5. ¿QUÉ ES OBSERVAR?:

La Observación Participante[1]

 

La observación participante es una técnica de investigación mediante la cual el investigador entra diréctarnente, y por un periodo de tiempo relativamente largo, en un grupo social determinado tornado en su ambiente natural, y establece relaciones de interacción personal con sus miembros, con el fin de observar sus acciones y comprender sus motivaciones a través de un proceso de identificación.  En la observación participante, implicación e identificación, lejos de evitarse, se buscan (y de forma simétrica, objetividad y distancia, que estaban en la base del planteamiento neopositivista, ya no se consideran un objetivo deseable).

La observación participante se emplea habitualmente para estudiar dos tipos de grupos: pequeñas sociedades autónomas, situadas en ámbitos territorialmente definidos y dotadas de un universo cultural cerrado que abarca todos los aspectos de la vida (estudios de comunidad); o bien para estudiar culturas que se han desarrollado dentro de segmentos sociales, que pueden representar aspectos de la cultura dominante, o estar en conflicto parcial con ella (estudios de culturas determinadas).

La observación participante nace como instrumento para estudiar las “otras” culturas.  Del estudio de las tribus primitivas, ésta se desplazó al estudio de las “tribus urbanas”, manteniendo no obstante como objetivo a aquellos que, de algún modo, eran considerados “distintos”.  A continuación se comprendió que cada campo de la actividad humana tiene una cultura especifica y propia que puede ser analizada a través del criterio etnográfico y el instrumento de la observación participante.  La microsociología es el estudio de las pequeñas acciones cotidianas, y la etnometodología es el estudio de los métodos y de las prácticas empleadas por la gente común para descodificar el mundo, darle significado y realizar cualquier acción.  Las acciones de todos los días son reguladas por normas bien definidas (implícitas) que rigen las interacciones entre las personas.  La etnometodología se plantea como objetivo desvelar y estudiar dichas normas.

En la observación participante el investigador puede declarar abiertamente desde el principio sus verdaderos objetivos, es decir, que quiere entrar en el grupo no porque comparta sus objetivos, sino sólo para estudiarlo (observación declarada); o bien puede infiltrarse en el grupo fingiendo unirse a é1 y ser un miembro más (observación encubierta).  Para entrar en la comunidad objeto del estudio, el investigador utiliza a menudo un mediador cultural, es decir, una persona que goza de la confianza de la comunidad y que, por sus características culturales, también es capaz de comprender las motivaciones y las necesidades del investigador.  Otra figura de la observación participante la representan los informadores, personas pertenecientes a la comunidad estudiada que el observador utiliza para conseguir informaciones e interpretaciones desde dentro de la cultura estudiada.

La acción del observador participante debe ser selectiva: éste no puede observar todo. La observación participante no puede ser una fotografía que abarque toda la realidad; al contrario, algunos objetos sociales son colocados en el foco de atención, oros se quedan en un segundo plano, y otros son excluidos totalmente del objetivo del investigador.

En primera instancia, es la teoría la que establece qué observar.  Hay que hacer más distinciones a propósito del papel de la teoría en la investigación cualitativa en general y en la observación participante en particular.  La teoría tiene un fuerte papel orientador de cara a los fines de la investigación.  Pero, como ya hemos afirmado, mientras que la investigación cuantitativa de planteamiento neopositivista se inspira en general en un criterio deductivo, asignando a la teoría una función de guía, la investigación inspirada en el paradigma interpretativo otorga a la recogida de los datos empíricos una autonomía mucho mayor.  No faltan claras diferenciaciones dentro de ambos paradigmas.  En particular, en el caso de la investigación cualitativa, ya hemos mencionado el caso extremo de la grounded theory, (teoría con los pies en la tierra) que enfatiza la dimensión del “descubrimiento” de la teoría en el curso de la investigación, hasta el punto de que invita al investigador a ignorar la literatura sociológica existente sobre el problema estudiado, para evitar que ideas preconcebidas puedan condicionarle.

