Hacia nuevas formas

de pensar de la comunicación

 

 

Estos apuntes constituyen el Capítulo 2 de un libro de 

Bordenave y Carvalho, del que nunca obtuve más datos, 

pero que al parecer se llama PLANIFICACIÓN Y COMUNICACIÓN

Es bastante útil para hacer una reseña breve de 

las Teorías de la Comunicación, no lo presento completo.

Si alguien lo conoce, por favor, que me lo haga saber.

Tomás Austin, El Profe. (2002)

 

(2003) Don Ramón Pajares Briones

 de la Coordinadora de Capacitación, LIMA - PERU, 

me informa que el libro en cuestión es:

Juand Díaz Bordenave y Horacio Martínez Carvalho, 

PLANIFICACIÓN Y COMUNICACIÓN, 

Editorial Don Bosco, 1ª Ed. Quito Ecuador,

Febrero de 1978. 

Auspiciado por CIESPAL y la Fundación Friedrich Ebert.

 

Finalmente el libro lo encontré en una librería de viejo de Buenos Aires en el verano del 2010.


La palabra comunicación cubre un campo semántico tan amplio que es preciso distinguir las diversas dimensiones de significación que ella encierra antes de comenzar a usarla indiscriminadamente en una obra como la presente.

En efecto, al decir comunicación podemos estar refiriéndonos al proceso natural, universal, de interrelación e influencia recíproca entre las partes de toda "organización" y entre e la y su medio ambiente. Dentro de este concepto de la comunicación como "información", podemos decir, por ejemplo, que el cerebro del hombre "se comunica" con los miembros y viceversa. Fácilmente aceptaremos la afirmación de que hay comunicación en las plantas, los animales, y hasta en los mecanismos cibernéticos que gobiernan las máquinas en general y los computadores en particular. 

Es usando este sentido de la comunicación que Kenneth Boulding[1] nos muestra cómo el fenómeno de la “información” no está confinado al mundo de lo humano sino que actúa, aunque de maneras diferentes y con diversa complejidad, en todos los niveles de organización:

  • al nivel de los mecanismos de relojería (Ej. un reloj)

  • al nivel de los mecanismos homeostáticos (Ej. un

  • al nivel de los organismos biológicos (Ej. la célula)

  • al nivel botánico (Ej. la planta)

  • al nivel zoológico (Ej. el animal)

  • al nivel del ser humano (Ej. la conversación)

  • al nivel de la organización social (Ej. la estructura de papeles o roles sociales).

Ahora bien, la palabra comunicación podría también referirse al proceso más limitado de interrelación humana que se realiza me­diante el uso de signos, generalmente organizados en forma de códigos.

No es infrecuente, además, que la palabra comunicación sea empleada como equivalente a los vehículos normalmente utilizados por el hombre para transportar mensajes o materiales y pro­ductos. Se estaría a hablando entonces de los medios de comunicación. Así, cuando a un especialista en comunicación le preguntan su profesión  y é1 dice: "Yo trabajo en comunicaciones", muchos de sus oyentes quedan con la clara idea de que es un hombre entendido en teléfonos, telégrafos o carreteras.

En todo caso, trátase de la comunicación como tecnología, es decir, como conjunto de recursos mecánicos, electrónicos, físicos, etc., que se aplican a la producción, transmisión y recepción de mensajes.

Otras veces, podemos querer indicar con el uso de la palabra comunicación (como en las expresiones: sistemas de comunicación, redes de comunicación, flujos de comunicación, etc.), aspectos de aquellos sistemas institucionales dedicados a la producción y circulación de mensajes en la sociedad. Varios niveles de especificidad encontramos en esta dimensión semántica, tales como:

  • La comunicación como ingrediente Importante de todo sistema social (empresa, gobierno, comunidad, etc)

  • La facilitación de la comunicación como finalidad de cierto tipo de sistemas sociales (correos y telégrafos, agencias noticiosas, mercado de productos o de valores, etc).

  • La producción de comunicación como finalidad esencial de determinados sistemas sociales (empresas periodísticas, radioemisoras y televisoras, estudio de cine, etc).

