Normas comunitarias en dos pueblos Postnahuas 

de Tlaxcala en México

 

Guillermo Davinson Pacheco

Asistente Social, 

Magister en Antropologia Social (Universidad Iberoamericana México), 

y actualmente docente del Departamento de Trabajo Social 

de la Universidad de la Frontera de Temuco (Chile).

gdavins@hotmail.com     

 

Introducción:

     El presente artículo describe la práctica del embargo en dos pueblos postnahuas del estado de Tlaxcala en México, Santa Apolonia Teacalco y San Felipe Cuauhtenco, respectivamente. En esta última localidad era llamado la recogida y en la actualidad no se ejerce, pese a que muchos de los mayores recuerdan haberla practicado. En cambio en Santa Apolonia se le denomina el embargo y sigue siendo utilizado por sus habitantes para hacer exigir muchas de las cooperaciones acordadas por el pueblo. Constituye un acercamiento descriptivo a las realidades indígenas de Tlaxcala y del México para muchos desconocido.[1]

El contexto etnográfico los dos pueblos Tlaxcaltecas: Santa Apolonia Teacalco.

    En el altiplano central mexicano, a 2,200 metros sobre el nivel del mar se ubica el municipio de Santa Apolonia Teacalco al sur del estado de Tlaxcala. Colinda al norte, sur y poniente con Nativitas otro municipio del cual se escindió. Al oriente limita con el municipio de Tetlatlahuca. Según información del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI México) Santa Apolonia comprende una superficie de 7,91 kilómetros cuadrados, que representa el 0.19 por ciento del territorio estatal. La entidad federativa comprende en tanto 4,060.923 kilómetros cuadrados. En cuanto a los aspectos sociodemográficos, y de acuerdo al conteo del censo de población y vivienda del 2000 habitan el municipio 3,676 habitantes distribuidos en 747 viviendas. De este total comunal, 1,722 son hombres y 1,954 son mujeres. La población se concentra en la cabecera municipal que lleva el mismo nombre del municipio, (Santa Apolonia Teacalco) y se constituye en el centro más poblado con 3,633 habitantes. Otros lugares con concentración de población en este municipio, son el Nuevo Centro de Población Agraria, (conocidos por sus siglas N.C.P.A) de San Antonio Teacalco.

El estado de Tlaxcala, (el suroeste) es el área que cuenta con mayor concentración demográfica y una muestra de ello es este municipio, cuya densidad de población es de 468.64 habitantes por kilómetro cuadrado. El municipio se encuentra ubicado en una zona del Estado de Tlaxcala que es conocida como el jardín de Tlaxcala. Ello como producto de la buena calidad de las tierras y de la infraestructura agrícola con que cuenta, principalmente por sus recursos hídricos. La tierra es dedicada principalmente, para el cultivo de productos agrícolas, tales como tomates, maíz y para el cultivo de forraje ganadero.

      El mayor dinamismo de la economía está dado por el sistema agroganadero que opera en este municipio. Este consiste en destinar una gran cantidad de tierras para el cultivo de forrajes por un lado y de productos agrícolas altamente comerciales como son los tomates verdes en otro ámbito. Permitiendo con ello que los cultivos de forrajes sean para alimento de ganado vacuno y la venta de tomates una vez posibilite la compra becerros y otros insumos necesarios para la actividad ganadera.

     Otra actividad económica del municipio es la cestería que tiene, en términos culturales y tradicionales, gran importancia. Esta actividad es complementaria a las anteriormente mencionadas, sectores de donde salen los principales ingresos de la población. Quienes no participan en los circuitos agroganadero y artesanal emigran a las zonas industriales de la región o del país. Con frecuencia, también a los Estados Unidos de América y Canadá.

     La religión predominante del pueblo es la católica y de hecho el 80 % de la población se auto refiere como tales, según información de la presidencia municipal. El pueblo cuenta con dos templos; a) la capilla de Cristo Rey en las afueras del pueblo y b) la Parroquia de Santa Apolonia. El restante 20 % de la población del municipio pertenece a otras religiones, como son; testigos de Jehová y protestantes de la iglesia del evangelio eterno. Esta última, tiene una presencia de larga data en el pueblo, prueba de ello es que construyó su templo en 1924.

     La fiesta patronal es el 9 de febrero y todos los gastos que emanan de estas celebraciones son pagados por el pueblo y los dineros administrados por los fiscales. Santa Apolonia es patrona de los dentistas, así durante las fiestas en su honor, el presidente municipal auxiliar invita a odontólogos de la región, de Puebla y otros pueblos vecinos para que brinden atención dental gratuita a la población del pueblo. La fiesta patronal es organizada a través de un sistema rotativo donde cada uno de los tres barrios en alguna ocasión le corresponde su organización. [2]

San Felipe Cuauhtenco del Municipio de Contla de Juan Cuamatzi

      Se ubica en las faldas nororientales del extinto volcán de La Malinche, a una altitud de 2.480 metros sobre el nivel del mar, también en el Estado de Tlaxcala. Es la quinta sección del municipio de Contla de Juan Cuamatzi cuya cabecera es el poblado de San Bernardino Contla. El pueblo de San Felipe Cuauhtenco abarca una superficie de 3 kilómetros2 y su población es de 1,839 habitantes, que se dividen en 951 hombres y 888 mujeres. En términos censales, es una localidad, es decir; se encuentra en el segmento de entre 500 y 2,499 habitantes categoría que maneja el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI) para estos efectos. El clima predominante, durante la mayor parte del año es templado – húmedo, con lluvias en verano y tiende a ser más frío conforme se asciende hacia las alturas del volcán de La Malinche. En lo que es el pueblo y referido a las viviendas, la mayoría de las casas son de un piso, con techos de láminas galvanizadas y vigas de madera expuestas como cielo raso. Los muros son de materiales mixtos, block y cemento, adobe y corteza de árbol en los menos de los casos. Respecto a sus divisiones, la mayoría tiene una habitación principal, que sirve de sala y comedor a la vez y otros cuartos para recamara. Además, se encuentra lo que los habitantes llaman; cocina de humo, donde junto al tlecuil, (fogón o brasero) se encuentra el comal para elaborar las tortillas diarias.

