Cambio Cultural en la Sociedad Mapuche

 

Para una Antropología del Mueble Mapuche

y objetos de uso práctico.

Tomás Austin Millán, Antropólogo Social y Sociólogo.

Trabajo escrito para el

"Concurso de Innovación en Diseño de Muebles con Estilo Mapuche".

Organizado por CONADI, SERCOTEC y la Universidad Mayor

para emprendedores y microempresarios indígenas

de las Regiones VIII, IX y X.

Temuco, Agosto 2006

 

Parte I: Teoría antropológica.

En el estudio antropológico del mueble nos interesa averiguar todo lo relativo a la manera en que los muebles son parte de la cultura de un grupo determinado de personas.  Los muebles que nos preocupan son parte de la economía étnica y como tal encontramos dos grandes divisiones de estudio: “Primero, se presenta el problema de saber qué hacen las personas para sacar del medio en que viven las cosas necesarias para la vida; en esto, lo que nos importa son los medios con que se explotan las riquezas naturales y el tipo de actividades sociales que tienen que ver con la reducción.  En segundo lugar, tenemos que ver qué se hace con los bienes una vez producidos.  Por supuesto, se consumen en definitiva (en su mayor parte), pero frecuentemente intervienen complejos mecanismos de distribución e intercambio, y no todos éstos pueden comprenderse simplemente en términos económicos.”[1]   Como el conjunto de tópicos de estudio que trae a colación se refieren a un grupo sumamente amplio de situaciones, acciones y objetos, nos vemos en la necesidad de categorizarlo en un conjunto de fenómenos y actividades afines que nos orientan hacia dónde buscar, por lo que los fenómenos en estudio son:

Producción de muebles y objetos afines. Contemplando:

·         Las necesidades que se satisfacen con ellos;

·         la escasez o abundancia de muebles y objetos en la comunidad (asociados a la dificultad para hacerlos o venderlos/comprarlos, si son escasos; o de la competencia, formas de superarla y las asociaciones de grupos, si hay abundancia);

·         Habilidades y conocimientos puestas en práctica para producir los muebles y objetos (aspectos técnicos: diseños, confección, acabado, pulidos, colores, etc.)

·         La forma de conseguir/obtener los materiales necesarios para producirlos.

·         Los materiales mismos con que se confeccionan

·         Herramientas usadas y forma de confeccionarlas u origen.

·         Diseño, incluyendo estudios de las huellas y patrones culturales propios de los grupos humanos estudiados. Pero principalmente la manera en que ciertos diseños tienen importancia ideográfica o mágica, es decir, por ejemplo, son tradicionales (siempre se han hecho así), o tienen poderes mágicos porque atraen buenos espíritus o repelen a los malos.

·         La forma de organizarse en la comunidad para lograr producirlos. “Cualquiera que sea el tipo predominante de producción…, exige cooperación”, dice Jon Beattie[2], Alguien cortó el árbol, que otro convirtió en tablas, que un tercero convirtió en muebles, pero también puede producirse el caso de que haya sido hecho por un solo hombre, claro que no se preguntaría si en ese acto ¿No intervino nadie más de su familia, aunque sea para proporcionarle los alimentos que consumió durante el proceso?  Eso si, producir en comunidad implica automáticamente alguna forma de repartición de las utilidades del producto. Utilidades que pueden ser objetivas, como el dinero de la venta, por ejemplo; o subjetivas, como ser la deuda de compromiso que se crea con el trabajo gratuito que se presta en el “mingako mapuche” o la “minga de chilota”, donde el que recibe la ayuda de miembros de la comunidad para alguna cosecha, o trabajo de envergadura, queda en deuda con los que le ayudaron, estos últimos obtienen un debito de favores, que cobrarán más adelante cuando ellos mismos tengan alguna necesidad de trabajo colectivo. Por otro lado el trabajo individual corta con esa creación de lazos de reciprocidad y promueve la individualidad familiar: ya no se depende de nadie más alrededor, lo que obliga a la búsqueda de trabajo asalariado para financiar las actividades agrícolas propias.

·         Las creencias asociadas con dichos objetos.

Distribución de los muebles y objetos producidos.

·         Medios usados para la distribución.