Finalmente, hemos adquirido el derecho de aplicar la palabra comunicación a una nueva ciencia social, justamente aquella que estudia el proceso, la tecnología, los sistemas institucionalizados y otros aspectos de la comunicación.

En síntesis, tenemos una serie de acepciones posibles para la palabra comunicación; un proceso natural universal, que alcanza su máxima complejidad en el ser humano viviendo en sociedad; un conjunto de prácticas y técnicas que configuran el arte de comunicar; un sistema institucional compuesto por organizaciones sociales que facilitan la circulación de los mensajes o los producen sistemáticamente; y una ciencia que estudia e investiga los fenómenos que ocurren en los campos anteriormente mencionados.

De relativamente fácil separación en la teoría, estos campos semánticos en la realidad práctica no son entes separables. En efecto, el proceso de la comunicación normalmente se efectúa mediante las artes y la tecnología de la comunicación (una conversación telefónica, una bailarina interpretando "La Muerte del Cisne", un periodista redactando una noticia) y la tecnología de la comunicación es utilizada por las instituciones de comunicación para producir sus mensajes y hacerlos llegar al público que lo consume. Y, como ya lo vimos, la ciencia de la comunicación describe y explica cómo funciona todo lo anterior, tratando de poder eventualmente predecir sus efectos y sus tendencias.

Ahora bien, para poder reflexionar sobre la planificación del uso de la comunicación en la sociedad, que es el objetivo este libro, necesitamos analizar la comunicación en todos sus aspectos, tanto como fenómeno humano y social, así como fenómeno tecnológico. Esto nos llevaría a detenernos en consideraciones teóricas sobre la propia naturaleza de la comunicación, pues del concepto que adoptemos sobre la misma, dependerá en gran parte la orientación que le demos al planeamiento de su uso en la ciudad.

LOS MODELOS DE COMUNICACIÓN

En virtud de ser un proceso universal, la comunicación ha sido estudiada por todas las ciencias sociales. De ahí que podamos encontrar diversos modelos de comunicación, cada uno imbuido de los conceptos y características de las diferentes ciencias que los crearon. Creemos que constituye un ejercicio útil pasar una rápida revista por algunos de los modelos más conocidos. No solamente esta revista equivale a una ojeada histórica hacia el enriquecimiento del concepto de comunicación, sino que nos presentará los múl­tiples aspectos del proceso de la comunicación.

 Examinaremos los siguientes tipos de modelos:  

  • modelos físicos  
  • modelos psicológicos
  • modelos sociológicos  
  • modelos antropológicos
  • modelos socio-psicológicos
  • modelos semiológicos  

 

MODELOS FÍSICOS

El paradigma de este tipo lo constituye el esquema famoso de Shannon y Weaver [2]

Este esquema nos dice que una fuente emisora selecciona ciertos signos de un repertorio (alfabeto, organizando con ellos un mensaje (organización secuencial), que es transmitido mediante la emisión de señales o estímulos físicos; mediante un canal electrónico o mecánico. Las señales son recibidas por un mecanismo receptor, que también las decodifica o descifra, es decir, reconstruye los signos a los cuales corresponden las señales. De esta manera, el mensaje es recibido por el destinatario. Interferencias físicas pueden ocurrir durante la transmisión.  Llamadas genéricamente, "ruido", que hacen que el mensaje no siempre se transmita fielmente. Además, conspira contra la transmisión fiel la sobrecarga de los canales. En cambio, refuerzan la fidelidad de la transmisión, la redundancia y la repetición. 

A

B

C

D

:

:

 

La fuente selecciona signos del alfabeto

 

y los codifica en señales físicas

 

 

 

SEÑALES

El receptor trabaja sobre su alfabeto con las seriales

y

selecciona signos correspondientes,

recreando el mensaje

A

B

C

D

:

:

Comenta Bettinghaus[3]  "Shannon y Weaver no estaban interesados en los aspectos psicológicos de la comunicación. Así, cuestiones del orden: ¡Qué papel tienen las actitudes del receptor en la comunicación! no son directamente derivable de su modelo. Tampoco estaban interesados en los aspectos dinámicos de la comunicación humana, considerada separadamente de otros posibles sistemas de comunicación”.

