Página de Entrada "Cuentos de Luis Labrin"

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 CARRETE AL IMPERIO DEL MAL

 

Cuento 4:

 TRAVELING

 

 

 

 

 

  Cuentos de Luís Labrin

DE AMORES Y FRAUDES

Por Luís Labrin

 

Siempre llovía intensamente y el frío calaba los huesos, pero éste fenómeno climático, para Gonzalo Retamal no le hacía padecer resfríos desesperantes o infames, ya que todos los días a las 19 hrs. exactas se tomaba su whisky doble diario, lo que hacía temperar su incipiente panza y huesos. Luego partía a dormir plácidamente para amanecer a las 6.30 AM placentero y de buen carácter. De desayuno tomaba un cafecito turco sin pan y partía a dos cuadras de distancia a su trabajo de Inspector General en el Liceo Victoria.

Llegaba media hora antes que los alumnos y con una mirada de soslayo creía saber perfectamente  qué estudiante se había drogado o trasnochado en carretes varios…

- Vienes con las pupilas dilatadas, bravucón

          - les decía siempre a los más guapos, que hacían de la pasta base su compañera de tropellas.

- Traes cara de tinto barato – increpaba a otros.

No obstante, el alumnado le respetaba y le tenía cierto temor escondido, ya que sabía de su dureza y que siempre se apegaba religiosamente a los reglamentos del Liceo, que podía recitar artículo por artículo.

Incluso la Directora, una mujer frustrada por un matrimonio echado a perder a los 34 años de edad, ya sesentona, piernas enarcadas y con párpados pintados color bermellón, y dos dientes de oro de agregado, proyectaba una imagen más próxima la prostitución que a la carrera docente.

Gonzalo Retamal, después de todo y nada, la toleraba, pues sabía tanto de gestión escolar como de Teología Dogmática. O sea, nada.

Retamal había sido director, anteriormente, de dos liceos de prestigio. Pero cuando Antonio Del Carmen Arteaga, el dueño del colegio particular subvencionado, le ofreció a él el puesto, lo desechó de inmediato, haciendo, no obstante, uso de su habitual caballerosidad. Su ojo clínico intuyó y luego confirmó que el liceo era una papa caliente en términos de administración. Sin contar que los talleres de carpintería, estructuras metálicas o mecánica automotriz – por dar tres nombres- eran unas ratoneras desfinanciadas en su equipamiento y con profesores sin título, apenas técnicos autorizados.

Por ello, Gonzalo Retamal, que había llegado dos días antes a Victoria y había estudiado, antes de su postulación, el sector donde se emplazaba el liceo, confirmaba que estaba lleno de clandestinos, cantinas, juegos de máquinas de azar y demás tugurios.

De ahí que hubiera desistido al cargo de director y se quedara sólo con ser segundo de a bordo. Le ofrecieron buen sueldo, sillón giratorio y una biblioteca de textos jurídicos.

Todo fue bien en el liceo: atrasos prohibidos, falta a pruebas escritas sólo con certificado médico y una inasistencia que brillaba por su escasez.

A pesar de todo, terminando el primer semestre, la asistencia, lenta pero inexorablemente, dio a la baja.

Por lo que la directora comenzó con displicencia a abultar el número de alumnos por clase, con el insano propósito de recibir más subvención del Ministerio de Educación. Retamal calló por dos meses el fraude al estado, sólo porque las planillas las realizaba con minuciosidad Claudia Arredondo, mujer fina, de senos altivos, una cintura sinuosa y dos piernas que le salían de las muelas del juicio, y que por lo demás las abría Retamal los días viernes, antes de volverse a Temuco en el último bus.

Este amante de los quintos días le fue sugiriendo a Claudia Arredondo que de seguir inflando la asistencia él se vería en la obligación de denunciar a ambas, aún a costa de perder la fidelidad que ella le profesaba sin remordimientos.

Claudia lloró todo ese fin de semana. El lunes, cuando llegó con los ojos hinchados, le pidió a la directora junto con el inspector general que la relevara del engaño que se estaba haciendo al estado.

La directora golpeó el escritorio, pataleó, lloró como una niña desvirgada.

