LA PAGINA DEL PROFE

Este trabajo pertence a la Web de Edgardo Ulloa

 

“LA COMUNIDAD COMO TRASFONDO DEL MITO INTERRUMPIDO EN EL PENSAMIENTO DE JEAN-LUC NANCY”

En los albores del tiempo y de la comunidad, los hombres deambulaban, iban dispersos, aunque físicamente juntos unos a otros, cooperándose, enfrentándose, pero sin reconocerse. Frente a un mundo tan basto y hostil, frente a una naturaleza soberbia y amenazante, con tantos imprevistos, inundaciones, sequías, temblores, volcanes que truenan, un mar que no respeta sus límites; en la selva animales salvajes que acechan. ¿Hay tranquilidad solo en la noche? No, de ninguna manera. Hay que dormir con ciertas precauciones de seguridad. Pero previo a eso, al contemplar la bóveda celeste, tan grande, tan infinita, tan lejana. ¿Cuántas preguntas habrían?, ¿Cuántas dudas?, ¿Cuántas explicaciones?. No se sabe, tal ves solo algunos tenían el derecho o el deber de interrogar a la realidad. Lo que sí se sabe, es que todos ellos un día se reunieron en torno a un relato; los convoca un recital especial, en un escenario especial, con un relator que es común a todos. Ahora están reunidos, son todos hermanos, vienen de una misma raíz, tienen un mismo origen, tienen una misión común en la vida y deben permanecer fieles a esa misión y a esa tradición. Ese relato, ese cuento, los une, les da identidad, les da un nombre, en resumidas cuentas les hace ser una comunidad. Esa identidad es particular y los diferencia de los otros más lejanos que no tienen ni escuchan ese relato.

De esta forma conocen el origen del mundo y también su propio origen, el de los animales y el del habla. Así cobra sentido la vida, se conocen ellos mismos, se reconocen entre ellos; quienes son, de donde vienen, conocen su misión y saben que tienen un legado que entregar a sus descendientes y a las demás generaciones.

Ahora bien, el caso es conocido, como la escena primitiva también es presentada. A estos relatos llamaron mitos. La escena corresponde a la fundación que sabemos mítica.

Ellos, la comunidad naciente, la comunidad primitiva, la comunidad mítica, tuvieron su propio narrador o narradores a lo largo de tantas generaciones. Nosotros los que ahora vivimos y somos herederos de la modernidad occidental, también hemos tenido maestros o narradores que nos han hablado acerca de estos mitos, sus características, sus propiedades que hasta hoy nos hacen reflexionar. Jean-Luc Nancy menciona a HERDER, OTTO, SCHELEGEL, SCHELLING, GÖRRES, BACHOFEN, WAGNER, FREUD, KERENYI, JOLLES, CASSIRER. No se olvidará en los orígenes a GÖETHE, cuyo relato mitológico – simbólico titulado “El cuento”, es en suma el arquetipo del mito moderno del mito. “Habiéndonos reunido en sociedades estudiosas, destinadas a saber lo que fueron nuestros orígenes, nos han dicho: Nuestras sociedades provienen de estas mismas asambleas; y nuestras creencias, nuestros saberes, nuestros poemas provienen de esos relatos” [1].

El relato original o el mito, funda a la comunidad mítica. Mientras está presente o permanece el mito, la vigencia de esta comunidad mítica permanece. Existirá un momento en que el mito llega a su límite, desaparece y pierde su poder comunitario, su poder de convocatoria. Pasamos entonces a otro tipo de comunidad, que no tiene el mito como factor común. Bataille llamará a este estado al cual estamos entregados “la ausencia de mito”, pero nuestro autor Jean-Luc Nancy se refiere a esto mismo como “la interrupción del mito”. [2]  El autor Nancy explica: “Suponiendo que el mito designe, allende los mitos, inclusive contra el propio mito algo que no puede simplemente desaparecer, lo crucial de este enfrentamiento consistiría en un tránsito al límite del mito, en un transito sobre el límite del mito, donde el propio mito se encontraría menos suprimido que suspendido, interrumpido” [3].  De ahí el subtítulo del artículo de Nancy  “El mito interrumpido”.  La comunidad mítica debe su existencia y fundación al mito. Al interrumpirse el mito se interrumpe también la comunidad mítica, se habla entonces de la “comunidad interrumpida”. Lo cierto es que tanto el mito como la comunidad mítica, tienen características y particularidades muy importantes que definir. Pero la nueva humanidad, la comunidad interrumpida o la comunidad con ausencia de mito, presente igualmente particularidades dignas de destacar. Por ser esta la sociedad que nos acoge y a la cual estamos enfrentados en lo ontológico, en lo social en lo político; mi esfuerzo estará encaminado a presentar características propias de esta sociedad que se vislumbran en el planteamiento de Jean-Luc Nancy.