De aquí que éste modelo haya recibido el nombre de "modelo de telecomunicación", campo en el cual ha tenido una fecundidad admirable.  

  AGREGADO POR EL PROFE:

    Wilbur Schramm aplicó los conceptos a los procesos de comunicación humana. Pero introduce conceptos nuevos: codificador, descodificado, retroalimentación y campo de experiencia.   Recoge de los padres fundadores el concepto de audiencia, compuesta por individuos capaces de otorgar sentido a los mensajes de acuerdo a su propia experiencia.    Se entiende a la recepción de la comunicación como resultado de una actividad individual ligada con los grupos de referencia, en cuyo marco se reinterpreta el mensaje de los medios según las normas y los valores dominantes.  Vea el modelo de Shramm, más adelante.

Otro modelo de la categoría más o menos mecanicista del anterior, aunque generado más específicamente para la comunicación humana de masas, es el de Westley McLean[4] que por razones didácticas no se presenta en un solo diagrama, sino en cuatro etapas sucesivas:  

Objetos de orientaci6n Xl... Xnn en el campo sensorial del recep­tor B le son transmitidos directamente en forma abstracta Xl... X3 después de un proceso de selección entre todas las Xs, estando tal selección basada al menos en parte en las necesidades y problemas de B. Algunas o todas son transmitidas en más de un sentido (X3m por ejemplo).  

Aquellas Xs que 13 recibe pueden deberse a abstracciones seleccio­nadas y transmitidas por un codificador C, que está actuando por B y así extendiendo el ambiente de B. Las selecciones hechas por C son necesariamente basadas en parte en retroinformación venida de B (fbc).

 

Las mismas Xs son seleccionadas y abstraídas por el comunicador A y transmitidas como un mensaje X' a B, que puede o no tener ya parte o todas las Xs en su propio campo sensorial (Xlb). Sea deli­beradamente o sea sin querer B transmite retroinformación (fbA) a A.

 

Los mensajes que C transmite a 13 (X") representan sus se1ecciones tanto de los mensajes dirigidos a él por A (X') como las selecciones y abstracciones que el propio C hace de las Xs que están en su propio campo sensorial (XSC, X4), las cuales pueden estar o no en el campo sensorial de A. La retroinformación se mueve no sólo de B a A (fBA) y de B a C (fBC) sino también de C a A (fCA).

Es claro que en la situación de comunicación de masas, un gran número de Cs reciben de un gran número de As y transmiten a un número enormemente mayor de Bs, quienes simultáneamente reciben de otros Cs.

A guisa de crítica de los modelos físico-mecanicistas de la comunicación, podríamos decir, de manera simplista, que ellos dejan de lado muchas de las características humanas del proceso. Pero la verdad sea dicha y es que estos modelos nunca tuvieron la pretensión de tomar en cuenta dichas características. El modelo de Shannon y Weaver fue exclusiva y explícitamente desarrollado por sus autores para la telecomunicación; es decir, para estudiar los equipos técnicos (micrófonos, auriculares, altoparlantes, cables, etc) y no para estudiar sus agentes o destinatarios humanos. No fue culpa de los autores del modelo que las ciencias sociales, por no poseer modelos propios, hayan hecho una extrapolación de sus conceptos físicos a la comunicación humana y social, con la grave consecuencia de que toda la conceptualización inicial de la comunicación fue impregnada por la orientación mecanicista del modelo.

Ya que estamos hablando de las limitaciones de los modelos mecanicistas, vamos a detenernos en una de ellas, bastante interesante, que consiste en que dichos modelos son más aptos para representar la comunicación de información del tipo llamado digital pero mucho menos aptos para representar los procesos más sutiles de la comunicación analógica

La comunicación digital consiste en transmitir información mediante la combinación de signos-arbitrarios, convencionales, que no guardan semejanza alguna con las ideas u objetos que representan (REFERENTES). El código Morse, por citar un ejemplo, procesa cualquier mensaje mediante combinaciones de puntos y rayas (CODIGO BINARIO). Los computadores electrónicos también trabajan. con códigos digitales, binarios, pues substituyen los mensajes por perforaciones en determinados lugares de unas tarjetas o por impresiones magnéticas en cintas. Los números que son asignados a nuestros teléfonos constituyen otro ejemplo de código digital. Los semáforos del tránsito también caen en esta categoría.