                En la actividad agrícola destaca el cultivo del maíz, primordial para sus habitantes. La calidad de la tierra según los lugareños es de buena calidad, pero se debe emplear fertilizantes. En cuanto a otras especies y sembradíos del pueblo, el nopal se cultiva en los mesurcos lo que ellos refieren como límites, habitualmente magueyes o arbustos, que puestos en hileras delimitan las milpas.[3] El nopal representa en ciertas épocas una fuente importante de alimentación para los habitantes de San Felipe. También se siembra fríjol, calabaza y habas. Una de las hierbas comestibles más consumidas es el quelite que se encuentra con facilidad en la zona y se prepara hervido o frito y cuyo uso preferente es para la elaboración de salsas. Entre los frutales, se cuentan ciruelos que se siembran frecuentemente cerca de la casa o en los mesurcos.

                Los animales de corral que se crían son; gallinas, guajolotes, patos y algunos gansos. En lo que es el ganado mayor y menor, algunas familias cuentan con ejemplares que no superan los tres por grupo domestico; tales como bueyes, caballos, vacas y semilas, expresión local esta última para referirse a la acémila, mula de carga. Se encuentran puercos (2 ó 3 ejemplares por familia) en aquellas viviendas con patios extensos. Las casas ubicadas en la periferia del pueblo crían borregos En otro orden, la población de San Felipe (utilizando el criterio de la lengua) es predominantemente indígena y como tal es perfectamente posible clasificar al pueblo bajo esta categoría. La gran mayoría de sus habitantes habla el náhuatl, pese a que los jóvenes dicen; no hablarlo, pero si entenderlo. Culturalmente es una unidad social con fuerte identificación con su pasado indígena, por lo cual comparte con muchos otros pueblos vecinos, características étnicas predominantemente indias. Bajo este criterio, en parte acomoda la definición de post-nahua elaborada por Mulhare (2002) que sobre el particular refiere a aquellas personas que tienen ancestros nahuas pero que han adoptado nuevas formas de vida en el siglo XX. Si bien está circunscrito esta definición a pueblos, a unidades sociales que han perdido la lengua. En tal sentido cabe precisar que el idioma no ha desaparecido, pese a un creciente proceso de aculturación en donde el idioma español hegemoniza parte importante de la comunicación entre estos habitantes y los principales centros políticos. La economía local la conforman principalmente cuatro áreas productivas que constituyen los ejes sobre los cuales el pueblo desarrolla su vida económica. Los vecinos mayoritariamente se ubican en algunas de estas cuatro actividades, a) agricultura, b) actividad textil, c) trabajo en fuentes externas a la localidad y d) comercio y mercados. Utilizando el criterio del número de personas que se dedican a cada una de ellas es posible en orden de importancia individualizarlas de esa forma. Estas fuentes de trabajo han presentando distintos ritmos de evolución en la dinámica económica del pueblo.

La religión predominante del pueblo es la católica la cual es avalada por la presencia de dos templos en el centro de la localidad que protagonizan la vida religiosa de sus habitantes. Con respecto al sistema de cargos religiosos, San Felipe se organiza en torno a las mayordomías existentes en el pueblo. [4] El fiscal es la máxima autoridad religiosa en esta estructura de cargos, más tres fiscales auxiliares. Debajo de esta cúpula se encuentran cada uno de los ayudantes del fiscal, en este caso los mayordomos, que son responsables de cada una de las 12 mayordomías del pueblo. Existen tantas mayordomías como santos con imágenes en las iglesias, cada una encabezada por un mayordomo y sus ayudantes. Salvo en el caso del Santo Patrón que está conformada por el mayordomo, más un devotado, un topile y tres tequihuas que totalizan 6 personas. Están, además, las hermandades, grupos de personas devotas de un determinado santo que peregrinan a los diferentes santuarios del estado y de la República. Las imágenes de los santos se encuentran en las casas de estas personas. Cuentan, al igual que las mayordomías, con mayordomo, un devotado, un topile y 3 tequihuas. Las hermandades además de realizar peregrinaciones colaboran en la fiesta del Santo Patrón. La elección de la cofradía se lleva a cabo el 12 de diciembre tradición que se inició desde que la Virgen de Guadalupe era la patrona del pueblo. Ese día se acuerdan la elección de los cuatro fiscales y los doce mayordomos, los respectivos devotados, topiles y tequihuas de cada mayordomía, más los dos sacristanes, los campaneros y el portero, para que desempeñen sus funciones por un año.

Organización del pueblo de Santa Apolonia: Normas y prácticas de gobierno local

En Santa Apolonia Teacalco destacan dos estructuras de organización de los ciudadanos. En orden de importancia deben mencionarse, la asamblea del pueblo, y luego el comité de agua de riego. Instancia esta última que se divide para las tierras ejidales y otro para las tierras de propiedad privada. De estas dos estructuras, la que concita el mayor peso y protagonismo en las decisiones locales es la asamblea del pueblo. Es en esta instancia donde se discuten parte importante de los problemas de la comunidad, pero por sobre todo, en nuestro caso, confluyen los poderes de decisión en materia normativa. Desde el punto de vista occidental, es posible asegurar, que la asamblea del pueblo reúne los tres aspectos clásicos de gobierno, a saber el legislativo, judicial y ejecutivo.

 No es casual que los nombremos en ese orden. La asamblea de Santa Apolonia, tiene la representatividad del pueblo, aseguran sus vecinos y ejecuta las decisiones sobre otros aspectos de la vida comunitaria como son obras de adelanto y mejoramiento de la localidad.

La máxima autoridad del pueblo es el presidente municipal auxiliar quien convoca y preside la asamblea del pueblo. En ella votan los 1,502 jefes de familia (2001) que para estos efectos son los cooperantes, hombres o mujeres viudas. Las mujeres pueden votar, pero no ser votadas. Dicha asamblea tiene dos períodos de sesiones, el primero, tiene lugar entre diciembre y enero, meses cuando se realiza el informe de gobierno del presidente municipal auxiliar y se eligen las nuevas autoridades. Se nombran en esa ocasión al nuevo presidente auxiliar, el suplente, el comité de obras materiales con su respectivo presidente, secretario y tesorero. Además el comité del agua potable, también con su presidente, secretario y tesorero. Será ocasión de elegir al juez menor de paz, los 6 comandantes (2 por cada barrio), los 3 notificadores o tequihuas (1 por barrio). Estas autoridades son elegidas mediante voto económico, es decir, de manera libre y directa.

