ALGUNOS ASPECTOS DEL CAMBIO CULTURAL 

EN  LA SOCIEDAD MAPUCHE ACTUAL  

 

Tomás Austin M.

Sociólogo, Antropólogo Social

 

Este es un trabajo hecho y publicado en 1986, pero considero que aún tiene actualidad.

 
 

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Fotografía de una familia mapuche al interior de su ruca, 1880

Introducción

  ¿Qué  está cambiando en la cultura mapuche y por qué? La respuesta es compleja y tardará en emerger con claridad, porque es un proceso  en desarrollo.   Aquí se intenta entregar algunos elementos que muestran, a partir de teorías del conocimiento de la sociología y la antropología  social,  cuáles  son los portadores de nuevos conocimientos,  valoraciones y normas de la cultura nacional que están actuando  en  la  transformación de la cultura mapuche.

En  términos  generales, la influencia externa que se ejerce sobre la sociedad mapuche proviene de la sociedad nacional, a través del sistema económico y social que, históricamente,  ha  venido  desarrollándose en el país.  Es decir, básicamente, un modelo de desarrollo capitalista, que con la breve interrupción del gobierno de Allende, ahora ha estado marcado por el modelo neo liberal.   Junto con el modelo económico y social histórico,  ha sido el aparato político administrativo del Estado,  el que ha expresado las leyes y reglamentos que han afectado e influido en forma general sobre los mapuches, determinando las leyes y reglamentos que los afectan y que luego son aplicados por  las  instituciones del Estado.

Estos dos aspectos, el modelo económico capitalista y el aparato estatal que lo representa son, por así decirlo, portadores  primarios  o  generales del  cambio  cognoscitivo.    En otras palabras,  éstos  son los elementos que fijan las pautas de acción en que se mueven los elementos objetivos que provocan el cambio en forma directa.  Estos últimos, los portadores secundarios y objetivos,  son la preocupación somera de este estudio y han sido reducidos a unos pocos que son considerados los más importantes o sobresalientes en su papel de portadores de nuevas formas de ver el mundo cotidiano de la sociedad mapuche.  Naturalmente, algunas omisiones podrían haber sido significativas, pero las investigaciones que pudieran surgir en el futuro sobre cambios del campo cognoscitivo de la cultura mapuche, dirán su última palabra.

La lenta pero progresiva transformación que está sufriendo el país durante esta última década ha traído a los sectores rurales una serie de instituciones y actividades que son fuente permanente de nuevos elementos cognoscitivos y valorativos, que introducen procesos que provocan cambios en la esfera de la comunicación  intersubjetiva  tradicional, transformando lentamente la forma en que esos sectores perciben su mundo y actúan en él.  En el caso de la IX región, esta situación tiene particular importancia por sus consecuencias sobre la etnia mapuche, como se ha demostrado en los cambios culturales presentados anteriormente.

El proceso de resistencia y adaptación que ha sobrellevado el pueblo mapuche ha sido abundantemente descrito por varias disciplinas.  Sin embargo, hoy esta etnia está siendo influida directamente por procesos de  penetración  menos  directos que las campañas militares del pasado o las leyes coercitivas, pero que en la práctica podrían resultar ser más efectivos que aquellos que se ejercieron antes.

La progresiva urbanización de la región y el aumento de la utilización de las redes viales que permiten una mayor presencia de servicios que, aunque discutibles en su efectividad burocrática, resultan deseables para mapuches y campesinos por igual, tales como: la educación básica y media, medicina preventiva y curativa, la mayor oferta de bienes de consumo, e incluso los medios de comunicación de masas, entre los que se destacan las radioemisoras y los canales  de  televisión.  A todo ello hay que agregar los intentos de expansión permanente de diversos credos religiosos que existen en la IX región y que actúan especialmente orientados a "convertir"  a los mapuches. Todos estos elementos institucionales nacionales entregan una parte de las condiciones que van transformando  el  conocimiento y la valoración del orden social.  Este fenómeno se analizará aquí en forma breve y sucinta, en busca de un cuadro general que permita tener una visión de esas influencias portadoras de cambios culturales.

a) Medicina preventiva y curativa.

