Lo que revela un experimento científico con el vino

Sociología para novatos

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octubre 09, 2005

Quien conozca Francia sabrá el lugar que ocupa el vino en la cultura y en la industria de este país. Algunas cifras dan la medida: primer productor mundial con 870.000 hectáreas sembradas de viñedos, el sector emplea a 75.000 empleados directos y 300.000 indirectos y genera 11 mil millones de euros cada año. Claro que no es una producción en serie y uniforme, como puede ser por ejemplo la del aguardiente Néctar. Parte del orgullo galo reside en que cada botella es una especie de individuo, con su carácter, su color, su aroma. Allí es donde entra el paladar a dialogar con la botella, a degustar, a describir con palabras lo que se está bebiendo (se habla de la “falda”, de las “piernas” y así como si se bebiera a una mujer, pero esto es otro asunto...).

A donde voy es al experimento que realizó un laboratorio del Centro Nacional de Investigación Científica de Burdeos (región de excelsos vinos) con un equipo de enólogos. Los investigadores les dieron a 57 enólogos de renombre el mismo vino, bajo dos presentaciones diferentes y por supuesto, sin advertirles: la primera vez, el vino se presentaba en su botella etiquetada como “grand cru classé”, o sea de la mejor calidad. Quince días después, les presentaron el mismo contenido en una botella “vino de mesa”, es decir la más baja gama que se encuentra en el mercado. Resultado: sólo 6 de los 57 enólogos se dieron cuenta de la superchería. 50 calificaron severamente la segunda botella.

El segundo experimento se realizó con un equipo diferente, compuesto por 54 estudiantes de enología. Se les da vino blanco y vino tinto. Se les pide describir y percibir las características olfativas de cada uno (por ejemplo, aroma de miel, de nuez para el vino blanco, y de agraz, mora o ciruela para el vino tinto). Cualquiera que haya olido y probado con un poquito de cuidado el vino tinto y el blanco sabe perfectamente que son muy distintos. Pues bien, posteriormente se les sirve a los 54 estudiantes el vino blanco en sendos vasos de vino tinto y blanco. En realidad, se ha coloreado artificialmente el vino blanco con una sustancia sin gusto que lo hace aparecer rojo.

Resultado: Los estudiantes de enología, en su enorme mayoría, le atribuyeron al falso vino tinto las mismas características olfativas que al verdadero vino rojo. Hablaron de "ciruelas, moras", etc.

¿Qué conclusión sacar de estos experimentos? ¿Qué revelan en términos de psicología social o de percepción del conocimiento? ¿Qué nos dicen de la metodología?

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No es novedad, tengo otro experimento parecido de The Economist, y yo lo he hecho con bebedores de whisky.

 

 

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¿Alguien tienen otros ejemplos de des-acertos metodológicos que compartir?