                El segundo período es entre los meses de febrero a marzo, donde las nuevas autoridades presentan a la comunidad su plan de trabajo a la asamblea comunal. Las sesiones se realizan en la escuela primaria. Acuden los jefes de manzana y pasan lista de su respectiva manzana. Si un convocado no asiste es multado con $ 200.00 pesos (unos 20 USD) y 24 horas de bote[5] . El papel del jefe de manzana es importante para que la convocatoria a la asamblea tenga éxito, pues en el pueblo se considera que el jefe de manzana sabe que tiene que responder por su gente, así que los tiene que buscar personalmente para que asistan. En la asamblea del pueblo se tratan todos los asuntos concernientes a la comunidad, tales como los relativos a la construcción de obras públicas para el mejoramiento vial y por consiguiente los relativos a la cooperación de los pobladores (en dinero o en mano de obra) para la realización de dichas obras. Existe una tradición sobre la capacidad negociadora de la presidencia auxiliar con el gobierno del estado que ha derivado en grandes beneficios a la comunidad, según los lugareños. Dos ejemplos recientes, (2001) son la construcción de la unidad deportiva cuyo costo asciende a 6 millones de pesos y la remodelación de la parroquia. De la primera, el pueblo sólo pagó el terreno y de la segunda aportó con $ 100.00 pesos para la mano de obra (el 10%) del total de la obra. El resto lo asumió el gobierno del estado. [6]

San Felipe Cuauhtenco, sus cargos y organización

La estructura de los cargos civiles está conformada por el Presidente Municipal auxiliar como la máxima autoridad local. Le sigue en orden de subordinación e importancia, un primer comandante, jefe del cuerpo policíaco y responsable de materializar las aprehensiones. Le apoya un segundo comandante en esta labor. Seguidamente 10 policías que mantienen el orden en la comunidad, caracterizada por la normalidad del orden público que, además, distribuyen los citatorios a los ciudadanos y realizan rondas de vigilancia. No reciben entrenamiento y cuentan con uniforme que no usan. La labor policíaca en este caso, es sin retribución económica; en cambio el presidente municipal auxiliar percibe un salario por su cargo. Estos cargos son de elección popular, tienen una duración de tres años, no opera la reelección y su nominación se materializa en la asamblea comunal.

                Las asambleas comunitarias constituyen las instancias de decisión política de San Felipe y posibilitan la comunicación a los vecinos sobre temas de interés y en aquellos que se requiere de opinión y/o colaboración. En estas instancias se desarrollan las elecciones de los diferentes cargos civiles, se proporcionan informes de labores, se realizan votaciones sobre cooperaciones y se discuten las decisiones sobre el futuro del pueblo. La convocatoria a la asamblea es importante y los habitantes demuestran interés por asistir. Al no ser posible ir a la asamblea, algún miembro de la casa acudirá en reemplazo del citado. Los policías son los encargados de distribuir los aproximadamente 600 citatorios que el presidente auxiliar entrega al comandante. Se personaliza cada citatorio, para evitar que algún jefe de familia quede sin ser avisado. Los citatorios informan que sin excusa, ni pretexto se debe asistir a la asamblea, pues lo que se decida se considerará aprobado aunque se esté ausente de dicha actividad. Incluso, si alguno de los ausentes fuera nombrado en un cargo, deberá aceptar la responsabilidad, como si hubiera estado presente en la asamblea que determinó su nombramiento.

                Un hombre puede hacer los cargos al momento de casarse o vivir con mujer, independientemente de su edad. Los trabajos comunitarios los desarrollan aquellos considerados por la comunidad como aptos para hacer los cargos. En el caso del hombre soltero y residente en casa de sus padres, es este último (el padre) quien debe cumplir con las obligaciones del hijo aunque éste sea mayor de edad. Los hombres mayores de 60 años que no tengan hijos bajo su responsabilidad, están exentos de cargos y sólo deben pagar la cuota mensual del agua. Por el contrario, si el vecino es mayor de 60 años y tiene hijos solteros bajo su responsabilidad, tengan éstos la edad que tengan, debe cumplir el padre con los trabajos que demande la comunidad. La madre soltera, es considerada jefa de familia, sin embargo, contribuye solo con el 50 % de las cooperaciones, sean cuales fueren, con excepción del pago del agua que debe cubrirlo íntegramente. El hijo de la madre soltera, al alcanzar la mayoría de la edad, adquiere la categoría de ciudadano y comienzan sus derechos y obligaciones con la comunidad.

                Las decisiones asumidas por la asamblea del pueblo son canalizadas a través de los comités, los cuales desarrollan tareas y actividades comunitarias. Hace 30 años atrás los comités eran menos que los actuales y se concentraban las actividades en el agente municipal quien debía desarrollar mucho más labores que las del actual presidente municipal. Según un ex – agente municipal, una de las mayores habilidades que debía tener ese personero, era la capacidad de generar acuerdos y consensos, además de tener que viajar constantemente a Contla y Tlaxcala. Las diversas obras de adelanto comunitario han ido paulatinamente generando las distintas instancias (bajo la figura de comités) para apoyar dichas trabajos. Es posible entonces en tal sentido asegurar de una evolución de menos a más en cuanto a los comités de trabajo en el pueblo.

El sistema de embargos y la aplicación de justicia en el pueblo de Santa Apolonia    

El juez menor de paz, aunque no forma parte de la estructura formal de la presidencia auxiliar, en la práctica se coordina constantemente con esta entidad. El juez de paz tiene un papel importante pues es el encargado de mediar en la compra y venta de tierras. Así también, en los conflictos relacionados con las mismas. Sus principales funciones son 1) medir terrenos, 2) resolver algunos problemas que se presentan cuando no hay conformidad entre dueños de predios por las medidas de los terrenos, 3) y legalizar escrituras, entre las más importantes.