En efecto,  en el caso de la medicina preventiva y curativa, si bien las expectativas de vida siempre han sido deficientes en el agro, las campañas de salud establecidas por organismos del Estado, y los puestos de salud  regularmente  atendidos, cualquiera que sea su efectividad, han dado a los mapuches nuevos  conocimientos  respecto  de lo que pueden esperar de la medicina en general.  Esto ha hecho cambiar su actitud frente a la medicina y la salud.  Muchas enfermedades que antes eran recibidas con fatalismo pasivo, como la voluntad de Dios o gvnechen, o como obra de maleficios subsanables mediante "medicinas y contras", hoy son vistos como enfermedades sanables si hay atención médica oportuna y posibilidad de seguir la prescripción médica.  Esto es perceptible al visitar las postas rurales de salud y las quejas de los campesinos y mapuches por falta de atención médica eficiente y oportuna, por mucho que sus dolencias y las explicaciones que a ellas dan, contengan mezcladas sus creencias vernaculares sobre las causas que hubieron envueltas para contraer la enfermedad (maleficios, envidia, etc).

La influencia de la medicina sobre los mapuches ha ido penetrando lentamente la esfera cognoscitiva de su cultura ya que, en forma que toca aspectos puramente intersubjetivos, pone en entredicho la efectividad de las machis cuando las familias mapuches prefieren, o buscan como recurso paralelo a lo tradicional, a la medicina occidental.

Aquí hay que tener pre­sente, eso sí, "que la práctica de la medicina mapuche por machis en amplias  zonas rurales de la octava y novena regiones, y el prestigio reconocido más allá de sus comunidades, incluso comunas,  indican que de parte de la población mapuche aún son vistos (as)' como los guardianes de la salud en el amplio sentido cultural del término y conservan su prestigio  y  confiabilidad" (Vidal, 1983:3).   Por un lado se explicaría como el nuevo rol preponderante de las machis en el debilitamiento de la autoridad de los lonkos, por lo que éstas han pasado a jugar un papel legitimador del proceso político de toma de decisiones que influyen en los eventos económicos y sociales, y en las líneas de conducta más importantes en la  sociedad  (Dilehay,  1985). Por otro lado, se explicaría por que la atención médica de hoy en las zonas de comunidades es deficiente  y  pobre,  obligando a muchos a depender de la medicina natural, aunque prefieran la medicina occidental.  Con todo, esta última es lo suficientemente conocida como para que los mapuches  comiencen  a  lamentar que no sea tan buena o esté a su alcance, como debiera ser la atención médica moderna, denotando un claro conocimiento de su utilidad en la preservación de la vida humana.

La medicina tradicional no sólo actuaba como una forma de buscar remedio a la falta de salud, a través de las prácticas y conocimientos vernaculares, sino que igualmente importante para la cultura  era su servicio como un medio de control social, a través de las acusaciones de brujerías que justificaban la presencia de una enfermedad, coadyuvando en la pre­servación de la cultura y costumbres, es decir, en el aspecto valorativo del conocimiento. Esto ocurría haciendo que la gente "obedeciera las normas culturales y el buen comportamiento" (Grebe,  1975:35),  para no ser acusados de comportamiento indebido hacia otras personas, ya sea por haber sido embrujado o por estar embrujando a otros. De manera que la mayor presencia de los conocimientos de la ciencia médica, aunque son sin duda alguna deseables, rompen sin quererlo con elementos subjetivos de la mantención de la cosmovisión mapuche y de su parte acti­va sobre la mantención del sistema de relaciones interpersonales que se expresan en la cultura a través de las acusaciones de brujerías y de males impuestos.

b) Ofertas de bienes de uso y consumo y locomoción colectiva.

Otro aspecto, que ha cambiado notoriamente durante estos últimos diez años, es la proliferación de la oferta de bienes de uso y de consumo de todo tipo que se observa en ciudades y pueblos por igual y que en mayor o menor grado se ayuda de una nutrida  publicidad  transmitida a través de las numerosas radioemisoras  existentes.   Se pone al alcance de campesinos y mapuches todo lo que ofrece el mercado para su uso y consumo, desde ropa y zapatos, hasta aparatos de radio, toca cassettes y televisores.  Así, lentamente y sin proponérselo, van cambiando los hábitos de vestimenta y alimentación.  En suma, cambian las actitudes frente a los bienes de uso y de consumo.