Antes de entrar de lleno en la sociedad sin mitos, o con el mito interrumpido, vayan otras nociones importantes sobre el propio mito y sobre la comunidad mítica que nos servirán para hacer referencias, comparaciones y poner un fundamento al tema que trato de exponer.

En la escena primitiva el mito arranca de una lengua, por una articulación hablada. Nancy dice: “Por ello el mito no está hecho de un habla cualquiera y por ello no habla una lengua cualquiera. El mito y el canto de la lengua (sprachgesang) son en el fondo una y la misma cosa. El mito es el encantamiento que hace levantar un mundo en el acontecimiento de una lengua. Por ello es indisociable de un rito o de un culto” [4] . El mito es ante todo un habla plena, original, un habla fundadora y reveladora del ser intimo de una comunidad. Respecto al mythos griego, el autor dice: “La grandeza de los griegos – dirá la mitología moderna – estriba en haber vivido en la intimidad de un habla tal, y de haber fundado en ella su logos mismo: para ellos mythos y logos son lo mismo [5].

De esta forma el mito, es un acto del lenguaje por excelencia. En su primera declamación se levantan simultáneamente las albas del mundo, de los dioses y de los hombres. De esta manera el mito engendra una primera cultura y luego será la trascendencia misma, algo más que una cultura general, una visión del mundo, una cosmovisión que a su vez engendra modos de vida en el seno de la comunidad mítica.

Además Schelling dirá que el mito es “tautegórico” (y no alegórico) vale decir, no dice otra cosa que si mismo y es producido en la conciencia por el mismo proceso que en la naturaleza, produce las fuerzas que el mito pone en escena. No tiene pues que interpretarse, el mito se interpreta a sí mismo [6].

En la narración mítica el mundo se muestra se da a conocer a los hombres, a través de una declaración o de una revelación completa y decisiva. Al conocerse ellos en medio de este mundo mágico y encantado, se interpretan a sí mismos, saben quienes son y cual es su dependencia de las fuerzas superiores a las que llamarán dioses o espíritus. Así nace el rito y el culto que en ocasiones conlleva el sacrificio: “Así resulta que el sacrificio es necesario tanto para los dioses como para los hombres. Los dioses se refuerzan mediante el sacrificio. Si falta el sacrificio los dioses se debilitan, lo que tendrá efectos negativos para el mundo  y para los hombres, por ejemplo en forma de enfermedades o de malas cosechas” [7]. Luego hay una interpretación de la contingencia ¿Por qué hay tantos enfermos en la comunidad? La respuesta es porque se ha dejado de sacrificar al dios protector y es necesario hacerlo a la brevedad con gran devoción y constancia. En el sur de Chile, comunidades mapuches frente a la erupción de los volcanes, la lectura es que “está enojado el Pillán” que ahí habita y es un espíritu negativo que guarda a los muertos. Sequías prolongadas en épocas de cultivos ameritan oración o Ngüillatun  a Wüenechen  el dios poderoso y protector.

Este relato primitivo, esta habla sagrada, este lenguaje especial aglutina y cohesiona la comunidad hacia su propio centro. Por el lenguaje tiene una acción fundante. Frente al “gran hablar” de la comunidad, la individualidad desaparece, se fusiona a lo comunitario y queda sublimado a ello. Ontológicamente es el ser en común. No hay nada más propio y más común que el relato, el cual se trasmite de generación en generación. Primero fue un hablar como el mythos griego de Homero; la expresión hablada que luego es amplificada y cargada con una serie de valores. Frente a ello más tarde vendrá la identificación, la voluntad, el poder y la pasión por el relato y su articulación natural y metafísica.

La comunidad mítica es una comunidad cerrada y pertenece unida en torno a la articulación y vivencia del mito. No hay mito privado ni existe libertad individual de interpretación del mito. Este se interpreta a sí mismo, se amalgama a la comunidad con una lengua común que lo reparte. El mito es una estructura identificatoria de la comunidad. La pertenencia está asegurada por los poderes del mito. Es el poder propio del mito de aglutinar la sociedad.