Cuando sintió los ojos de Retamal fijos en los de ella, se calmó, no sin cierta ira, y confesó que Antonio Del Carmen Arteaga le había dado la orden.

Retamal la observó con largueza y le dijo: - perdone usted, pero se ha confabulado para incriminar y robar con Claudia, su secretaria: al gobierno – le espetó con piedad que la directora siguió con gemidos entrecortados.

Lo que pasó después fue breve: Claudia Arredondo fue asignada a Inspectoría General y la asistencia fue revisada por ella misma y Retamal con rigor espartano.

Se fue volviendo lentamente a la normalidad. Nunca más se habló del tema. También fue más frecuente la intimidad de Claudia y Retamal.

Así se llegó a octubre de 2005. La directora oraba con devoción franciscana esperando el milagro de que e 2006 se fuese del liceo Retamal; y ya arreglaría cuentas con Claudia Arredondo.

Pero Gonzalo Retamal, hombre ducho en el póker, que lo había aprendido cuando el 70 fue guardiamarina y vencía en el juego al capellán de la armada José Zenteno… sabía barajar muy bien las cartas y siempre tenía una marcada. Por lo cual estaba muy tranquilo.

No pasó nada. El 4 de marzo del 2006, Gonzalo Retamal estaba de nuevo, media hora antes de la entrada de los estudiantes con sus retinas muy claras y acechantes.

Recorría los talleres, sabía cuando se armaba una pelea, cuándo los muchachos de mecánica automotriz se hacían cuchillos, cortaplumas diminutas y hasta estoques en el esmeril de la carrera. Su habilidad era tal que sabía cuántas varillas de soldadura quedaban en el pañol o si se perdía un alicate.

Con los profesores tenía una relación muy afable y muy cortés, pero inflexible en los horarios, al punto que por su curriculum lo admiraban.

El 6 de abril se produjo algo anormal en el liceo. El alumno Horacio Cortázar se hizo el enfermo y avisó en Inspectoría que hacía 15 minutos que se le había perdido el celular.

Había salido de la sala de 3ºB de estructuras metálicas y avisó a Claudia Arredondo. La información llegó de inmediato a Retamal.

- Claudia irá conmigo al 3ºB; y ármese de valor. ¡Ya verá qué haré! – se lo dijo tan firme y seguro que Claudia sacó más pecho del que tenía.

Las clases terminaban a las 17 hrs. A las 16.50 partieron ambos en dirección a la sala de 3ºB que pertenecía a estructuras metálicas. Pidió permiso al profesor de física Artemio Fuentes y habló fuerte y con tono amenazador.

- Quiero ver todas las mochilas vacías. ¡En este instante!

Retamal cuando fue guardiamarina armaba y desarmaba su mochila en tres minutos. Sabía cuánto demorarían sus estudiantes. En dos minutos saltó el celular al piso. Retamal conocía el truco. Pero se fijó más en lo que ocurría con el alumno Francisco Leal, que no había abierto su mochila. Entonces le dijo:

- Venga adelante y saque todo lo que contiene su mochila. ¡Me entendió bien!

El alumno Francisco Leal comenzó a transpirar copiosamente, de modo que Claudia Arredondo abrió su mochila y entre dos cuadernos y un pan francés relució un corvo de 28 cm de largo y 6 de ancho, aserrado y doblado en la punta para destripar a un guerrero.

- Ésta es un arma de guerra y la usan sólo los soldados profesionales – le increpó con pena al muchacho que comenzaba a llorar.

Por todo, el jovencito “arrestado” respondió que era de un tío que se lo había prestado por si tenía que pelear con otro chiquillo de armas tomar.

Eran exactamente las 17 hrs. Retamal recordó que a esa misma hora murió Santiago Nasar a manos de los hermanos Vicario. Formó el curso, le dijo a Leal que se sonara los mocos y podía irse con el curso.