El aumento de la locomoción colectiva ha hecho cambiar parcialmente la dieta campesina y mapuche.  Tradicionalmente se consumía lo que producía el campo: aves, chanchos, cabritos, ovinos y vacunos, los que eran integralmente aprovechados, y a lo que hay que sumar el mote, la chuchoca,  papas y hortalizas,  maíz, etc.,  en general, productos propios de la estación y del lugar. No se usaban los fideos y las pastas en general,  el arroz era conocido sólo en lugares productores; el café y el té eran de menor consumo, en su lugar esta­ba la yerba mate.  En cuanto a la ropa, el campesino se contentaba con lo que podía adquirir en trueque y compras esporádicas y era en poco o nada influenciado por "moda" alguna, aunque hoy éste sigue siendo un rubro de difícil adquisición por razones económicas.  El hombre usaba ojo tas todo el año y una forma especial de mocasines que aún se ve con profusión en la precordillera y la mujer mapuche usaba zuecos de madera y cuero, hechos por artesanos locales.

Con el incremento de la locomoción colectiva, los mapuches llevan a la ciudad numerosos artículos de su producción para  venderlos:  huevos,  aves, queso, productos del agro en general y artesanías que antes vendían en su comunidad, llevándose de vuelta en los buses, numerosos productos, como harina, -ya que lleva el trigo al molino para molerlo a "maquila" (porcentaje del producto entregado en pago por el servicio).  Casi toda su vestimenta la adquiere en la ciudad, siendo corriente en las comunidades el uso de "Jeans" y "Parkas", especialmente en los más jóvenes;  si bien continúan existiendo numerosos vendedores ambulantes que van al campo a ofrecer ropa y otros bienes de uso a cambio de productos. Estos vendedores hoy se quejan que la gente en el campo (mapuches y no mapuches) "están muy ladinos (exigen mucho a cambio) para los negocios".  A su vez, los mapuches compran toda clase de productos de almacén, especialmente fideos,  arroz,  café,  a menudo pan y conservas, a lo que se agregan dulces para los niños.

Lo anterior no sólo significa una paulatina mayor dependencia de los mercados urbanos, sino que, pone a los mapuches en un creciente contacto con las instituciones y valores de la ciudad, aprendiendo a  manejarlos dentro de sus magras posibilidades,  permeando  la efectividad de sus propias valoraciones étnicas al introducir nuevos sistemas simbólicos, como los representados por la vestimenta urbana y la alimentación, cuando se las usa, por ejemplo, para representar diferencias de estatus.  Todo esto, imperceptiblemente, va introduciendo  elementos  urbanos  en su propia visión del mundo y en los medios que usa la familia mapuche para producir y reproducir su cultura  (cf. Berger, Berger y Kellner:1973).

Por otra parte el aumento de la locomoción colectiva, ya mencionada, incrementa la facilidad con que percibe la comunicación, tanto hacia las comunidades como fuera de ellas, facilitando, entre otras  cosas, la posibilidad de emigrar. A este respecto, según estima la ONU (A39/631:139),  hay entre setecientos mil y un millón de mapuches en Chile, estimándose que existe una migración de unas 200.000 personas.  Aquí hay que tener en cuenta que toda persona que emigra fuera de una comunidad mapuche entra en contacto con formas culturales que les son ajenas en todo o en parte y que asimilará muchos de los valores distintos que encuentren en su nuevo lugar de residencia, fenómeno mucho más marcado en aquellos que tienen "éxito" en la migración urbana.  Exito entendido  como  encontrar  nuevas formas para sobrevivir y sustentarse, que le proporcionen más medios de su satisfacción, que aquellos que usualmente tenían en su lugar de origen.   Estas personas, en sus visitas periódicas a sus familiares de las comunidades se convertirán en eficientes portadores de nuevas formas y valoraciones de todo tipo, pero que actúan más en el nivel subjetivo que en el específicamente objetivo y empírico.  Sus conversaciones quedan en el recuerdo, permiten comparaciones, ejercen ascendencia imperceptible y pequeña que es incorporada a la corriente  de influencias del conjunto de situaciones que van cambiando un modo o estilo de vida a largo plazo, diríamos que en un plazo generacional.

En general, podría decir se que la mayor existencia de buses para la movilización rural e  interurbana que hoy existe, cuando nos  encontramos con un sustancial aumento de vehículos que cumplen esta función, constituyen una puerta abierta a la migración y fraccionamiento de la familia mapuche y al uso creciente de medios y artículos ofrecidos por la sociedad nacional urbana, lo que se convierte en una contribución  indirecta a las expectativas y aspiracio­nes valorativas de aspectos ajenos a la cultura mapuche tradicional; sólo contenidas por la carencia material de posibilidades de trabajo y bienestar que atraviesa el  estancamiento de la economía nacional.