Según Colin Cherry[5] la humanidad viene utilizando códigos digitales binarios desde hace ya mucho tiempo. Unos 1500 años atrás los celtas usaban un sistema de rayas.  El propio código Morse fue introducido en 1832, bastante antes de la formulación del modelo de Shannon y Weaver. Los africanos con sus ton-toms y los pieles rojas con sus hogueras de leña verde ("señales de humo") ilustran el descubrimiento humano de “que se puede transmitir información   por medio de un código de dos estados".

La comunicación analógica difiere de la digital en que existe alguna semejanza entre la cosa que se quiere transmitir y el signo usado para hacerlo. Aunque no podamos entender lo que nos dice un extranjero en su idioma, fácilmente comprendemos lo que nos quiere decir cuando nos mira con rabia y nos muestra un puño cerrado. Según Watzlawick[6]

"La comunicación analógica tiene sus raíces en períodos mucho más arcaicos de la evolución y posee, por consiguiente, una validez mucho más general que el modo de comunicación digital, que es más bien abstracto".

Virtualmente, es comunicación analógica toda muestra comunicación no verbal, incluyendo en este termino tanto los movimientos del cuerpo (expresión corporal) --gestos, posturas, expre­sión facial, inflexión de la voz, secuencia, ritmo y cadencia de las propias palabras- como también todas las indicaciones informativas que surgen del contexto en que se efectúa la interacción humana. Ejemplos: la ropa y el perfume que usamos, el lugar de la mesa  donde nos sentamos, la hora en que llegamos a un encuentro, etc. comunican cosas de manera analógica.

Ahora bien, según Watzlawick en toda comunicación existen dos elementos básicos: un elemento de contenido, que se refiere a lo que queremos decir sobre algún objeto, y un elemento de relacionamiento, que se refiere a la relación existente entre los interlocutores.

Lo importante es que el contenido en general es transmitido mediante un código  digital, tal como el lenguaje, en cuanto la índole del relacionamiento es indicado mediante un código analógico o no verbal. Según Watzlawick, "lo que le falta a la comunicación digital es un vocabulario adecuado para las contingencias del reía­cionamiento".

Por su parte, los códigos analógicos padecen de una terrible imprecisión. Por ejemplo, ¿cómo sabemos si unas lágrimas son de dolor o de alegría?.       ¿Aquella sonrisa, significa simpatía o ironía?.   ¿Este silencio, debo interpretarlo como tacto o indiferencia de mi interlocutor?.

En cambio, debido a su flexibilidad y versatilidad (como la del alfabeto, por ejemplo), los códigos digitales son capaces de describir muy exactamente cualquier fenómeno.

En resumen, según Watzlawick, aunque los códigos digitales son muy limitados en vocabulario para las contingencias del relacionamiento, los códigos analógicos son tan ambiguos e imprecisos que es necesario traducirlos a un código digital para hablar del relacionamiento con cierta precisión: alguien tiene que explicar en palabras (digital) qué significan realmente esas lágrimas, esa sonrisa y ese silencio.