No lo castigó ni lo reprimió por el momento. Terminada la jornada de trabajo, miró el corvo propio de comandos. Lo guardó en su escritorio que cerró con dos llaves. Ese día lo iba a recordar siempre. No se le movía un músculo del rostro. Invitó a tomar whisky a Claudia y luego hicieron el amor desenfrenadamente; después vino la ternura y un par de cigarros. Se despidieron bajo una luna llena opacada por la lluvia.

Al día siguiente, Gonzalo Retamal llegó una hora antes que sus colegas y personal asistente. Entró a la oficina como siempre. Abrió las 2 chapas del escritorio y se encontró con el destino que había dejado el día anterior.

Cuando llegó la directora, Retamal le informó escuetamente sobre los hechos y a continuación, junto al profesor Artemio Fuentes, le mostró el enorme estilete. La directora abrió sus ojos bermellón salientes como huevos fritos, recordó que su ex – esposo tenía la pinga un tercio apenas de ese cuchillo, y luego sólo atinó a decir: - ¡Dios mío!

Retamal le dijo que dejara en sus manos la situación. Y así fue. Muy temprano partió al Servicio de Investigaciones. El guardia lo conocía, de modo que lo hizo pasar donde el Prefecto. Aquí le relató lo sucedido. El propio Prefecto le tomó declaración judicial. Luego, éste hizo dos llamadas y el fiscal Héctor Leiva autorizó para que de inmediato se investigara lo acontecido.

Retamal agradeció al Prefecto y en unas horas, siete vehículos de investigaciones hacían una redada por todo el sector aledaño al establecimiento educacional.

En el liceo llamaron al muchacho Leal y delante de su madre y padre que habían sido preventivamente detenidos, tomaron declaración al chiquillo. En lo fundamental era exacta, sólo que el corvo aserrado, capaz de degollar a un ternero, era de Pedro Leal Marifil, alias “el ñaja-ñaja”. Se firmó la declaración y, al mismo instante, el padre del muchacho le dio un soplamocos y le saltó sangre de narices, a lo que se opuso Retamal, e investigaciones también. Lo curioso y nada estimulante era que el chico lo había expuesto “para darle una lección a Retamal”. Los detectives se rieron de buena gana. Emprendieron rumbo hacia cantinas baratas y en menos de media hora el “ñaja-ñaja” estaba esposado y con una cadena de moto-aserradora, ·segunda arma para matar a Retamal”.

Estuvo 24 hrs. en investigaciones, luego a las nueve del otro día lo formalizaron “por peligro para la sociedad, amenaza de muerte y uso de armas prohibidas… 45 días de prisión preventiva y 65 para investigar”, sentenció el juez en lo oral…

Al alumno Leal lo expulsaron por acuerdo del Consejo de Profesores y el Centro de Alumnos. Los padres indignados fueron a Curanilahue donde Antonio Del Carmen Arteaga, para que no se estigmatizara al liceo. No dio la cara y se fue a refugiar a Valparaíso. Ahí fue visto por el cabo Rulfo.

El 19 de abril del 2006, Gonzalo Retamal se tomó una licencia médica. Como se sabe, jugaba siempre con una carta marcada. Se fue donde un siquiatra que le fue renovando las licencias por depresión severa por ocho meses, investigadas y reafirmadas por COMPIN.

Su depresión terminó con el año escolar; se le pagó todo, incluso vacaciones, y un bono de 4 millones que don Antonio dijo que “se lo merecía”. Firmó la resolución: renuncia voluntaria. Debemos agregar aquí que Claudia se fue a vivir con él a Temuco y viajaba a Victoria. Claudia fue poniéndose más fornida por lo que Retamal la tomaba fuerte por los hombros y la penetraba hasta que Claudia caía a orgasmos estentóreos y fascinantes. A tal punto llegó esto que Claudia debió pedir en octubre su pre-natal. Retamal, en la cumbre de la buena fortuna, se fue de director al liceo de Chañaral y se llevó con él a Claudia como su secretaria.

Los hechos relatados, en parte son ciertos, si es que consideramos que los relatos de las historias son verídicas. Sin embargo, cabe hacer notar que los hechos ocurrieron, el día 6 de abril de 2005, y; la periodista Tatiana Márquez lo sacó en primera plana en el Diario Austral de Temuco.