                El juez menor de paz entre otras de sus obligaciones se cuenta que debe manejar unas formas (formularios de compraventa) que los manda a confeccionar a Tlaxcala y que luego son mecanografiadas por la secretaria del ayuntamiento. Por el trámite de compraventa cobra $ 150.00 pesos, (unos 15 dólares), independientemente del objeto de la transacción comercial. Una vez confeccionado el contrato de compra y venta, acude al predio y ahí mide el terreno. Para ello pone piedras en los linderos como señales. El vendedor debe llevar dichas piedras, así se señala las lleva el vendedor, se las entrega al juez de paz y éste las entierra como indicadores de las medidas del terreno a ser comercializado. Todo este procedimiento se realiza en presencia de testigos. Para ello al lugar asisten el comprador, el vendedor, el juez menor de paz y dos testigos. Se consulta a los interesados su parecer en cuanto al precio, límites u otra particularidad y se procede a firmar el contrato. El juez menor de paz también debe intervenir cuando hay un conflicto entre vecinos, como por ejemplo, para la introducción de una calle; o cuando alguien fallece. Los pobladores siguen con la costumbre de acudir donde éste juez local, aunque después de la elevación a rango municipal, dicha función le corresponde al agente del ministerio público.

                Cuando la labor del juez no cumple su cometido algunas personas, valoradas por la comunidad cumplen el papel de arregladores, tal es el caso, de un vecino que llamaremos en esta ocasión como Rodrigo. De profesión maestro y que a sus 45 años de edad le ha correspondido en múltiples ocasiones conciliar a grupos en conflicto en el pueblo. Refiere su particular función, señalando que es buscado por las personas de la comunidad para fungir como intermediario en conflictos entre particulares. Los problemas que debe enfrentar son de distinta índole, matrimoniales generalmente, pero también otros delitos, tales como ofensas, robos y otros. También ha debido intervenir en conflictos mayores. Recuerda que en la década de 1970 dos familias se enfrentaron entre sí, a partir de que una de ellas acusó a una mujer de otra familia de estarle haciendo brujería. La mujer acusada, estando embarazada, fue asesinada en la puerta de su casa por el esposo de la mujer que decía estar siendo embrujada. Este asesinato desató otra serie de asesinatos, de una familia a otra, en los últimos 30 años.

                Este intermediario, participa del grupo, conocido como los pistoleros o pesados del pueblo, que es el apelativo a este tipo de intermediarios que se involucran en la resolución de los conflictos entre particulares. En el caso antes descrito nuestro pistolero propuso a ambas familias hacer un convenio de honor a fin de terminar con el largo conflicto. De seguir las muertes ambas familias serían expulsadas del pueblo. Otro caso recordado por este pistolero, fue en el caso de un homicidio imprudencial que tuvo lugar cuando un joven en estado de ebriedad atropelló a una mujer anciana provocándole la muerte. El grupo de los pistoleros hizo una reunión en una de las casas de los del grupo, a la cual fue citado un representante de la familia del joven homicida y acordaron que éste pagara los gastos de funeral y que se fuera del pueblo para siempre. Con este acuerdo – según este pistolero – ambas partes estuvieron conformes y así se evitó que la parte agraviada fuera a cobrar venganza de sangre contra el joven homicida. Este rol de intermediario, es porque la misma gente a uno lo busca y su experiencia en estas materias la atribuye al hecho de salir fuera del pueblo y tener otras experiencias lo capacita a uno para encabezar y asesorar a la gente.

                En otro orden, describíamos anteriormente que uno de los elementos que determinan la cooperación de los habitantes son las normas que al respecto se encuentran asumidas por sus habitantes. Ahora bien, como en todo grupo humano, muchas veces, es imposible poder cumplir con la norma y ello es previsto por la comunidad y para ello mantiene lo que ellos denominan el sistema de embargos. Es posible sintetizarlo señalando que consiste en embargar los bienes de un poblador que se niegue o no pueda pagar una cooperación económica, de estas que el sistema normativo ha establecido Dicha contribución como hemos visto, es impuesta por la asamblea del pueblo o la presidencia municipal auxiliar para la realización de alguna obra o actividad pública en el pueblo. El sistema de embargos ha tenido varias etapas en el pueblo.

1) Etapa de surgimiento. En 1954 a raíz del segundo rompimiento del bordo del río Zahuapan se inundaron casas y la zona de cultivos de la comunidad, provocando graves pérdidas económicas a los lugareños. Se convocó a una asamblea del pueblo y en esa oportunidad se discutieron las soluciones. Entre las muchas que se analizaron, prevalecieron las posiciones de aquellos vecinos, que querían cooperar para la reconstrucción del bordo y así evitar futuras inundaciones. Otros en cambio, se oponían aportar para un trabajo que técnicamente no aseguraba que no volviera a suceder dicho evento. Después de confrontar posiciones, de votó y se acordó por reconstruir el bordo. Para evitar que dicha medida fuese incumplida por los opositores, se estableció la norma de que quien no asistiera a las faenas se le embargarían sus bienes materiales. Medida que cobró éxito por cuanto, en un corto plazo los hombres del pueblo consiguieron el dinero y las cooperaciones para esta obra comunitaria. En ese entonces el agente municipal era Pablo Macuitl y formaban parte de su equipo de trabajo Leobardo Ortega, Pascual Sánchez, Faustino Pérez y Baldomero Sampedro.

2) Etapa de consolidación. En 1963 existía en el pueblo una escuela, la primaria Ramón Teja Andrade y contaba con primer y segundo grado de primaria. Así los niños del pueblo al tener que cursar el tercer grado debían acudir a la escuela del vecino pueblo de Nativitas. Los niños en ese pueblo eran discriminados, por ser indios patarrajadas. Ello motivó a la construcción de nuevas instalaciones para la primaria en el pueblo. La comunidad eligió unos terrenos aledaños al centro del pueblo, y en una asamblea se decidió plantearle a los dueños de esos terrenos tres opciones; a) reubicarse, b) vender o c) irse del pueblo.