La adopción acrítica de los modelos mecanicistas por las cien­cias sociales tal vez podría explicarse desde el punto de vista de una supuesta "coincidencia ideológica". En efecto, los modelos mecanicistas tienden á presentar la comunicación como un fenó­meno neutro, sin intencionalidad manifiesta fuera de la de transmitir fielmente un mensaje y sin una relación evidente con la estructura social en la cual el proceso se desarrolla. Además, los modelos mecanicistas privilegian la fuente de los mensajes, dejando la impresión de que ella es la creadora del mensaje. En cambio, los modelos colocan al receptor en una posición pasiva, como de clientela de la fuente, como de objeto de la influencia persuasiva o informativa de la fuente.  Esta situación de superioridad de la fuente sobre el receptor que se desprende subliminarmente del modelo, fue aceptada por muchos años sin despertar reacciones negativas, quizás por el simple hecho de que ella refleja una situación real de nuestra sociedad, en cuyas instituciones siempre existe un dominio de ciertos papeles o estratos sobre otros:

En la familia

En la escuela

En la Iglesia

En el gobierno

En la agricultura

En la industria

En el ejército

En general

los padres

el profesor  

el sacerdote

el tecnócrata

el extensionista

el patrón       

el militar

el hombre

 

 

 

 

sobre

Los hijos

Los alumnos

los fieles

los ciudadanos

los agricultores

los empleados

los soldados

la mujer

De modo que los modelos físico-mecanicistas, así como su adopción por las ciencias sociales en general, sólo comenzaron a ser puestos en cuestión cuando los movimientos de liberación empezaron a reclamar una mayor igualdad entre fuentes y receptores. Fue así, por ejemplo, que Paulo Freire afirmó que no debería haber “educadores" y “educandos" sino que todos somos “aprendices".

LOS MODELOS PSICOLÓGICOS

Estos modelos tratan de relacionar la parte física de la comu­nicación con los procesos mentales de las personas que se comunican.  Entre los más conocidos están los de Osgood, Hovland y Berlo. Menos conocido es el enfoque de Donald Stewart.  

El modelo de Osgood[7] contiene un campo externo –el mensaje—que es considerado un estímulo: y un campo interno, dentro del cual se procesa la respuesta. El campo interno está dividido en tres niveles, correspondientes a las diversas maneras en que la respuesta puede ser procesada por la mente del individuo.

La primera manera, que equivaldría al acto reflejo o impulsivo, es aquella en que el mensaje detona una respuesta sin que aparentemente intervengan los niveles de disposición y representación. Una segunda manera produce respuestas internas que a su vez actúan como estímulos secundarios, provocando nuevas respuestas internas; y así, siguiendo, hasta terminar en una respuesta externa. Según este camino, la decodificación, la interpretación y la recodificación del mensaje puede realizarse a través de diversos circuitos mentales del receptor.

El modelo de Berlo[8] que fue difundido profusamente en la América Latina gracias a la publicación de su libro “El Proceso de la Comunicación" por la Agencia de Desarrollo Internacional, utiliza los elementos básicos de Shannon y Weaver (fuente, mensaje, medios y receptor) pero destaca algunas de las características psicosociales intervinientes.  

Esquema original en el Capítulo reproducido aquí.

 

 

Este esquema aparece en Carlos Gonzalez Alonso, PRINCIPIOS BÁSICOS DE COMUNICACIÓN, Trillas, 1990, página 26,

que reproduzco para mayor claridad.

Como fue alumno de Osgood y recibió su influencia “psicologizante”, Berlo produjo también otro modelo que trata de establecer una relación entre los procesos de comunicación, aprendizaje y comportamiento.

Este segundo modelo contiene diversas variables psicológicas de que carece el modelo más difundido tales como atención, significado comprensión, aceptación, compromiso por la acción y otros, además de destacar el papel de la realimentación.

Nótese en los modelos psicológicos un esfuerzo por apartarse de los modelos mecanicistas, humanizándolos.  Pero el esfuerzo, aunque evidente, no consigue superar el concepto de “mecanismo” y así vemos en los modelos de Osgood y de Berlo una interpretación de la comunicación como un juego de circuitos eléctricos de funcionamiento más o menos automático, por los cuales circulan estímulos.  Aunque esta limitación puede deberse al uso de esquemas gráficos, el hecho es que no aparece en los modelos la complejidad del proceso de la comunicación tal como el mismo se realiza entre las personas que viven en un contexto real.

El modelo de Hovland[9] fue preparado con la intención casi exclusiva de organizar los elementos y variables del cambio de acti­tud producido por la comunicación social. El modelo sirvió de base para las investigaciones conducidas por Hovland y sus colabo­radores en la Universidad de Yale.