·         Rango o amplitud del territorio en que son distribuidos.

·         Forma en que los productos llegan al mercado, es decir, la manera en que se contacta a los productores por parte de los clientes o intermediarios, si los hay.

·         Adquisición por intercambio o por venta.

·         Estatus que se adquiere a veces, por la posesión del objeto. “Cada miembro de la sociedad posee un estatus en relación con el objeto de propiedad.  A su vez el estatus tiene asociado un rol, o modo acostumbrado de comportamiento, que, por una parte, determina los derechos de cada persona al uso del objeto, y, por otra, prohíbe o limita su empleo”.[3] (Hoebbel 428)

Distintas formas de uso una vez adquiridos

·         Uso individual, familiar o social de los muebles en cuestión. Propiedad individual o colectivo-social. Muebles de uso social son, por ejemplo, las bancas largas hechas a mano, usadas en los Centros Comunitarios rurales. Hoebel dice que “la naturaleza esencial de la propiedad debe buscarse en las relaciones sociales más bien que en ninguno de los atributos inherentes de la cosa u objeto de lo que llamamos propiedad.  En otras palabras, la propiedad no es una cosa, sino una red de relaciones sociales que rige la conducta del pueblo en relación con el uso y disposición de las cosas”[4].(Hoebles 427-28)  

·         Muebles u objetos usados para regalos o intercambio recíproco.

·         Usos rituales de muebles u objetos. El que puede ser permanente (la cosa en cuestión se usa solamente en prácticas rituales, como el kultrun) o temporal (la cosa se usa indistintamente en la vida cotidiana y en prácticas rituales).  “Es útil distinguir entre el valor utilitario o material, basado en el uso, y el valor ritual o de “incremento del estatus”, basado en la particular consideración en que se tienen ciertas cosas y condiciones, independientemente del uso a que se destinan[5]”.

·         Creencias asociadas a los muebles: que pueden atraer buena suerte o mala suerte, o “llamar” espíritus positivos o negativos.

·         Usos según habitaciones de la casa: de la cocina, del dormitorio, etc.

·         Usos según el lugar en que se usan: colgados, sobre el suelo, arrimados, en el centro de las habitaciones, etc.

Según “Según el principio del esfuerzo individual, la posesión en propiedad de efect0os muebles es asignada generalmente a la persona que ha elaborado el objeto mediante su propio esfuerzo individual”  --a diferencia de los bienes de confección colectiva, como las embarcaciones, o las chozas u otra clase de habitaciones que son de confección colectiva y por lo tanto pertenecen a toda la colectividad—“Las mujeres primitivas poseen generalmente la cerámica que ellas mismas han modelado.  Un hombre es propietario de la lnaza o el hacha que ha fabricado,  Existe un cierto modo de identidad psicológica entre el artesano y su creación como si se tratase de una extensión de su personalidad.  La mayor parte de la humanidad ha reconocido esta identidad y ha la respetado estableciendo mecanismos de protección a la misma bajo la forma de instituciones de la propiedad personal.  El reconocimiento de este aspecto de la propiedad no implica el olvida de que siempre se hallan presentes limitaciones sociales sobre los derechos del propietario individual[6].

También es importante el grado de pertenencia de los objetos muebles a una familia después que su propietario inicial por derecho de confección (tratado en el párrafo anterior) ha muerto.  Muchas veces quién hereda los muebles u objetos depende de convenciones sociales, o del acuerdo de las partes.  Cuando hay desacuerdo pueden darse conflictos familiares muy serios y de larga duración, especialmente cuando estos bienes muebles representarán una forma de mostrar la pertenencia a un linaje familiar determinado.

Técnicas de preservación, de recuperación de muebles tradicionales, incluyendo información acerca de lo que se encuentra en los museos. En épocas recientes, los museos han comenzado a recuperar muebles y artefactos de origen étnico que servían de distinta manera al interior de los hogares indígenas.  A partir de este interés se han comenzado a recuperar algunos objetos que despiertan curiosidad y permiten explicar un poco mejor la vida cotidiana de los indígenas de América Latina.  Sin embargo esta es un área de investigación muy escasamente recorrido por los antropólogos y etnólogos del pasado, ya que la vida cotidiana, especialmente la del hogar indígena, o eran muy privados o no revestían importancia en la formulación de teorías por la modestia de sus objetos.  ¿Qué podría aportar a la creación de teorías fundamentales la confección y uso de una humilde cuchara?.  Sin embargo con el advenimiento de teorías de carácter ecológico, con la curiosidad por la producción y el consumo de energía, los elementos para su uso han cobrado relevancia, ya que muchas veces esos implementos como ollas, cazos, los fogones, etc., revelan qué clase de alimentos se cocinaban y cuánta energía se ganaba con ellos.