Al respecto se señala, hubo un dueño que se le ofrecía 15 mil pesos y no aceptaba. El pueblo estableció un juicio contra este propietario y ganó el pueblo. Había en ese entonces los que argumentaban que había que establecer tres categorías de aportaciones para hacer frente a los gastos que demandaba la construcción de la escuela. Así los criterios eran; 1) quien tiene centavos, 2) el que tiene regulares ingresos y 3) los peones. Los vecinos que no estaban de acuerdo con esta clasificación referían; ¿acaso unos [los niños] van a estar en mejores salones que otros? Después de largas deliberaciones se estableció que cooperarían; a) todos los varones padres de familia entre 18 y 60 años (solteros o casados) y, b) las viudas y madres solteras. De igual forma, aquellos que no cumplían con los acuerdos antes descritos eran embargados.

3. - Etapa de la construcción de la escuela secundaria. De 1964 a 1970 funcionó la escuela Mariano Matamoros por cooperación. Los padres de familia pagaban los salarios de los maestros, pues el gobierno no daba recursos para este rubro. En esa época no había carretera y la agencia municipal dispuso un servicio gratuito de transporte escolar, conocido como la mandarina que transportaba los alumnos a la secundaria. Ello para que los jóvenes no faltasen a clases por el mal estado de los caminos y que las autoridades advirtieran del interés por asistir a la escuela por parte de los jóvenes. Los funcionarios del gobierno del estado no autorizaban el establecimiento de la secundaria pues argumentaban que Nativitas tenía una escuela de este tipo y que Santa Apolonia dada su cercanía debían asistir a ella. Los pobladores presionaron y las autoridades pasaron la secundaria federal a Santa Apolonia y abrieron a cambio en Nativitas una secundaria técnica. En 1969 se fundó la secundaria federal General Lázaro Cárdenas del Río. Quienes no aportaban en esta etapa con los sueldos de los maestros eran embargados.

                Cuando debe realizarse un embargo, los hombres del pueblo se reúnen en la plazuela de la comunidad junto con sus autoridades. Acuden el presidente auxiliar, el juez menor de paz, los jefes de manzana y el presidente de obras materiales. Primero habla el jefe de manzana con quien va a ser embargado para pedirle por última vez que cubra su adeudo. En caso de negarse éste, las demás autoridades acuerdan proceder con el embargo. Se acude a la casa del vecino y se requisa entonces, cualquier tipo de bienes que éste posea, pero que cubra el monto de la deuda. Generalmente se embargan tanques de gas, carretillas para acarrear arena, materiales de construcción, aparatos eléctricos y animales. De ser estos últimos quedarán en resguardo en la casa del jefe primero de manzana. Si son aparatos eléctricos se almacenan en las instalaciones de la presidencia de comunidad.

                Se encuentra establecido, que el deudor, pueda recuperar su bien, ello es pagando su cooperación, pero se agrega una multa, (de un 10 % del valor) por no haber pagado a tiempo. Cumplido ese procedimiento normativo, se le devuelve el objeto o animal embargado. El sistema de embargos no sólo funciona para aquellos vecinos antes descritos, sino también, para aquellos que no barren su calle y son sancionados con 2 bolsas de cemento. De no aportar el cemento procede el embargo. Cada fin de semana un representante de la presidencia auxiliar recorre el pueblo para supervisar a la gente sobre el barrido de la calle que corresponde al frontis de su casa. En el caso de encontrarse algún incumplimiento, apunta en su libreta y al domingo siguiente le llega la sanción por escrito.

                Hay vecinos que afirman que el sistema de embargos ha sido tan exitoso que las sociedades de padres de familia en el pueblo lo implementan con excelente resultados. Quienes no asisten a las juntas en las escuelas que se convocan periódicamente se les multa con un bulto de cemento.

                La fuerza de este sistema normativo no acepta excepciones y se extiende o proyecta a otros ámbitos. Por ejemplo en 1993 en unas de las asambleas se acordó la decisión de que las calles tendrían 6 metros de ancho. Algunas casas estaban salidas de esta línea de delimitación. Unos dueños de las casas las alinearon, (corrieron cercas y muros) pero otros no. Así que en una asamblea posterior se acordó encomendar a un grupo de hombres que las tiraran (derribaran) y así sucedió. A algunos vecinos se les tiraron dos veces sus casas, como Crisanto Sánchez de la Emiliano Zapata del barrio del Centro, Natalio Piscil de la calle del bosque y al dueño de la veterinaria.

                Desconocemos si estos vecinos antes mencionados, reclamaron de estas medidas, pero otros lo han hecho. Al respecto, don Genaro, uno de los hombres más viejos de lugar recuerda: una cosa de esas no la puede hacer el líquido pueblo sino que tiene que apoyarse en el gobierno. Cuando se decidió implementar ese sistema en la comunidad se le comunicó al gobernador del estado (1957-1963) Joaquín Cisneros y él estuvo de acuerdo. Había gente que iba a quejarse con él porque le habían embargado algún bien y el gobernador los regresaba a que pagaran su cooperación. El hecho referido sobre el conocimiento de las autoridades acerca de estas prácticas es corroborado por otro vecino. Quien refiere en 1995 cuando alguien quiere hacer valer su posición dice: ¿señores que no soy hijo de este pueblo? Si en alguna fiesta se pelea uno de aquí contra alguno de otro pueblo. El de Santa Apolonia tiene la obligación de participar en el pleito defendiendo al paisano. Todos le entramos a defender lo que es nuestro hasta con dinero, por ejemplo, la cooperación en el pueblo ha provocado que valoremos lo que tenemos. Cuando se cooperó para el deportivo cada jefe de familia cooperó con 210 pesos y se juntó en total 630 mil pesos en total. En la cuestión de nuestra forma de ser, la verdad es que: Hasta el gobernador nos ha solapado. En los conflictos los jóvenes son los más atrabancados. Cuando hay un conflicto, y se llama a la gente por medio de las campanas, todos salen con sus armas pues saben que hay problemas.

