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"Cuentos de Luis Labrin"

 

Cuento 2:

 CARRETE AL IMPERIO DEL MAL

 

Cuento 3:

DE AMORES Y FRAUDES

 

Cuento 4:

Travelling

 

 

  Cuentos de Luís Labrin

EL RECLUSO DE LA 43

Por Luís Labrín Pacheco

 

Gracias por haber venido compadre Champa. Sí, aquí estoy en la cárcel nada menos, en la celda 43 calle 5. Le cuento compadre que ahí están los más peligrosos. Digamos: asesinos, traficantes y toda la flor y nata de los patos malos.

            No… no… yo estoy en los peldaños bajos de la escala de delincuentes ¿Que por qué?; es que yo maté a la Eduvigis no más puh, no la violé… eso queda para los chalados de la cabeza.

            Por lo demás, la Eduvigis era como dijéramos mi amante; no Champa yo nunca fui casado con la finada; éramos como convivientes ¿me entiende compadre?

            Si la echo de menos igual que al carretón que teníamos los dos. No me digai que no estai trabajando… tirando arena… digamos que al “Tordillo” se le mancó una pata… ¡putas la huevada! Champa.

            El Tordillo nos salvaba la campana para agenciarnos copete y tarros de salmón para la Eduvigis y, para tu mamita también.

            En efecto, me imagino que estará triste pero, dile que no vote lágrimas por mí. Sí puh Champa, por lo menos tengo techo, aunque la comida es una mierda. Tenías razón… qué le voy a hacer. Todo por la Edivugis que estaba entre las sábanas con el viejo maricón del Tecla.

            Justo puh Champa ¿te acordai que ese día llovía y costaba sacar áridos del río y echarlos al carretón. Exacto Champa, yo me quedé a tomarme unas copas demás donde don Moise y luego... ¿cómo que luego qué? Me fui a la pobla y ahí no más que me encuentro al Tecla con la Eduvigis, en plena cama, dele que suene. Claro, en los hechos mismos puh Champa. No… fíjate compadre, que el Tecla se arrancó y que pesco a la Eduvigis y comienzo a apretarle el cuello. Por supuesto, amigo del alma, comenzó a ponerse roja como boca de puta… entonces… le di un solo apretón fuerte y… plim… se puso pálida de repente y adiós pampa mía.

Si Champa, ellas, llamaron a los pacos y me agarraron. Nada más compadre Champa, yo sólo atiné a llorar y en un dos por tres estaba en la celda 43.

Lo que más me da rabia es que el Tordillo esté manco y tú sin pega, compadre, para repartir arena; ¿que si me preocupa otra cosa?, no compadre, tengo para 15 años mínimo; aunque, el defensor público dice que tengo “atenuantes”. Exacto, compadre Champa, no sé qué significa la palabra esa. Claro, por ahora lloro por la mariconada que me hizo la Eduvigis… En eso pienso también, compadre y que Dios la tenga en su Santo Reino del cielo.