Luego la fantasía desaparece, viene el desencantamiento del mundo y de la naturaleza. Los hombres se dan cuenta de algo especial que resumen en la frase “el mito es un mito”. Nancy dice: “Es aquí donde la cosa se interrumpe. La tradición es suspendida en el momento mismo en que se realiza. Se interrumpe en este punto preciso: Allí donde conocemos bien la escena, allí donde sabemos que se trata de un mito” [8] . La frase “el mito es un mito” es para Nancy  “la ironía desencantada”. Para ello hubo que jugar con los dos sentidos bastantes distintos y opuestos de la palabra “mito”. El mito es a la vez fundación y ficción. “El mito en cuanto inauguración o fundación es un mito, vale decir una ficción, un simple invento” [9] . Es el mismo mito que la tradición del mito pensó como fundación y como ficción. Por eso el mito se interrumpe en su propio mito y ya solo el hecho de hablar de “mito” es hablar de su ausencia. El problema no es ahora qué hacer con el mito, sino qué hacer con el fin del mito. ¿Cómo habitar la sociedad sin mito o en palabras de Nancy con el “mito interrumpido”?.

La comunidad no muere, resiste persevera sin mito; solo que ahora tiene otro perfil, es una sociedad mayor más pluralista, pues la comunidad mítica es una comunidad menor sin individualidades; las personas viven un ser en común.

Veamos entonces algunos perfiles de esta comunidad como trasfondo del mito interrumpido.

Si el mito es un mito, la  comunidad como “comunidad mítica” se reabsorbe y se disuelve como tal. Luego hay que lamentar como tantos escritores lo han hecho la “perdida de la comunidad”  o “la comunidad perdida” , lo cual viene íntimamente unido a la “perdida del poder de los mitos”. Nancy dice: “La simple y llana supresión sin remanentes de la comunidad es una desdicha. No una desdicha sentimental, ni aún ética, sino una desdicha – una calamidad – ontológica” [10]. ¿Qué es lo qué pasa? Es una privación de ser para el ser que esta esencialmente en común. ¿Cómo podría expresarse ese ser cuya vigencia es solo en común y no individual?

El ser en común significa que los seres singulares no están; solo comparecen en que están expuestos, presentados u ofrecidos unos a otros. Esta comparecencia de los seres singulares es muy importante; porque sin proponérselo darán lugar a un nuevo tipo de comunidad. Por ello la comunidad no desaparece. La comparecencia de los seres singulares – o de la singularidad del ser – mantiene una distancia abierta, un espaciamiento en la comunidad cerrada que la ensancha hacia un más allá. Esta singularidad rompe la inmanencia.

Responde: No lo hay, de ser el mito siempre mito de la reunión, de la comunión de la comunidad. Al contrario, es la interrupción del mito la que nos revela la naturaleza disyunta y oculta de la comunidad. En el mito la comunidad es proclamada: en el mito interrumpido la comunidad revela ser lo que Blanchot ha llamado la comunidad inconfesable [11]. La “comunidad inconfesable” de Blanchot está en relación a los muertos, a los que parten de la comunidad.

Luego, una característica que distingue a la comunidad sin mito es la singularidad del sujeto. Singularidad que en la modernidad será traducida como libertad individual, de la cual se desprenden otras características sociales.

En la expresión del mito, junto a la voluntad de la comunidad por llevar adelante el poder del mito también hay una pasión. Esa pasión ya se deja ver en las palabras y acciones del narrador primitivo. Pero ¿Hay pasión en la comunidad interrumpida? Nancy dice: “que la interrupción del mito define la posibilidad de una pasión igual a la pasión mítica” [12]. Es una pasión que se expresa en la ausencia del mito, sin embargo desencadenada por la suspensión de la pasión mítica. Es una pasión de otra naturaleza de la pasión mítica; es una pasión no ciega, sino “conciente” y “lúcida” en palabras de Bataille. Es una pasión abierta que se expresa en la comparecencia de los seres singulares. No es una pasión por fundirse por ser todos uno en una comunidad cerrada, sino una pasión por estar expuestos. Saber que la comunidad misma no limita a la comunidad; sino que hay algo más afuera de los límites, ofrecida afuera de cada singularidad. Es ese sujeto singular que porta esa pasión por ir más afuera y hacer su aporte en las artes, la música, la escritura o la ciencia. Ciertamente ese esfuerzo singular, lejano al ser en común conlleva una pasión que hace avanzar la humanidad. Por lo tanto en la sociedad sin mito también está presente una pasión.