El hecho es que en una situación como ésta, el investigador puede incluso verse superado por la riqueza y la desordenada cacofonía de los estímulos que le llegan desde la realidad; incapaz, ante la falta total de puntos de referencia, de darles un orden y de elegir entre las infinitas interpretaciones.

Cuando se habla de “observación participante”, casi por definición se está significando un largo periodo de investigación, pero la preocupación por mejorar las técnicas de observación han llevado a considerar técnicas de observación de breve plazo, no hay problema en ello, es decir, el estudiante no debe sentirse frente e un método irrealizable por falta de tiempo, porque es perfectamente factible hacer observaciones en terreno de tiempo breve.  Justamente, el prologando uso de las técnicas etnológicas, a lo largo de buena parte del Siglo XX, desarrollaron en profundidad las técnicas de observación breves, siempre y cuando lo que se quiere conocer sean grupos de pequeña escala (un curso, un patio de escuela, un grupo de profesores), naturalmente si lo que se quiere conocer es la cultura integral de un numeroso profesorado, alumnado, comunidad de padres, etc., el tiempo de investigación se prolongará tanto como sea necesario.  En todos los casos, de tiempo y tamaño de la investigación, el factor que determina cuánto tiempo y de qué forma usar las técnicas son la necesidad de contar con una confiabilidad y validez (que puede confiar en sus dato y que son válidos para la investigación que tiene esta realizando) mínimas para decir que los datos que recogerá en terreno y las conclusiones a que llegue después del análisis producirán conocimientos que podremos llamar una verdad científica, 

En nuestra exposición nos mantendremos, pues, en una línea más moderada, siguiendo esencialmente la disertación de Blumer de los ”conceptos sensibilizadores”. Remitimos al lector a lo dicho entonces, y aquí solo recordamos que, según este enfoque, la investigación del observador participante (como la de cualquier investigador cualitativo) no se desarrolla en el vacío, no parte de una especie de tabula rasa, sino que es guiada, sobre todo al principio, por una “sensibilidad” especial hacia determinados conceptos más que hacia otros.  Por ejemplo, el investigador de la desviación juvenil estará especialmente atento a los problemas ligados a la socialización infantil, a la relación con los padres, a las primeras experiencias con instituciones sociales como la escuela, a la relación con el grupo de amigos, etc.; en cambio, el investigador de los conflictos empresariales será sensible a las cuestiones ligadas a la ideología del ambiente de trabajo, a la estructura jerárquica, a las expectativas sobre el trabajo y sus frustraciones, a las redes de relaciones entre compañeros, a las formas de comunicación entre distintos niveles, etc.

Hay que tener siempre presente que la observación participante difiere de los otros métodos de investigación en el sentido de que el investigador selecciona los objetos de observación, decide qué preguntar y forja sus intereses en el curso de la investigación misma.  Todo ello en contraste con los múltiples métodos de investigación “guiados por la teoría” o basados en “test de hipótesis” en los que los objetos de observación y los tipos de análisis, son atenta y claramente definidos aun antes de que uno empiece a recoger los datos.

Establecida esta premisa acerca de la función de orientación parcial por parte de la teoría sobre qué observar, nos detenemos ahora en los posibles objetos de observación, proponiendo una clasificación que distingue las siguientes áreas:

a) el contexto físico;

b) el contexto social;

c) las interacciones formales;

d) las interacciones informales y,

e) las interpretaciones de los actores sociales. 

Por añadidura, esta clasificación de las “cosas a observar” es sólo una de las muchas posibles.  En cualquier caso, en la observación participante siempre podemos distinguir una fase preliminar descriptiva, que aquí encuadramos bajo los títulos del “contexto físico” y del “contexto social”, dirigida a fijar las características visibles extremas del ambiente estudiado, seguida de la fase de interacción real con los protagonistas.

En resumen, para determinar “qué observar”, los objetos de observación potenciales pueden clasificarse en las siguientes categorías: contexto físico, contexto social, interacciones formales, interacciones informales, interpretaciones de los actores sociales.