                Pero pese a que esta norma se encuentra en plena vigencia, no ha estado exenta de dificultades desde los inicios de su aplicación. Varios ejemplos que dimensionan la vigencia y magnitud de esta medida. En 1992 la Secretaria de Desarrollo Social (SEDESOL) autorizó recursos por $ 30,000.00 pesos (3.000 USD) para la pavimentación de algunas calles. Cuando el agente municipal acudió a dichas oficinas por el dinero, al monto total se le habían descontado $ 4,000.000 pesos por concepto de IVA (impuesto al valor agregado). Entonces de los $ 30,000.000 sólo entregaron $ 26,000.00. Las autoridades de Santa Apolonia Teacalco se molestaron frente a este hecho y se acordó que había que completar la cifra original ($ 30,000.00) así que se procedió a recabar la cooperación del pueblo y aquellos que no cooperaron se les embargó. Después de unos días de procedido el embargo se fue a exigir al presidente municipal de Nativitas los $ 4,000.000 que SEDESOL había descontado y como éste no quiso cooperar, se tomó el palacio municipal. Se procedió a detener a esta autoridad, y llevarlo a las oficinas de la agencia municipal de Teacalco. En ese tiempo el presidente municipal era Antonio Murías, según recuerdan algunos vecinos.

                Otro hecho que cabe destacar, es el acontecido en abril de 1995 cuando la presidencia municipal y auxiliar se encuentran con su plan de obras públicas. La auxiliar, en este momento utiliza su capacidad en los mecanismos tradicionales cooperación económica para tomar venganza de aquella parte de la población de la cabecera municipal que apoya al presidente municipal. Decide la presidencia auxiliar la construcción de un pozo de agua, sin dar información a la población en la asamblea del pueblo sobre las particularidades del proyecto. El 5 de abril se comunica la noticia de la construcción y de cooperación obligatoria de $ 150.00 por familia. Muchos se niegan a pagar y las autoridades auxiliares, tal y como era la costumbre, salen a embargar los bienes de aquellos quienes se negaron a cooperar. La respuesta de los habitantes de Teacalco, encabezados por el presidente municipal Elesban Zárate, fue de dialogaran con representantes de Gobernación para pedir que se suspenda el embargo a estas 800 familias, que pretendía realizar el presidente municipal auxiliar Benito Díaz. Se solicita la presencia de la policía estatal. El Gobierno del Estado no envía a la fuerza pública y el 21 de abril se da un enfrentamiento entre seguidores del presidente municipal y del presidente municipal auxiliar que tuvo como resultado tres heridos de bala cuando los primeros trataron de evitar el embargo.

Las normas, y la “recogida” en San Felipe Cuauhtenco

 La conformación de los distintos comités se resuelven en la asamblea comunal, la cual así se constituye en la principal entidad de decisiones y acuerdos sobre la vida comunitaria. Destaca en este sentido la administración de justicia por parte de la asamblea en la localidad, lo cual permite advertir varias dimensiones:

1. La importancia atribuida por la comunidad a la instancia de la asamblea como lugar donde los ciudadanos acuerdan cumplir con sus obligaciones.

2. La vigencia y constante adaptación de la formula coercitiva. Ha sido así desde siempre, o todos acá debemos cooperar, quien no lo hace se debe ir del pueblo.

3. La legitimidad que adquiere la asamblea como un organismo resolutivo de los conflictos internos que experimenta el pueblo. Y la efectividad (desde el punto de vista de tiempos) que la sanción (o solución) implica en la localidad.

4. Los equilibrios que se logran al mantenerse la paz social luego de la aplicación de la sanción o solución.

                El trabajo comunitario es un patrón común a la hora de desempeñar actividades tales como las fiestas y o hacer frente a los momentos de crisis del pueblo. En ese marco, la mayoría de los habitantes asumen con el compromiso de trabajar en beneficio comunitario. La excepción en la actualidad la constituyen unas 100 personas (que se identifican como testigos de Jehová), los cuales se han ido sustrayendo paulatinamente de sus obligaciones en los cargos religiosos. Sobre el particular, se advierte una segregación hacia estas personas en el plano religioso. No obstante, el resto de los habitantes hombres mayoritariamente autodefinidos como católicos, ha desempeñado un cargo. Los que no han hecho cargo aún lo contemplan dentro de sus objetivos inmediatos.

                Con respecto a este grupo de vecinos que no ejercen cargos por su opción protestante, se advierte un proceso de mayor contacto con personas externas al pueblo, por cuanto estos últimos los visitan frecuentemente como parte de las actividades religiosas. Para hacer frente a estas visitas que acuden en misión evangelizadora, los católicos escriben en sus puertas un símbolo     C T D que significa (creyentes en Dios) y evitar así ser visitados por los protestantes. Para el caso de los vecinos (testigos de Jehová) éstos no participan de los cargos religiosos, pero deben participar de los cargos civiles y hacer las cooperaciones como el resto del pueblo. En caso del fallecimiento de un testigo de Jehová algún familiar deberá pagar al Fiscal por enterrar al difunto en el cementerio del pueblo. Esto por cuanto según acuerdo de la asamblea del pueblo, el cementerio es católico y como tal deben los no católicos pagar por su uso llegado ese momento. El hecho que el cementerio sea católico esta determinado por un acuerdo de la asamblea que en alguna oportunidad se tocó el asunto y produjo como en muchas otras decisiones una fusión entre los ámbitos civiles y religiosos. La cifra del entierro para los no católicos varía entre $ 1,000.00 y $ 5,000.00 pesos, ello pues se evalúa si el difunto participó en vida de algún comité y como tal tiene una consideración en dicho cobro. De todos los comités del pueblo, las personas protestantes, se sustraen de participar tan solo de uno, cual es el Comité de la Honorable Junta Patriótica pues aluden que no rinden honores a la bandera por tener ésta la serpiente. De los demás comités deben participar y realizar las cooperaciones correspondientes.

Hechas estas precisiones, se entiende que en el caso que la situación económica, tiempo o enfermedad, dificulta al vecino en el desarrollo de los compromisos de un cargo, lo subsana colaborando con alguna otra persona que está haciendo el cargo. Se produce entonces una extensión de la responsabilidad, vale decir, que el vecino elegido es auxiliado en su función por la parentela y amigos quienes colaboran para el éxito en el cumplimiento de las responsabilidades que emanan del cargo. Esta extensión de responsabilidad reditúa tanto en el elegido, como en los que contribuyeron, toda vez que el cargo produce una dualidad de efectos que se puede sintetizar en estas dos acepciones; a) ocupar cargos otorga un prestigio por sí mismo, por el hecho de ejecutarlo y haber sido elegido; y b) la ejecución del cargo es vista como una ayuda a la comunidad lo que otorga al sujeto un reconocimiento por parte de sus pares, es decir, hizo un buen cargo.