  

Parte II: Los muebles e implementos mapuches.

A pesar de lo atractivo que pudiera parecer hablar de una antropología del mueble mapuche, la decepción se produce cuando uno se entera que los únicos muebles realmente tales en la ruca mapuche eran la cama (Kawitu) y los banquitos para sentarse (Huanco). 

La primera, el kahuitu o cama estaba empotrada al piso con dos o cuatro vigas o maderos sobre los que se ponía un entramado de tiras de cuero y fibras vegetales que hacen las veces de somier, mientras que una cubierta de cueros de oveja hacen las veces del colchón. Pascual Coña[7], en su libro relata que “para la confección del catre cortan cuatro estacas terminadas en horquillas.  Esas las plantaban en el suelo y colocaban dentro de sus ganchos dos trocitos cilíndricos, el uno en la cabecera, el otro en el extremo opuesto.  Además cortaban varas más largas bien derechas, las que hacían descansar, ajustando una a la otra, sobre los trocitos ya nombrados, en que las amarraban; así se formaba el catre. Luego extendían una estera por encima de las varas; dejaban puesto en la cabecera un haz de cañas de trigo cono almohada.  Finalmente cubrían el catre con un montón de pellejos, frazadas, mantas y capas para cobijarse con esas piezas. Es ésta la forma tradicional de la cama indígena.”  Esta práctica de los cueros de oveja como colchones se extendió a toda la patagonia chileno argentina y era la cubierta normal de los camastros de madera, hasta hace un par de década atrás, y aún se usa en unos pocos lugares.

Foto1 Cama de  una ruca mapuche.

 

Puesto que se ha mencionado la cama, también estaba el kupulhue en que se ponía a los bebés a modo de cuna.  Se trata de una especie de marco de madera, cubierto con cueros o tejidos por un lado de manera que pudiera cerrarse con el bebé firmemente en su interior.  De esta manera el pichiche (bebé) podía ser transportado a cualquier parte, en los brazos o, mediante unas cuerdas especiales podía ser colgado a espaldas de su madre, como si fuera una mochila, también podía dejarse al kupulhue afirmado en un costado, caso parado, de manera que se ha dicho que el niño mapuche se crecía mirando hacia el frente desde muy pequeño, a diferencia del bebé winka que sólo mira hacia el techo.

Los banquitos o Huankos, despiertan curiosidad por su forma y se explican por la necesidad de contar con un elemento para sentarse alrededor del fogón de la ruca.  Es cierto que a menudo se usaban troncos de árbol como asiento, pero los ancianos y demás personas de alto estatus en el lof o clan mapuche usaban estos banquitos, que variaban ente los de hechura áspera hasta los más pulidos.  No hemos observado huankos tallados, pero hemos oído que algunos si lo estaban.  Su principal característica es que son muy bajos, no se empinan más de 35 a 40 centímetros del suelo y eran muy prácticos para ubicarse cerca del fuego en invierno o para dejarlos en cualquier lugar de la ruca, donde no estorbara, durante el día. Pascual Coña relata que “para asentarse usaban a veces unos taburetes chicos o cortes redondos de troncos, los cuales solían acolchar algo.  Pero la gran mayoría de la gente se sentaba en el suelo sobre pellejos ovejunos extendidos.  Al sentarse cruzaban los hombres sus piernas delante de sí, mientras que las mujeres se sentaban sobre sus piernas dobladas (como lo hacen hasta hoy).[8]