5.1. El contexto físico. 

Suele ser bastante importante que el investigador observe con atención la conformación estructural de los espacios en los que se desarrolla la acción social estudiada (dando a continuación una descripción detallada en su informe de investigación).  Esto no sólo para comunicar sus experiencias de observación más plenamente al lector, a través de una especie de visualización verbal, sino también porque las características físicas son casi siempre expresión de características sociales (así como elementos de condicionamiento para la acción social).  Patton escribe: “Durante nuestras visitas a las guarderías siempre hemos hallado una estrecha relación entre lo agradable del ambiente, dibujos de los niños en las paredes, materiales de trabajo bien colocados, áreas donde trabaje la profesora y otras connotaciones de la escuela (implicación de los padres, moral de los profesores, programación didáctica, etc.)” [1990, 220].

Naturalmente, la disertación del investigador no deberá tratar de competir con la de un novelista ni adoptar sus tonos: deberá contener descripciones, más que valoraciones o impresiones.  Más que hablar de un barrio “deprimente” o “socialmente desheredado”, deberá describir el estado de las carreteras, las tiendas, la estructura de una vivienda tipo, los medios de transporte los lugares públicos (iglesia, escuela, oficina postal, etc.). En una investigación Ilevada a cabo en una empresa, dará informaciones sobre la distribución de las oficinas y de los departamentos de trabajo, la ubicación de los lugares comunes (comedor, etc.), la división de los espacios dentro de las oficinas en función de los diversos cargos jerárquicos, etc.

5.2. El contexto social. 

De la misma forma en que se ha descrito el ambiente físico, se debe describir el ambiente humano.  En el ejemplo anterior del barrio, se describirá a las personas que caminan por las calles en las distintas horas del día y de la noche, su forma de vestir, los objetivos de sus desplazamientos (hacer la compra, ir al trabajo, callejear, etc.); se darán datos sobre las economías familiares, sobre las rentas y sobre los hábitos de consumo, etc.

En una investigación sobre una empresa, se describirá el organigrama del personal y de las oficinas, las características de las personas que trabajan allí, sus funciones y sus tareas.  También se describirán, en caso de que una comunidad se subdivide en grupos o subgrupos, las dimensiones de éstos, las personas que los componen, la frecuencia de las interacciones, los canales y la dirección de las comunicaciones (por ejemplo, un comedor de empresa: cómo se componen las mesas, si los grupos se constituyen según características personales –las mujeres están juntas, los jóvenes separados de los más mayores, etc.- o si se forman grupos en función de los departamentos de trabajo, si las jerarquías se mezclan o bien están rígidamente separadas, si hay una estructura estable o si los grupos cambian cada día, etc.). También en este caso es importante que, al menos en esta fase de presentación inicial del ambiente, el investigador se detenga en la pura y simple descripción (en la medida de lo posible analítica y detallada), evitando por el momento introducen elementos interpretativos.

De cara a la comprensión de una determinada comunidad, su historia cumple una función importante, especialmente cuando el estudio se centra en el cambio social.  Whyte aporta interesantes ejemplos al respecto.  Así, relata el caso de una investigación realizada sobre un pueblo peruano para estudiar los cambios acaecidos en los últimos cinco años: “se registraron, en efecto, cambios importantes en ese periodo –escribe él--, pero hemos tenido que reconocer que para comprender la dinámica de los procesos en curso hay que retroceder varios decenios y probablemente incluso siglos en la historia de esa comunidad” [Whyte, 1984, 161).

5.3. Las interacciones formales. 

Por interacciones formales entendemos aquellas que tienen lugar entre los individuos dentro de instituciones y organizaciones, en las que las funciones están preestablecidas y las relaciones se desarrollan en un marco de vínculos prefijados.  Así, el investigador estudiará cómo se producen las comunicaciones dentro de una empresa entre los diversos niveles jerárquicos. 0 bien podrá estudiar la dinámica de una asamblea publica, analizando todos sus momentos sobresalientes: comenzará, en referencia a los dos puntos anteriores, con una descripción del ambiente físico y humano (dimensiones de la sala, número y características visibles de las personas presentes –género, edad, raza, clase social, que se puede deducir, por ejemplo, por la ropa, etc.-, disposición de los oradores y del público, etc.)

