Un  Magnicida  Por  Osmosis

Jorge A. A. Flores Clerfeuille

¿Guillotinado?. ¿Cómo quién corta una vulgar resma de papel?. ¡No vale!.

Es curioso, jamás se me habría ocurrido morir de esa forma. Pensándolo un poco...mejor.. quién sabe. Lo que puedo aseverar, es que... ¿Qué poca imaginación tiene la ley para matar?. Yo, en su lugar, primero los torturaría, los amarraría, los cortaría en pedacitos, empezando por los pies, luego por las manos, o al revés, y al mismo tiempo intentaría medir las diferentes capacidades de soportar el dolor estirándolos, muy similar a la edad media, o en su defecto.  ...Bueno... Qué tengo yo que meterme en esas honduras. Total, eso es materia de sabios y jueces. -Hombres al cabo-. Unos, afanados día a día en romper la cadena normal de la naturaleza, los otros, ignorantes, atestados, enredados en leyes fabricadas exprofeso para ser ejecutadas por ellos mismos, con la ambición intrínseca, de poder tergiversarlas a su antojo en un momento dado. Manipularlas hasta llegar en algunos casos, a decir lo contrario. Verdaderos sofistas de las verdades a medias... En resumen, cual más cual menos, eternos seres creadores de conflictos.

Divagando un poco, les falta sin duda, sacudirse la obsesión de acumular dinero inventando formulas y juicios, ya que el poder lo obtienen a través de las mutaciones, o de los códigos creados por ellos, además, llegan a creerse dioses al manipular los genes, sin embargo,  la chispa de la noción emocionante de la vida, que es el dolor, el olor a la linfa fresca, a la creencia de ser uno el ejecutante, no de la condena sino de su final. Carecen de dicha emoción, desconocen la percepción de esa felicidad. -Si supieran la exaltación que produce -. Es indescriptible. No... éste... ¿No les parece que esa palabrita, “exaltación” suena muy fría? Poca cosa. Mejor digamos, un efecto completamente maravilloso, placentero... ¡Bien!... Una conmoción alucinante, impresión impagable es tener la posibilidad de enterrar un cuchillo para sentir de inmediato la sangre corriendo tibia y en ese mismo instante, escuchar los borbotones de humor mezclados a los silbidos de una respiración que se va. ¡Fantástico!... 

Abrió la puerta bruscamente, anduvo unos pasos enérgicos hasta el asiento, golpeó el respaldo con rabia y le gritó fuerte a manera de ultimátum.

¡Luís, a cenar! ¡Es la última vez que te lo digo!.

Al segundo, después del grito, soltó la mano del respaldo de la silla, caminó unos pasos sin sentido, desorbitó los ojos y cayó pesadamente sobre la alfombra del dormitorio sin llegar ha comprender nada. 