No existían otros muebles --o artefactos utilitarios para acomodar las cosas--  al interior de la ruca que siempre lucía muy llena de toda clase de cosas, productos y herramientas que usaba la familia para su sustento y supervivencia. “Mesas no conocían los antiguos”, decía Pascual Coña, “Cuando los mapuches se sentaban a comer, se les arreglaba un pellejo en el suelo; así se sentaban.  Los platos con comida se ponían en el suelo desnudo.  Para los caciques solían desplegar por encima del pellejo una frazada y colocar una calza; contra  este sostén se arrimaban los caciques mientras estaban sentados.”[9]  Esto último nos recuerda que para el pueblo mapuche las personas importantes, de estatus dentro de la comunidad y los familiares recibieron y reciben un trato especial, se busca darles confort y comodidad para que tengan su visita en buen recuerdo, por lo que solían haber pontros, cueros de oveja bien cuidados y sobados, frazadas especiales para que se sentaran las visitas, de manera que se sientan cómodos y gratos y la conversación y la amistad surja con fluidez. Solía haber una silla especial para el dueño de casa y con el tiempo y la modernidad se fueron agregando cojines y sillones, pero al elevarse los medios para sentarse a conversar, se fue haciendo necesario agregar, primero cajones que sirvieran de mesitas, hasta que se fueron incorporando mesas y otros muebles a la usanza de las casas occidentales.

Entre los otros instrumentos o utensilios mencionadas por Pascual Coña y recordado hasta hoy por mucha gente, esta la piedra para hacer harina tostada, la que actualmente son vendidas a buen precio en casa de antigüedad, para adornar los hogares de mucha gente que usualmente sabe su uso original y que lo ve como un recuerdo de un pasado que ya no vuelve. “En ninguna ruca mapuche faltaba (ni falta) el instrumento para hacer harina tostada.  Se tiende en el suelo una piel, llamada trecüm o recipiente para lo molido, sobre la cual se asienta la piedra de moler; su cabeza descansa sobre un madero algo arqueado para que la harina se corra hacia la piel al pie de la piedra.  Encima de la piel se coloca la muela o “mano de piedra”.  Listo todo, se hecha a puñados el trigo tostado sobre la piedra, se empuña la “mano” en ambas puntas y (por medio de su roce con las piedra) se tritura el trigo tostado.  La harina tostada se guarda en la bolsa, llamada yapag[10] o llafan[11].

           

"Manos de piedra", Museo Araucano de Temuco

Otro de los elementos de la ruca solía ser un entramado de varas de coligüe que se colgaba sobre el fogón y que servía para secar alimentos sobre el fuego o para ahumar carne o ajíes, entre otras cosas.  Ocasionalmente servía para secar las prendas de vestir mojadas por la lluvia. Suele aparecer en algunos dibujos antiguos y no hemos podido recoger su nombre.

Más muebles o cosas que cumplieran esa función no habían y es interesante la descripción de Pascual Coña al respecto: “Una infinidad de otras cosas más albergaba la casa: todos los útiles del trabajo, la silla de montar con sus debajeros, los yugos con cabresto y lazos, las ollas para la preparación de las comidas y otra de ubre de vaca para guardar la sal, platos y cucharas (de palo), fuentecitas y vasos de caco; todo lo posible que sería largo de enumerar”.

No existían muebles para guardar, como armarios, cajoneras o roperos, pero, según Coña, “para guardar la platería, vestidos festivos u otros artículos de valor se proveían los mapuches de la bolsa zurrón”.  Esta bolsa, como lo relata Coña, era una piel de cordero sacada entera del animal, sin abrir, excepto por los extremos, una vez seca era curtida a mano y cocida por los extremos, “cerrando los cortes, dice Coña, la ponían en condiciones aptas a recibir los objetos y a evitar que se cayeran o perdieran las especies guardadas.  Esa bolsa zurrón hacía las veces de armario entre los araucanos antiguos.”[12]

 

Los muebles incorporados en la cultura mapuche.

Los cambios en la cultura mapuche se producen en la cultura general, los que han resultado significativos para la incorporación de muebles y utensilios modernos heterogéneos:

En materia de religión, la que originalmente servía como legitimadora del orden moral, social y cultural del grupo, ha presenciado la profunda intromisión de religiones occidentales, con lo que se han introducido también los elementos y objetos de uso en esas religiones, las que simultáneamente implican un modo de vida occidentalizado que requiere de la incorporación de muebles y utensilios occidentales al hogar.