Posteriormente pasará a estudiar las acciones y las interacciones: en el caso de una asamblea pública, quién abre la sesión, qué dice, el orden de los oradores, las reacciones del público, etc. 0, por ejemplo, en el caso de un estudio sobre la dinámica de un proceso en una sala judicial observará los aspectos ceremoniales del acontecimiento (la sala, las togas de los jueces, la distribución de los asientos, las formulas rituales de apertura, el juramento, el interrogatorio, etc.); las distintas formas en que el juez plantea las preguntas, los tipos de contestación del imputado y de los testigos, la forma en que interpretan su propio papel el ministerio fiscal y el abogado defensor, las distintas modalidades de participación del público, las reacciones a las sentencias, etc.

En un estudio sobre los procesos decisorios de una organización formal se podría hacer una topología de las decisiones (de las más importantes a las rutinarias); según el tipo de decisión, quien la toma (si un individuo o un órgano colectivo), en función de que proceso (quién es consultado, de qué forma, si de manera formal o no, si se hacen reuniones, cómo y cuando se convocan, etc.); cuáles son los canales de comunicación empleados una vez que la decisión se ha adoptado, cuáles son las consecuencias si una decisión se revela equivocada, etc.

5.4. Las interacciones informales.

En la mayoría de los casos las interacciones informales constituyen el elemento central de la observación participantes.  Precisamente por su informalidad son difíciles de estudiar y, sobre todo, su observación implica miles de casos diferentes sobre los que es imposible no sólo dar reglas, sino incluso indicaciones de carácter general.  En cualquier caso, trataremos de llamar la atención sobre algunos aspectos.

Así, podemos decir que el observador puede empezar por las interacciones físicas.  Spradley dice que toda situación social se define por tres elementos:

  • el lugar,
  • los actores y
  • las actividades. 

Al observar estas últimas, el investigador al principio quizás sólo vea un confuso bullir de comportamientos, centenares de actos aparentemente iguales.  Tras repetidas observaciones cada uno de los actos individuales empezará a parecerle como conjuntos coordinados de acciones, como cazar, correr, pedir algo para beber, elegir un asiento en el autobús, hacer la compra en el supermercado.

Muy a menudo el punto de partida de la observación participante lo constituye el comportamiento ordinario, el de todos los días, que precisamente por ser tan corriente es el más difícil de analizar, dado que está formado por una serie de actos mecánicos de los que el actor social tiene poca conciencia.  Imaginemos a una persona en la cola de espera del autobús: es poco consciente de lo que está pasando a su alrededor (otras personas en la cola, su ropa, quién mira el reloj de forma nerviosa, quién lee el periódico, quién lleva la bolsa de la compra, los coches que pasan, el silbido de un tren en la lejanía, un mendigo que pide limosna, un chico en bicicleta, etc.); y también es poco consciente de su propio comportamiento, de nuevo por su frecuencia, repetitividad y mecanicidad.  El observador participante, al contrario, debe hacerse consciente de todos estos fragmentos de vida cotidiana, debe saber observarlos y aislarlos, si quiere analizarlos.  Y debe saber captar la interacción de las personas que observa: quién empuja y quién cede el paso al subirse al autobús, la dinámica de la elección del asiento, dos desconocidos que se chocan inadvertidamente, los escolares que arman jaleo, las reacciones de los viajeros, las dos señoras que charlan, el tono de voz, los gestos, la mímica facial, etc.

Un proceso importante es el del progresivo enfoque hacia las interacciones que interesan.  Al principio, el campo de observación del investigador será muy amplio; a medida que avanza la investigación su acción será cada vez más selectiva.  Imagínese un investigador que pretende estudiar las relaciones cliente-dependiente en las tiendas.  Tras una observación sobre los distintos tipos de tiendas, el investigador se da cuenta de que debe poner un limite a la variedad, por lo que decide limitarse a un determinado tipo de tiendas, las librerías.  A continuación se percata de que la mayoría de las relaciones entre dependientes y clientes se desarrolla a la salida, en el momento de pagar y del control del cliente, por lo que se coloca cerca de la salida y observa.

