referencia complementarias fichas sobre los autores donde pueda tenerse un mapa más amplio del que hemos intentado esbozar en esta lección

Las formas de aplicación de la semiótica son variadas en su tema, pero también en sus procedimientos; existe al mismo tiempo una gran diversidad de modos y grados. Entrar al campo de la semiótica es hacerlo de una manera pluridisciplinaria (y transdisciplinaria porque el signo, los fenómenos de significación es algo que se encuentra en varias áreas del saber) así que este diálogo con otras áreas de saber es imprescindible y demanda competencias de lecturas, saberes para poder sacar pleno provecho de lo que la semiótica puede ofrecer a cualquier profesional de la comunicación. Todo el bagaje que suele ofrecerse en los cursos para que sea plenamente asimilado solicita aplicación, imaginación para una comprensión cualitativamente distinta de la realidad mediática y socio-cultural. No es solamente conoce modelos y aplicarlos, hay que tener buena dosis de intuición y creatividad para usar la semiótica más que un artilugio de “cosmética conceptual”, una herramienta de degustación de la realidad socio-cultural (sus procesos de producción, sus productos y mensajes, sus mecanismos de interpretación), un visor para conocer la realidad, un modo de habitar y significar el mundo, hacerlo a un tiempo más complejo como quiere Jesús Ibáñez y más humano.

Bibliografía

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[1] 1. Se puede encontrar algunas información sobre International Association for Semiotic Studies en su página web. En línea Agosto 2004.

[2] 2. Aunque no creemos que sea el único de pertinencia para el estudiante de comunicación.

[4] En la entrevista a Eliseo Veron (que se encuentra en las entrevistas de este Portal de Comunicación), se pueden encontrar detalles a estos primeros años en la historia de la semiótica francesa en la década de los sesenta.

[5] 7. Esta afirmación pide matices, como por ejemplo el caso de Roland Barthes quien intitula a su libro Elementos de semiología (que más que un libro proviene de un curso dado en El Colegio de Francia) donde recupera y actualiza las categorías de la semiología sausurriana, solo que algunos de sus estudios no se limitan a códigos lingüísticos.

[6] 8. La teoría de platón puede leerse de forma general en su diálogo Cratilo donde se discute el origen del lenguaje, el nombre de las cosas. Aristóteles (discípulo de Platón) en cambio tiene su teoría del lenguaje en el Peri Hermeneias o De interpretatione en donde aboga por la teoría artificista del lenguaje y la arbitrariedad del signo. El signo es el instrumento de la comunicación en la sociedad; en esta obra Aristóteles expone su célebre doctrina de que el signo lingüístico significa la cosa u objeto a través de la idea mental o concepto.

[7] 9. Es uno de los padres del empirismo inglés. Su obra más importante es Ensayo sobre el entendimiento humano (1690) en donde encontramos elementos de su “semiótica" con una parte de las ciencias. El inglés se percata que el lenguaje es importante para poder pensar. J. Locke describe lo que el ser humano puede conocer y entender mediante los conceptos. En sentido no desarrolla una semiótica, pero sí habla de una ciencia del signo que abarque al signo lingüístico.

[8] 10. El número 21 (febrero-abril 2001) de la revista electrónica Razón y Palabra editada por el ITESM, campus estado de México en México dedicó un número al estudio de varios aspectos en la obra de Peirce. Comunicación y semiótica: Un acercamiento a la obra de Charles S. Peirce.

[10] 12. Un resumen de varios de estos aspectos puede leerse en la ficha sobre semiótica que tiene Ducrot y Todorov, 1984

13. Sobre todo puede verse su perspectiva en Halliday MAK (1982)

14. Un resumen del mismo así como una propuesta integrada de la metodología el lector lo puede hallar en: Karam Tanius (2004) “La semiótica de Ch. S. Peirce en el campo de las teorías de comunicación social" en Revista Comunicología Nº 1, México, Universidad Iberoamericana, México [consulta, agosto 2004]

[11] 15. A partir de aquí el lector encontrará varias fechas que no se encontrarán en la bibliografía general (salvo alguna indicación). Son indicativas para dar una idea de cuando ciertas obras fueron escritas, pero no las hemos consultado de manera específica por las que no las indicamos en la bibliografía.

[12] 16. En el sitio Monografía.com el lector puede encontrar un resumen de varios de estos autores.

[13] 17. Esta es la fecha de la primera edición en francés; en la bibliografía general el lector encontrará 1971 que la segunda edición en castellano que hemos consultado para las referencias.

[14] 18. Para una introducción general a Lotman y la Escuela de Tartu recomendamos la introducción que hace Jorge Lozano (1979).

[15] 19. En este mismo Portal puede verse el texto de Jorge Lozano “La semiosfera y la teoría de la cultura". También recomendamos la lectura de la obra donde Lotman (1996) describe el concepto La semiosfera I. Semiótica de la cultura y del texto, Madrid. Afronesis, pp.21-42

[16] 20. Cf. Eco, Umberto (1992) Los límites de la interpretación, Barcelona, Lumen, pp.22-45