Página de Entrada "Cuentos de Luis Labrin"

Cuento 3:

DE AMORES Y FRAUDES

 

Cuento 4:

 TRAVELING

 

 

 

 

 

  Cuentos de Luís Labrin

CARRETE AL IMPERIO DEL MAL

Por Luís Labrin

 

“Que profunda emoción… recordar el ayer… cuando toda Venecia me hablaba de amoooor…” La voz sale arrastrada y dolida. Al profe se le escapa una lágrima y nos cuenta que la canción es de un gallo francés de apellido Aznavour. Quien la canta es César: paciente del siquiátrico que está a tiro de piedra de nuestro liceo.

Son las 4 de la tarde y César nos ha recibido como a viejos amigos, interpretando su canción preferida. En el comedor ya se fue septiembre pero aún quedan guirnaldas dieciocheras. Cosa paradojal pero los internos están de fiesta y nosotros también, ya que vamos a celebrar dos cumpleaños: el de José María y el del Pato.

El primero tiene 63 años, y a pesar de tener uno o dos dientes, ríe permanentemente de modo contagioso. El Pato, en cambio, es joven, como de nuestra edad y su sicosis no es impedimento para que esté profundamente enamorado de la Eli. Es enferma esquizofrénica y de risa plena y rápida. El Pato nos ha revelado que “primero es necesario tener una casita con muebles y todo y después va el matrimonio”.

VAMOS A LA LEGAL: La cosa empezó cuando el bacán del profe de sicología comenzó por relatar que antes al enfermo mental se le consideraba como engendro del demonio, del mal y, por lo mismo, eran castigados, segregados, mal alimentados y peor amados. “Eso es una infamia”, sentenció.

Después del silencio que reinó en la sala de clases nos pusimos trabajólicos. Nos uniríamos a la monja Jennifer que hace pastoral y va a compartir con los enfermos. Reuniríamos información grossa y haríamos un reportaje cototo.

 

EN LA DURA: Con la primera lluvia de junio llegamos al Centro de Rehabilitación Mental. No había portero ni guardia (que descueve, ni siquiera inspector general). Los pacientes bailaban una cumbia llena de trompetas. Entramos como Pedro por su casa. “Hay que mimetizarse entre ellos” nos había dicho el profe y nosotros agilados íbamos con uniforme. Era la primera visita y teníamos cierto temor y a veces, repulsión. Pero la monjita estaba meta contar abrazada de ellos y el profe dale cigarros a todos.

De a poco la Karina del 3ero medio, que no estaba ni ahí con estos gallos, comenzó a darle lata a la Yolanda (enferma catatónica), y ahí empezó la cosa porque todos de un rato para otro, se fueron de cháchara compartida.

Hubo galletas, sonrisas, té con leche y la soledad patética de Juan Antonio Mejías que desea luego una compañera sino se va a morir ahí mismo en el Hospital.

La jornada fue un éxito. El primer paso estaba dado. Se dio la comunicación y el deseo de nosotros y ellos de alejar un poco el dolor y la angustia.

…Abrazos, chao, nos volveremos a ver…

 

A MOJARSE EL POTITO: Vino el segundo y muy repetidos encuentros. De lado quedaron nuestros uniformes y nuestros prejuicios. Nuestro trabajo es duro y la editora pidió “antecedentes fidedignos”.

Cuando la monjita Elvira se puso con una torta de este porte, la fiesta fue con ellos de miedo. Como será, que la Vivi, compañera “periodista” de nobles jornadas, recibió la declaración de amor de Mejías con beso en la mejilla y todo eso. El Pato abrazaba a la Eli desenfrenadamente. La hermana Jennifer transpiró sacudiendo tanta cuerda de guitarra. Carlitos, paranoico, consumía dulces y se agitaba sus genitales ingenuamente. La Chelita, autista precoz, no supo definir a la Jaqueline, parte del grupo periodístico, si era del Japón o Perú. Cipriano luchaba con sus canas y Manuel lloraba copiosamente. Hay tanto por describir, pero…

 

FIN DEL ROLLO: La Gregoriana observa a César con la boca pasmada; es la compañera que lleva a cabo la ludoterapia. Todos los enfermos pintaban cartulina con colores fuertes y que a lo mejor nunca imaginaron.

El sol es muy mezquino a esta hora. Estamos muy alegres y nuestros ojos están húmedos. Ha sido una tarea triste pero hermosa. Los enfermos están – ahora – más cerca de nosotros. Ya no son engendros del demonio ni mucho menos. Son seres humanos, seres humanos que debemos integrar. Ellos deben recorrer la ciudad como cualquier chileno, deben ser libres, ser respetados por todos y, sobre todo, queridos por nosotros.