En lo concerniente al uso especializado para la religión que pudieran tener algunos muebles o implementos mapuches, no hay nada de esto, las actividades religiosas como el nguiñatun o curativas como el machitun, no requieren de muebles o implementos especiales para la ocasión.  Se usa todo aquello que la oportunidad requiere y esta a mano.  Esto para los muebles e implementos de la casa, puesto que las actividades religiosas cuentan con ciertos elementos sagrados como el rehue o el kultrun que no corresponden a las categorías de “muebles” ni “implementos” de la vida cotidiana.

El lenguaje vernáculo es conservado principalmente por los abuelos, los padres en general comprenden el mapudugun, pero los hijos lo comprenden muy poco, junto con ese lenguaje se van también los nombres de las cosas de uso corriente en el hogar tradicional mapuche.

La historia ancestral era contada por los weipifes, en las tardes de invierno o durante las ceremonias y rituales importantes en que se hacía necesario recordar el linaje común de la familia o el lof (clan), ese podía ser uno de esos momentos en que se juntaban las familias y las visitas alrededor del fuego, en los pontros, cojines y sillones especiales para los ancianos, las personas de alcurnia y el dueño de casa.  Hoy los especialistas en recordar la historia de la familia ya casi no tienen quién los escuchen, o han desaparecido de las familias, así que las ocasiones para juntarse y volver a utilizar los implementos del hogar comunes a la familia, ya no existen ni son necesarios.

En la medida que la ruca desapareció como forma de vida, desaparecieron sus elementos para llenarla, en su lugar ha surgido la casa campesina con los muebles comprados en la ciudad.

Las festividades tradicionales casi desaparecieron, si bien se mantienen el nguillatun y los machitunes, donde hay machi, porque en muchas comunidades casi no quedan machis que se comuniquen con los espíritus ancestrales. El wetri pantru vuelve a recuperarse, pero sin toda la significación que tenía en el pasado. Otras festividades para celebrar la amistad y para reforzar los lazos de reciprocidad entre comunidades o lofs ya han desparecido y casi no queda recuerdo de ellas.

También las medicinas tradicionales casi se han olvidado.  En tiempos antiguos hombres y mujeres de todas las familias sabían que plantas eran buenas para curar la mayoría de las enfermedades comunes.  Se recurría a la machi cuando el mal era mayor.  Hoy son en su mayoría los abuelos los que recuerdan el uso de las plantas medicinales, el resto de la familia recurre a la medicina occidental moderna.

La vestimenta masculina tradicional se ha pedido, malamente saben algunos como se vestiría un hombre mapuche a la usanza tradicional.  Conservan su vestimenta las mujeres, pero nos dicen que la mayoría de las familias han perdido hace tiempo las joyas familiares.  Antiguamente la familia conservaba sus joyas de generación en generación.

Los sistemas productivos tradicionales requerían de herramientas igualmente vernaculares.  Hoy las herramientas modernas están por todas partes si bien, los sistemas productivos se resisten a cambiar con igual celeridad, prefiriéndose aún el trigo y la crianza de ovejas como un tipo de productos seguros, que pueden durar para todo el año, a diferencia de una producción dependiente de los vaivenes del mercado.

Finalmente los juegos tradicionales, tanto los juegos de niños como los de adultos, principalmente el palín (la chueca), tienden a desaparecer en la medida que niños y grandes prefieren los juegos occidentales, entre los que se destaca la inmensa afición al fútbol por parte del pueblo mapuche.

Foto 3. Silla artesanal de ñocha.

 

Los muebles se incorporaron lentamente en la cultura mapuche y podría decirse que en la medida que fue desapareciendo la ruca como vivienda, también fueron apareciendo los muebles que habitaron la casa campesina. Al parecer, los primeros muebles que se introdujeron en la cultura mapuche fueron las mesas y los roperos, de lo que queda abundante recuerdo entre la gente de más edad. Con el tiempo se introdujeron las sillas y los “bancos” o “pisos” de madera, confeccionados con tablas hechas con hacha, no cortadas con sierra, y con entramados de “ñocha”, caña que se da en abundancia en la zona mapuche.  Estas sillas y banquitos aun son vendidos ocasionalmente casa por casa en los barrios de Temuco.