Puede decidir después restringir el campo de observación, limitándose al estudio de los conflictos entre cliente y dependiente: por ejemplo, los conflictos relativos al pago; o bien los conflictos que surgen tras descubrirse a clientes que intentan salir con un libro sin haberlo pagado.  Observará entonces la minuciosa dinámica de los hechos, las características (género, edad, profesión, etc.) de las personas implicadas, las reacciones de los diversos actores sociales (cliente, dependiente, público, etc.), y desarrollos sucesivos (denuncia, compensación económica, excusas, etc.).

Al final resultará que su inicial intención genérica de estudiar las relaciones dependiente-cliente se ha transformado en una investigación sobre los intentos de hurto en las librerías.  No siempre tiene el investigador esta libertad de definir durante el curso de la investigación el objeto del estudio.  A veces exigencias extremas (por ejemplo, la existencia de un cliente) ponen ciertas limitaciones a Su arbitrio.  En cualquier caso, Su observación, a medida que avanza, deberá centrarse en objetos y procesos sociales específicos.

 

5.5. Las interpretaciones de los actores sociales. 

Sabemos que en el paradigma interpretativo el individuo estudiado no se limita a ser objeto pasivo de investigación, sino que se convierte en sujeto activo protagonista, y su interpretación de la realidad adopta el carácter de parte constitutiva (y no simplemente accesoria) del conocimiento científico.  Es en este ámbito en el que la interacción verbal con el observador participante se convierte en canal privilegiado de comunicación.  Como escriben Hammersley y Atkinson, “cada acto humano tiene una dimensión expresiva propia.  La organización del ambiente, el atuendo, los gestos, las formas de comportamiento en general, son portadores de mensajes.  Indican el género, el estatus social, la función ocupacional y hasta la personalidad de los actores sociales.  Sin embargo, es la fuerza expresiva del lenguaje lo que constituye la fuente de conocimiento más importante. [… ] En la vida cotidiana la gente formula continuamente descripciones lingüísticas de su propia visión del mundo: por ejemplo, conversando sobre sus aspiraciones, contando a veces “lo que sucedió” pidiendo perdón y presentando justificaciones”.

Todo ello acontece entre los actores sociales, pero puede producirse también entre investigador y sujetos estudiados.  El investigador ”participa”, observa y pregunta, y la interrogación, en la forma doble de coloquio informal y de entrevista formal, se une a la observación como instrumento de investigación.  La pregunta incorporada en la conversación informal –dirigida a pedir informaciones, a comprender las motivaciones y el punto de vista del actor social- es parte constitutiva de la observación participante clásica, que implica siempre un solapamiento de miradas y preguntas.

Pero también la entrevista programada y formalizada, a lo largo de la cual el investigador plantea explícitamente una serie de preguntas, forma parte del instrumental habitual del observador participante.  Naturalmente, la entrevista explicita viene a definir una situación distinta y en cierto sentido “artificial” respecto a la conversación informal, revelando de manera incluso excesivamente evidente el papel del investigador y su disparidad respecto al mundo en el que éste se ha integrado, y puede contribuir a restar naturalidad a la observación misma.  Sin embargo, como escriben Hammersley y Atkinson, “esta disparidad de la entrevista no debe exagerarse, sino que debe verse como un recurso […] Desde el momento en que el objetivo del etnógrafo no es sólo el de proporcionar una descripción, [… ] se pueden obtener ventajas del hecho de someter a las personas a estímulos verbales diferentes de los que experimentan en la vida de todos los días” [ibidem, 119).

Como sabemos, la entrevista también puede utilizarse de forma autónoma como instrumento de recogida de datos para la investigación social.  Siguiendo el esquema tradicional de los manuales de metodología, le dedicaremos a ésta un capitulo, el siguiente, separado del presente: el lector debe ser consciente, no obstante, de su amplio uso dentro de la observación participante.

 

Otra versión del mismo tema se encuentra en La Práctica de la Observación de esta misma Web
 


[1] Tomado de  Corbetta, Piergiorgio, Metodología y Técnicas de Investigación Social, McGraw-Hill, Colombia, 2003

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