                La ayuda entre vecinos es apreciada en aquellas labores donde parte del pueblo ha establecido determinadas acciones y un calendario para estos efectos. Así es posible observar para el desarrollo de alguna fiesta, como se distribuyen funciones, tanto en el traslado de utensilios, carga y descarga de los vehículos de determinados elementos para esos fines. Las mujeres acuden en la elaboración de alimentos y su preparación. Los jóvenes se relacionan con los mayores en faenas como limpieza de un local o instalar un techo de lona, por citar algunos. Existe en ese marco una conciencia respecto a la reciprocidad, que se expresa en el aforismo acá [en San Felipe] somos solidarios. Actúa como un mecanismo de ayuda horizontal que puede invocarse en determinadas ocasiones al grupo por quien la requiere. La negativa a prestar ayuda ocasiona una mala relación entre vecinos, que redunda la mayor parte de las veces en una negativa por ayudar (esta vez por parte del grupo) a quien esté solicitándola, si éste no cumplió en alguna oportunidad su colaboración. Específicamente, en el campo, observamos que la comunidad es un grupo social y que no todos sus miembros habitan en su base territorial; su membresía se confirma por su participación en el sistema de cargos, elemento definitorio en la pertenencia a la comunidad (Robichaux 1995). En San Felipe el sistema de cargos permite la vigencia de una serie de reglas y obligaciones – y su refuerzo continuo – tienden a reducir, sino la oportunidad para la emergencia de conflictos, por lo menos las maneras en que éstos pueden resolverse. Varios puntos de nuestra investigación parecen confirmar lo antes señalado y un sucinto recorrido al respecto nos permite cimentar la categoría antes expuesta. Por ejemplo, el sistema de cargos en San Felipe efectivamente lejos de disminuir se acrecienta, tanto en el plano civil como en el religioso, así los datos sobre el crecimiento de comités, aumento de fiscales, mayordomías y hermandades parecen confirmarlo, acorde con las transformaciones económicas. La membresía al pueblo se mantiene pese a las crecientes migraciones de los sujetos, quienes siguen a través de sus hijos y familiares cumpliendo los cargos y las cooperaciones lo cual es una muestra vigente de este sentido de pertenencia social a la comunidad antes expuesto por Robichaux.

                En las tareas relacionadas con obras y servicios a la comunidad, los respectivos comités (conformados para estos efectos) acuerdan en la asamblea comunitaria las labores a realizar y si éstas implicarán una remuneración. Es la asamblea comunal, lugar de discusión y acuerdo de estos puntos. Trabajar por la comunidad es aparentemente un asunto voluntario y nadie es obligado a desarrollarlo. No obstante, se observan formas coercitivas para exigir al vecino (las menos de las veces) que colabore con determinada actividad. Para ello, el corte del suministro del agua es una medida probadamente efectiva que, una vez asumida la decisión por la asamblea, produce en el incumplidor un cambio de su actitud en el corto plazo.

                Los conflictos internos han encontrado una formula de solución o de manejo a través de la asamblea comunal instancia esta última donde se ventilan al igual que en el pasado los asuntos vinculados al pago de las obligaciones. Una prueba de ello es lo que la comunidad recuerda como un mecanismo normativo propio, legitimo y efectivo que se desarrollaba hace 50 años, denominado la recogida.

                Al respecto aquellos vecinos que no cumplían sus obligaciones de pago ante la comunidad, eran objeto de la denominada recogida. Consistía ésta en la visita de un grupo de hombres (encomendados por la asamblea) a la casa del vecino que presentaba el incumplimiento en sus obligaciones con el pueblo a fin de cobrarle. Previo a ello en la asamblea comunal se efectuaba una valoración de la deuda. Ya en el domicilio del vecino éste era conminado a pagar el adeudo y frente a su imposibilidad, se ingresaba a la vivienda donde los encomendados en este caso, recogían algún objeto de valor, igual o similar a la deuda de que habían sido informados. La valoración se hacía en el momento entre los hombres presentes quienes discutían la conveniencia de una u otra cosa, pudiendo ser cualquier objeto, sea un animal, guajolotes, utensilios, mobiliario o herramientas agrícolas. Esta recogida era entendida por el afectado quien en algunos casos disponía de horas para lograr conseguir el dinero y así recuperar el objeto de valor embargado por la comunidad, todo esto antes que fuera la especie reducida a dinero. Una vez superada la requisición el sujeto volvía a participar de las actividades del pueblo y la comunidad entonces asumía que el vecino había cumplido con su obligación.

                La implementación de un sistema de distribución domiciliaría del agua hace 40 años obligó al pueblo a una reglamentación de su uso social y por ende una forma de control del recurso hidráulico. Más aún en un pueblo donde la dependencia de este vital elemento obligaba a todos a su mantenimiento y conservación.

                Para asegurar el buen funcionamiento del sistema se creó el comité de agua. En teoría, el control del agua debía estar en manos de los vecinos que cooperaban mensualmente; no obstante ha sido derivado paulatinamente su control a los dirigentes de la asamblea y el comité de Agua. En se marco, la recogida fue paulatinamente siendo reemplazada por el corte del suministro del agua, pues ofrecía esta modalidad desde el punto de vista de su aplicación un menor costo social. Para desconectar la toma del suministro se requería la acción de una sola persona. En segundo lugar solucionaba el problema (a los dirigentes) de tener que reducir a dinero la especie recogida. En la actualidad es el corte del agua la herramienta coercitiva que utiliza la asamblea del pueblo para hacer cumplir a determinados vecinos con sus obligaciones. En enero del 2002 la cuota mensual por el agua era de veinte pesos por jefe de familia.