Al respecto hay que tener presente que la proliferación  de  bienes,  especialmente de uso, aumenta la disponibilidad y el número de bienes de carácter  personal,  usualmente no compartibles,  como las radios, artefactos variados, relojes,  etc.,  que propenden a la individualización y a considerar la disponibilidad del dinero ganado como fuente para la adqui­sición de esos bienes personales antes que como fuente para mejorar los medios de supervivencia comunales.   Más adelante cabe la posibilidad que al querer te­ner más dinero para comprar más cosas,  las personas prefieran finalmente  acumularlo,  convirtiéndolo en pequeño capital personal, para finalmente continuar reproduciéndolo por los medios que les parezcan más adecuados. Esta forma de cambio de actitud frente a los bienes y el dinero, es dable en la forma que se indica, pero en un largo período de tiempo,  que puede abarcar dos o tres generaciones,  cada una profundizando más que la precedente, su actitud frente al dinero.

c) Tecnología y organización productiva.

Al aumentar los niveles de desarrollo del país, también ha aumentado su tecnología y ésta, de una forma u otra, va llegando a todos los ámbitos de Chile.  A su paso, el pueblo mapuche va adquiriendo de a poco algunas maquinarias, pequeñas y usualmente de menos capacidad de las que aspira y necesita: motobombas,  pequeños  molinos, a veces vehículos y los aparatos electrónicos ya mencionados, ra­dios y televisores.

Cabría aclarar desde un comienzo, que la tecnología de maquinarias disponible en el interior de las comunidades mapuches, aún es insuficiente para convertirse  en un portador o agente de cambios cognoscitivos de algún carácter significativo; con todo, los mapuches tienen perfecta conciencia de su impor­tancia y del tipo de maquinaria más o menos apropiado para sus necesidades y, por supuesto, de su dificultad para conseguirla, por lo que aquí el análisis se convierte en uno de sus efectos potenciales, más que reales, sobre la cultura mapuche.

Mc  Luhan  (1974:16)  en un trabajo bastante conocido por que dice que "el medio es el mensaje", ha hecho ver que "... el 'mensaje' de cualquier medio o técnica es el cambio de escala, de pauta, de paso, de ritmo que introduce en los asuntos humanos".  La cultura étnica tiene usualmente  sus propios  ritmos y escalas de trabajo, de vida inserta en la naturaleza; toda su cultura, y dentro de ella sus costumbres y creencias, no son más que normas basadas en ese ritmo,  dándole su expresión y a la vez su medio de reproducción.   Así por ejemplo, moler el trigo en la forma tradicional no sólo era un trabajo lento y hasta pesado, sino que también era un medio más por el que se socializaba la niñez, al ver trabajar y al ayudar a sus padres y también era una forma donde se organizaba el trabajo familiar.   Las cosechas implicaban una forma especial de organizar la comunidad,  al mismo tiempo que implicaba ritos propiciato­rios.   Hoy la presencia de los molinos ha significado la ausencia de algunas de esas actividades hogareñas y un motivo más "para ir al pueblo", las cose­chas mecanizadas traen la consiguiente organización  distinta y nueva del trabajo y la desorganización de las formas antiguas, más ritualizadas, a la vez que se convierte en una aspiración insatisfecha cuando no se la puede conseguir, incrementando la sensación de pobreza material. Pequeños molinos operables con motores a explosión ya han  llegado a algunas comunidades.

Del mismo modo, la existencia de motobombas muchas veces significa la posibilidad de nuevos tipos de siembras, incrementando la intensidad de producción y requiriendo otro tipo de organización  del  trabajo  para hacerla eficiente.  Naturalmente, siempre hay un lapso de tiempo,  en años, en que la llegada de la nueva tecnología significa cambio y reorganización básica del grupo social que la utiliza.

También  es  importante considerar que con la nueva tecnología, muchas veces se introducen cambios de roles y estatus de los individuos.  Una persona que normalmente podría haber estado muy bajo en la escala social y por lo tanto, de autoridad, puede llegar a ser muy importante si se convierte en el único mecánico, por ejemplo, que puede hacer andar eficientemente a un artefacto vital para la comunidad, con lo que, a la vez, estará en posesión de un diferencial de poder que le confiere una autoridad que no tendría por otros medios.

Hay que dejar en claro, eso sí, que no se pretende ver la tecnología como un elemento negativo,  que hay que evitar, sólo se trata de tener presente su papel como agente, a veces activo y a veces pasivo, de cambio cultural para la sociedad mapuche.

 

 
CONTINÚA