En el mito está la voz del narrador. En la interrupción del mito tampoco está el silencio, queda la voz misma de la interrupción del mito. La ausencia de mito, la ausencia de narración no significa silencio. Tal ves significa “silencio de la narración del mito”. Pues Nancy dice: “ en la interrupción ya no queda nada que hacer con el mito. Es un acabamiento una realización” [13].  Lo opuesto a este silencio sería la voz durante la interrupción del mito. Nancy, dice resueltamente que se ha dado un nombre a esta voz de la interrupción: La literatura [14].

Luego, la literatura o la escritura es la voz durante la interrupción del mito. La literatura actúa como “cuña expansiva” en el borde de la singularidad durante la interrupción del mito. Pero esta literatura misma es un producto por así decirlo del propio mito ¿Acaso el mito no es el origen de la literatura?  O la literatura ella misma no es un mito de la sociedad sin mitos. Más hay una diferencia entre la literatura (escrita) y la narración mítica (oral). La literatura no revela una “realidad realizada”  como el mito y no “dogmatiza” una visión unificadora, más bien es la expresión de la singularidad de la individualidad que comunica. Comunica a los otros, pues no hay literatura en la soledad (como amar en silencio) sino a otros y hacia otros y no comunica solo palabras, sino con ella sentimientos, imágenes, pasión y propuestas. En ocasiones como el mito, también apela ala conciencia, pero en otra dirección. El mito interpela a la conciencia individual. Provoca estupor a la conciencia y la pone “fuera de si misma”. Vale decir, la vuelve consciente. La vuelve consciente de la figuración del mito y la literatura la vuelve consciente de sí misma; lo cual deviene en una singularidad, en un pensar por sí mismo, otro de los anhelos de la modernidad.

La voz de la literatura, es la antigua voz, el habla, el logos, la palabra, sin la cual no hay expresión ni comunicación posibles. Como se ha visto el mito está íntimamente unido al habla, por ella ve la luz, por el habla del narrador. Por lo mismo, el mito al igual que la literatura es un acto del lenguaje.

A diferencia del mito; no porque hay literatura hay comunidad, sino a la inversa porque hay comunidad hay literatura. La literatura inscribe el estar en común, el estar para el otro y por el otro.  También al igual que en el mito, la literatura realiza el reparto, en la misma medida que interrumpe al mito. En el mito un habla común es repartida, en la literatura, la voz del estar en común es repartida. Nancy dice: “En cierto sentido nos comprendemos a nosotros mismos y al mundo compartiendo esta escritura (literatura)así como el grupo se comprendía escuchando al mito. Sin embargo comprendemos que no hay comprensión común de la comunidad, que el reparto no produce una comprensión ... que no produce un saber y que a nadie le da, ni a la propia comunidad, el dominio del estar en común” [15].

En la escritura ya no existe la legitimidad mítica, esa que el propio mito confería a su relator. La escritura se conoce más bien como ilegitima, arriesgada, expuesta al límite, nunca autorizada. Nancy explica que tampoco se trata de un anarquismo complaciente, puesto que es así como la escritura obedece a la voz de la comunidad [16].

Aún la literatura se interrumpe por otra singularidad. Pues en la singularidad tiene lugar la experiencia literaria de la comunidad. Por lo tanto se vuelve imposible formar por medio de la escritura un cierto tipo de fundación de realización literaria y comunitaria. Es decir, por medio de la literatura, no se gestaría una comunidad política o religiosa; podría pero no convocaría a todo el cuerpo social, como el caso del mito, sino solo a algunos prosélitos.

De esta forma la comunidad sin mito, también se expresa en una voz y esa voz es la literatura.

Se ha expuesto anteriormente que la simple y llana supresión sin remanentes de la comunidad mítica es una desdicha de carácter ontológico. Es una privación de ser para el ser que está esencialmente en común. El ser en común significa, que los seres singulares no están, no se presentan. Son todos unos, todos piensan igual, todos actúan igual, todos comulgan, a todos los anima la misma voluntad. En este contexto mítico no tiene lugar la singularidad. Como se ha dicho, es un ser en común. El ser se da en común, de ahí que al desaparecer el mito, este ser en común tendrá que reinventarse. Ahí entra en crisis el individuo y aparece en el borde su singularidad. Por eso algunos postulaban la creación de una “nueva mitología” para que se geste una nueva humanidad. El romanticismo postuló este intento de realizar una nueva mitología de corte onto-poético-religiosa. Pero esto es imposible, pues esa mitología no podría ser menor que toda la literatura del mundo y de toda la mitología de todos los pueblos.