                El procedimiento de aplicación de la medida del corte de agua no es de fácil resolución y se analiza con detenimiento. Un ejemplo al respecto se suscitó en la asamblea de junio de 2001 donde se vieron tres casos y en dos de ellos se optó por cortarles el agua. Al tercero (a) se le dio plazo, pues era una situación particular - una mujer- que había sido abandonada recientemente por el hombre y exhibía 4 meses sin pagar el suministro. Los tres casos habían sido antes discutidos por el comité de agua, siendo estos que presentan el caso a la asamblea sin muchas opciones que no fueran el corte del agua. Uno de los casos era de un vecino que vivía en los limites del pueblo de la Luz y San Felipe, y hacia los cargos en el pueblo de la Luz. Sin embargo se encontraba adscrito a San Felipe en lo que era el agua y comenzó a presentar una morosidad en varias cooperaciones. A juicio de los vecinos no se justificaba que consumiera el agua de San Felipe dado que hacía cargos en el vecino pueblo. Estos conflictos son un ejemplo de una comunidad entendida como unidad social, donde se mezclan elementos de adscripción, territorio y pertenencia al grupo.

                En el caso de la mujer morosa se entendía que ésta se encontraba sin recursos. Se estudió incluso la fórmula que un cuñado de ésta cumpliera con el pago adeudado. Misma que se desistió pues este último argumentó que se encontraba sin trabajo y tenia una familia que mantener. Este individuo actuó de representante de la mujer abandona (cuñada) y logró que la asamblea pospusiera la decisión pues ella se habría comprometido a pagar en fecha próxima. En los otros dos se decidió por cortarles el agua; nadie habló por ellos y el hecho que el Comité los hubiera puesto como merecedores a tal medida sirvió de agravante y zanjó el tema.


Bibliografía

Davinson, Guillermo, 2002, La actividad textil de un pueblo nahua de La Malinche. México: CUSO.   

Davinson Guillermo y Magdalena Sam, 2003, El embargo una forma de cumplir las normas en dos pueblos de Tlaxcala. México: CIISDER

Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI México), 1995, Conteo de población y vivienda. 2000 XII Censo general de población y vivienda.

Mulhare, Eileen, 2003 , Respetar y confiar: ideología de género versus comportamiento en una sociedad post nahua. En D. Robichaux (ed.). El Matrimonio en Mesoamérica. Ayer y Hoy: unas miradas antropológicas. México: Universidad Iberoamericana.

Robichaux, David, 1995, Le mode de perpétuation des groupes de parenté: la résidence et l’héritage à Tlaxcala (Mexique), suivis, d’un modèle pour la Mésoamérique, Thèse de docteur de l’Université en Ethnologie, Université de París X (Nanterre).

Romero, Oswaldo, 2002, La Malinche: Poder y Religión en la región del Volcán.  México: Universidad Autónoma de Tlaxcala.

Sánchez, Bertoldo, Identidad y cambio en las organizaciones sociales y religiosas tradicionales de raíz cultural mesoamericana. Publicación electrónica http://www.geocities.com/Athens/Agora/3572/sanchez_2000.htm

Wolf, Eric, 1977, Una tipología del campesinado latinoamericano. Buenos Aires: Nueva Visión.


[1] Este articulo ha sido desarrollado a partir de una publicación, que desarrolla con mayor profundidad este tópico y otros aspectos de organización social de estos pueblos tlaxcaltecas. Así para mayor detalle, véase El embargo: una forma de cumplir con las normas en dos pueblos de Tlaxcala, de Guillermo Davinson y Magdalena Sam respectivamente, publicado en México, el año 2003 por parte del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias Sobre Desarrollo Regional  (CIISDER)  de la Universidad Autónoma de Tlaxcala México. De igual forma los datos etnográficos, fueron obtenidos de la publicación la actividad textil en pueblo un nahua de La Malinche, de Guillermo Davinson, y publicado en el 2002 en México con el auspicio de CUSO.

[2] Este pueblo al igual que San Felipe Cuauhtenco, son indígenas. Al definirlo como indígena, lo asumo tomando prestado lo expuesto por (Romero, 2002), quien al respecto señala; “porque la reproducción cultural de prácticas como el compadrazgo católico, las uniones conyugales con residencia virilocal temporal, le herencia mayoritaria a partir de la reproducción de la últimogenitura, la participación política de los hombres en la asamblea y sobre todo, la inclusión de los rituales político religiosos que norman la vida de sus habitantes es a través del sistema de cargos cívico – religiosos”. Todo lo cual unido al uso del náhuatl, pese a un creciente proceso de aculturación lingüística, reafirman esta categoría.

[3] Precisemos que “mesurcos” es una expresión local, proveniente del náhuatl: metl (magueyes) que sembrados en hileras sirven para delimitar el cultivo.

[4] Habiendo variados estudios respecto a los que son los sistemas de cargos en los pueblos mesoamericanos, y por ende son estructuras algo desconocidas en el cono sur de América, asumiremos con una definición de un mesoamericanista clásico como es Eric Wolf. Antes y sintéticamente señalemos que los pueblos se organizaron en un sistema de cargos, donde cada uno de los habitantes, cumple funciones y adquiere determinados status tanto en el ámbito religioso o civil. Las funciones, y las expectativas que de estos cargos emanan, es un complejo sistema normativo que genera identidad, cohesión, y posibilita trabajo comunitario. Al respecto para Wolf (1977) es un mecanismo de defensa y protección de la comunidad ante la intrusión y explotación del exterior. Igualmente mediante los mecanismos internos de distribución de la riqueza generados por el consumo ritual se genera, según Wolf, “un aumento de la cohesión social y una barrera a la penetración de la sociedad capitalista que tiene efectos desintegradores” (Wolf, 1977:34). Según Sánchez (2000) aludiendo a Wolf, resalta así mismo la función de unidad e identidad que la participación en el sistema de cargos otorga a los individuos y al grupo social: “el sistema político religioso, como un todo, tiende a definir los límites de la comunidad y actúa como un punto de unión y símbolo de la unidad colectiva” (Wolf, 1977: 32).

[5] En México, es popularmente conocida la cárcel como el “bote” .

[6] Al mes de febrero del 2003, la equivalencia entre peso mexicano y dólar americano era de aproximadamente, diez pesos por un dólar.

Otro artículo de Guillermo Davinson: LA GRATUIDAD EN LA ATENCIÓN A LA POBLACIÓN INDÍGENA: UN ELEMENTO A DISCUTIR DESDE LA PRÁCTICA.