Envin Bettinghaus[10] comenta así el modelo de Hovland:

Nótese que el modelo de Hovland no intenta especificar las relaciones precisas que existen entre los diversos factores, ni procura mostrar el carácter dinámico de la comunicación. Esencialmente, el modelo nos dice que la comunicación puede ser estudiada mediante varios enfoques y que existen relaciones entre los mismos".

Entre los enfoques de la comunicación que destacan sus aspectos psicológicos, se incluye el de Donald Stewart 31, quien distingue claramente dichos aspectos de los aspectos puramente físicos de la comunicación.  

El siguiente diagrama le sirve a Stewart para establecer sus puntos de vista sobre la relación señal-símbolo-sentido, que él reputa  básica para entender el proceso de la comunicación humana.  

`Señala Stewart que tanto. las señales naturales como los símbolos comparten la misma propiedad física. Pero para que estas señales y símbolos contribuyan a la comunicación, ellos deben transformarse en ideas. Sólo así ello. tendrán sentido para la persona.

"Si es que las ideas realmente existen, son las mentes individuales las que las poseen. La implicación, es, por tanto, que "sentido" es una función de las ideas".

Stewart define la comunicación como "un proceso físico-mental cuya función es el enunciado de significados con sentido", y usa el siguiente diagrama para representarlo:

  

Fig.    La estructura general de la comunicación humana, según Stewart.

 A primera vista pareciera no haber diferencias entre el diagrama de Stewart y otro cualquiera del tipo:

fuente -- mensaje -- receptor

Lo que es diferente aquí es, la importancia que Stewart le atribuye al "sentido", el cual va unido al concepto de "comprensión". Sentido, para él, es algo más general y amplio que significado, como lo demuestra su definición de comunicación: el objetivo primordial de la comunicación es que el receptor enuncie el sentido pretendido.

Sentido es la expresión usada para describir el estado de espíritu en que ciertas ideas se asocian o yuxtaponen armoniosamente con otras. Solamente las ideas son objetos del sentido. Los fenómenos físicos como palabras, mesas y silla, no pueden tener sentido en sí. El sentido es propiedad eminentemente humana, de la mente.

El énfasis dado por Stewart a la idea de sentido como producto de dos o más ideas que existen en una armoniosa yuxtaposición o relación, le lleva a destacar la importancia de la lógica que Stewart supone ser una cualidad innata de la mente humana. En consecuencia, para entender el proceso de la comunicación no basta con entender la manipulación de signos y medios, sino también debemos comprender el funcionamiento lógico de la inteligencia. En este sentido, Stewart se aproxima significativamente a la epistemología genética de Jean Piaget.

   

[1] Boulding, Kenneth, The image.  Ann Harbor, the Michigan University Press, 1961.

[2] Shannon, C. Y Weaver, W. The mathematical Theory of Communication, Urbana, The University of Illinois Press, 1949.

[3] Bettinghaus. E. Communication Models.  Ch 3. in National Project Agricultural communication.  Michigan State university, 1960.

[4] Westley, B. H. Y McLean M. A Conceptual Model for Communication Research, Journalism Qarterly, Winter 1957.

[5] Cherry, Colin, On human Communication, The MIT Press, 1970.

[6] Watzlawick, P., J. H. Beavin, D. D. Jackson, Pragmatics of Human Communication, New York, W.W. Norton 1967.

[7] Schramm, Wilbur, The process and effects of Mass Communication, Urban, University of Illinois Press, 1954 .  El modelo de Osgood que se presenta aquí se encuentra explicado en W. Shramm, "Cómo funciona la Comunicación", Cap. 1 del libro de Carlos Fernandez C. y Gordon L. Dahnke, LA COMUNICACIÓN HUMANA, El esquema de Osgood puede ser visto en la página 10.

[8] Berlo, David, The process of Communication, Holt Rinehart and Winston, 1960.

[9] Hovland, C. J. Persuasion and Persuability, Yale University press, 1959.

[10] NPAC, op. Cit.