Nancy encierra bajo mito a grandes entidades, expone: “Es entonces posible, que el romanticismo, el comunismo y el estructuralismo, componen juntos por el efecto de una comunidad secreta, pero muy precisa, la última tradición del mito, la última manera para el mito de inventarse y de trasmitirse” [17]. Estas entidades también se interrumpen en el desarrollo de la historia, la razón es sencilla, las personas y las multitudes razonan: “¡Ah! Se trata de un mito” y luego no comulgan más con él.  Quizás lo más negativo del poder del mito es la no tolerancia, pues conlleva dentro de sí el totalitarismo. Se recuerda con horror si este poder del mito se aplica en ideologías como el nazismo (tierra y sangre) o en diversas expresiones de nacionalismos que tanto dolor han dejado en el mundo.

La sociedad con el mito interrumpido presenta no un ser en común; sino un estar en común y en torno a esto se desarrolla el reparto y la vida de la comunidad. El estar en común es el estar por el otro y para el otro. Es decir, se favorece la alteridad. La literatura le otorga voz al estar en común en la sociedad sin mitos.

En el estar en común se verifica la comunicación. Nancy dice: “La comunicación en verdad es sin límites y el estar en común se comunica al infinito de las singularidades...la comunicación misma es infinita entre los seres finitos. Siempre y cuando estos seres no quieran comunicarse mitos de su propia infinitud: pues si tal es el caso, desconectan al punto la comunicación” [18].  Es decir, la comunicación se da en el estar en común con ausencia de los mitos, al incluir estos se desconecta la comunicación.

Si escribimos compartimos el estar en común, o bien estamos repartidos y expuestos en él. Así una vez el mito interrumpido, la escritura nos relata otra vez nuestra historia ( yo le pondría por nombre “nuestra segunda historia”). Nancy dice: “Pero ya no es un relato (un mito) es más bien una ofrenda: una historia nos es dada. Vale decir, que el acontecimiento – y el advenimiento – nos es propuesto, sin que un desarrollo nos sea impuesto. Se nos ofrece que la comunidad llegue, o mejor que nos ocurra algo en común. Ni un origen ni un final, algo en común. Solamente un habla, una escritura compartida, repartiéndonos” [19]. Aquí comprendemos a diferencia del mito, que no hay comprensión común de la comunidad, que el reparto no produce una comprensión (ni un concepto, ni una intuición, ni un esquema) que no produce un saber y que a nadie le da, ni a la propia comunidad, el dominio del estar en común.

El estar en común es una característica destacada de la comunidad sin mito y en ella se da la comunicación ilimitada.

Los argumentos, planteamientos y análisis de Jean-Luc Nancy  en su artículo El mito interrumpido” son una fuente fecunda de conocimiento – aunque de muy difícil lectura – para estudiar el tema del mito por su importancia en la visión y lectura que tengamos de la trascendencia, del mundo y del hombre en la sociedad actual.

 

Bibliografía

GAARDER, J., HELLERN, V. y NOTAKER, H. El Libro de las Religiones. Madrid: Siruela, 2009. Traducción del noruego de K. Baggethun y A. Lorenzo.    

NANCY, Jean-Luc, «El mito interrumpido» en La Comunidad Inoperante. Santiago: Lom,  2000. Páginas 81 – 120.


 

[1]    Jean-Luc Nancy, “El mito interrumpido” en La Comunidad Inoperante (Santiago-Chile: Lom, 2000), Pag. 81 – 120.

[2]    Jean-Luc Nancy, Ibid, 87.

[3]    Jean-Luc Nancy, Ibid, 87.

[4]    Jean-Luc Nancy, Ibid, 92.

[5]    Jean-Luc Nancy, Ibid, 90.

[6]    Jean-Luc Nancy, Ibid, 90.

[7]   Garder, J., Hellern, V., Notaker, H. ; El Libro de las Religiones  (Madrid: Siruela, 2009). Traducido del noruego por K. Baggethun y A. Lorenzo. Pág. 29.

[8]   Jean-Luc Nancy,  Ibid,  95.

[9]   Jean-Luc Nancy,  Ibid,  95.

[10]  Jean-Luc Nancy,  Ibid,  103.                  

[11]  Jean-Luc Nancy,  Ibid,  104.

[12]  Jean-Luc Nancy,  Ibid,  108.

[13]  Jean-Luc Nancy,  Ibid, 109.

[14]   Jean-Luc Nancy,  Ibid, 110.

[15]   Jean-Luc Nancy,  Ibid,  119.

[16]  Jean-Luc Nancy,  Ibid,  120.

[17]  Jean-Luc Nancy,   Ibid,   94.

[18]  Jean-Luc Nancy,   Ibid,   117.

[19]  Jean-Luc Nancy,  Ibid,  119.

 

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