Según cuentan los mapuches más ancianos, era una demostración de riqueza tener un ropero, en este caso se trata de uno de esos antiguos muebles de madera que existían en décadas pasadas.  De alguna forma encontraban su acomodo al interior de la ruca.  Posteriormente habrían entrado las camas en su versión más barata.

Cuando el campesinado mapuche comenzó a construir casas, las rucas fueron desapareciendo y las casas se llenaron de muebles.  En general los muebles actuales son curiosamente bajos o pequeños y el “trinche” o el “aparador” de cocina y la “cajonera” para el dormitorio se han convertido en los muebles más comunes en el mundo campesino mapuche. Hasta hace unos 15 años atrás, los muebles eran de hechura bastante tosca, dependiendo de la habilidad y la disponibilidad económica de los dueños da casa para hacerlos. En tiempo modernos el auge económico ha significado que muchos miembros de las comunidades mapuches se hayan convertido en mueblistas por la práctica o porque han estudiado en un liceo técnico, de modo que se han convertido en constructores de muebles con cierta tendencia a diseñar los muebles a gusto de sus clientes, pero sin llega a desarrollar plenamente un estilo de muebles que incorpore plenamente los diseños iconográficos tradicionales o étnicamente identitarios, si bien comienzan a surgir algunos cultores. Por otra parte, en los sectores aledaños a las estaciones de buses al sector rural de todas las ciudades importantes de la IX Región, se han llenado de mueblerías pequeñas o grandes, que ofrecen sus muebles baratos al campesinado mapuche y no mapuche de toda la región, indicando que sus productos tiene salida hacia las comunidades campesinas y que es un buen negocio.

Respecto de la alfarería utilizada en el hogar mapuche, su práctica es muy antigua y precolombina.  Cada comunidad fabricaba sus propios cacharros de barro siguiendo las formas tradicionales de su locación geográfica, si bien es posible que muchos lugares carecieran de barro adecuado para su confección.  En ese caso cada familia obtenía utensilios por medio del intercambio de piezas de alfarería por otras cosas que fueran útiles para la familia y la comunidad de los alfareros. Los mapuches demostraron gran habilidad en la confección de útiles de barro, llegando a confeccionar, en algunos sectores, incluso urnas mortuorias de barro cocido.   En cuanto al tipo de implementos hechos de barro, generalmente se trataba de cántaros o contenedores de líquido, pero se observa que no era un material preferido para la confección de platos y fuentes, posiblemente porque éstos se hacían más fáciles y duraderos de madera.  También se confeccionaron contendores de granos con la ubre seca de vaca. Algo común de ver en los museos del sur de Chile y de Santiago.

Museo Araucano de Temuco.

Bibliografía

John Beattie, Otras Culturas, Fondo de Cultura Económica, México 1974

Pascual Coña, Testimonio de un Cacique Mapuche, Pehuen, Santiago, 1984

Douglas, Mary, Isherwood, Baron: "El mundo de los bienes. Hacia una antropología de los bienes", Grijalbo, 1990.

Admason Hoebel, Antropología, Ediciones Omega 1973


 

[1] John Beattie, Otras Culturas, Fondo de Cultura Económica, México 1974, página 241.

[2] John Beattie, citado p. 244.

[3] Admason Hoebel, Antropología, Ediciones Omega 1973: Pág. 428

[4] Admason Hoebel, citado: Pág. 427-28

[5] John Beattie, citado, página 260-1.

[6] Admason Hoebel, citado: Pág. 426

[7] Pascual Coña, Testimonio de un Cacique Mapuche, Pehuen, Santiago, 1984, Pág. 179-80.

[8] Pascual Coñas, citado, Pág. 180.

[9] Pascual Coña, citado, Págs. 180-81.

[10] Bolsa hecha de cuero de un animal nuevo. Es muy probable que la palabra “yapa”, lo que se solía pedir antiguamente al almacenero como pequeño regalo por comprarle, viniera de la palabra “yapag”.

[11] Bolsa de la piel de coipo o nutria.

[12] Pascual Coña, citado, Pág. 181-82.

 

Foto 1.  De Carolina Contreras Sáez, tomada en mundofoto.net