...Yo sé que papá entendió lo que hice y porqué.  No tenía ningún derecho de levantarme la voz asustándome, arrebatándome, impidiendo mi dicha, es más, provocándome de ese modo, sacándome abruptamente de ese éxtasis ansioso, de parar esa infinidad de golpes, del que era maestro y más encima, si le iba ganando. Aquel cuello gordo, insinuante, apareció repentinamente llamándome. ¡Aquí estoy!. Y él, me interrumpió justo en el momento. Igual que mi compañero de juego. Su pretensión eterna, querer ganarme. ¡Imposible! ¡Qué iluso!.  Juanito, pidió, créanmelo, suplicó que lo hiciera, jugó y perdió, yo no tuve la culpa. Él, aceptó impertérrito, con estoicismo su derrota. -No puedo negarlo-, fue gratificante y cuando él entró a llamarme, asomó furtivamente, una nueva tentación irresistible, era un retorno, la emulación de lo vivido una y mil veces en forma virtual...  No lo pude evitar, no puedo eludir esas ansias permanentes apoderándose de mi esencia, pero eso ya no importa. En un tris de  segundo, en un pestañear de ojos, me encontré sorpresivamente, bajo una gran  hoja afilada que se agrandaba cada vez más al acercarse -internamente me agrada, siento la adrenalina exudada por la piel-, la espero absorto, paralogizado. Mis dedos quedaron tiesos, sin movimiento. Aquí, ahora, es otro minuto y  me satisface recordar, innumerables y  gratos recuerdos de cuando mi madre  acuchilló a la amante de  mi padre; literalmente la descuartizó, bañando la casa con ese líquido viscoso, era dulce y templado. La nana, estuvo una semana tratando de sacar las manchas, siempre fue mi compinche de juegos. Despanzurrábamos regalones del vecindario en las tardes, cocinándolos sin que nadie supiera... Lo pasábamos bien... Ella, siempre inventaba situaciones, era creativa, se le ocurrían cosas  y creo fehacientemente que aquella fue la que le avisó a mi madre, comentándole la situación supuestamente amorosa, mientras sacudía las cortinas del balcón, -Su lugar de las invenciones-. En realidad, Sofía estaba un poco celosa de  mi padre, media enamorada, según pude intuir en el transcurso de su estada, alguno de sus gestos llamativos para mí, le pasaba la toalla secándolo dentro del baño y luego lo llevaba al dormitorio con la intención de hacerle masajes durante la siesta; desconozco el motivo de fondo, del por qué un día no apareció más por el departamento. No quiero suponer nada, pero me gustaría elucubrar que fue aplastada, repasada por el automóvil de Marcia, (mi madre) o que la hubiera encerrado en el portamaletas  paseándola por toda la ciudad hasta deshacerse por el calor del verano, para luego aspirarla y votarla a la basura hecho nada. Ahora, entiendo la causa de la desesperación de mi padre, la buscaba como un desaforado, por cielo mar y tierra. Mi madre, se reía burlándose de los ajetreos y súplicas que él le hacía. Todo fue inútil.

Al rato, tiempo después. Lo cierto es que no tengo en éste instante, la capacidad mental de medir, calcular o separar los tiempos. ...Cómo un reloj...  No, no soy tan idiota... Marcia, por ese segundo entró de sopetón.  ...de improviso... ha decirnos lo mismo: ¡Viejo y Luís chico, ha cenar! Acompañó la frase con su voz cantarina de no quebrar huevos. Tuvo el desatino, la mala ocurrencia, de interrumpirme una vez más, y lo que es peor, sin pedir permiso, quedando de manifiesto su poca educación; entró inoportunamente a mi dormitorio, abrió la puerta y gritó  despavorida. ¡Qué has hecho! Eso, ya fue el colmo. Me aterrorizó, entonces, no quedó más remedio que proceder. Y de nuevo, la misma sensación.  No puedo negarlo. ¡Que placentera de un tiempo a esta parte se había transformado mi vida!.

Ya  viene mi verdugo, pero yo soy más hábil. Esta vez, no me va a pillar desprevenido. Su tarea es fácil, simple, sin ningún esfuerzo mental,  sólo tiene que cortar una cuerda, aquello no le encuentro la gracia, lo emocionante es hacerlo uno mismo,  ir cortando poco a poco la carne hasta sentir el aroma de la sangre saliendo con fuerza, cómo anhelando liberarse y ver por sí sola un  mundo real, nuevo, pleno de gozo. Pero esta vez, todo por un movimiento retardado, debido a la impresión, sobresalto imprevisto, descuidé una reacción que no fue causada por mí...,  logró vencerme. ¡Maldición!  Tendré que salir volando. Mi cerebro, en ese segundo, bullía buscando la única escapatoria; -Brincar al otro edificio-.

La gente que está a mi lado viendo el espectáculo, es muy rara, más bien patética, algunos  se ven alterados, ansiosos según parece de ver caer mi cabeza, chorreando líquido rojo. A ellos los comprendo, a mí también me gustaría mirarme, pero a esos que me ven con los ojos llorosos, tergiversan la imagen,  lástima. -¡Qué pena!- no deben tener una visión clara de la situación, es más, ni siquiera son capaces de comprender a ciencia cierta, a qué vinieron, más allá, un grupo de viejas cuchicheando... ¡Aquellas!... Mejor dicho, comentando  sin lograr comprender lo que dicen. Un poco a mi derecha, hacia arriba, otras, se esfuerzan en letanías inentendibles semejando rezos, agarradas aprehensivamente a un collar colgando de sus manos, siendo ecuánime, el colgajo, no era más que un montón de cuescos de aceituna que se lo pasaban de una mano a otra, y todo eso que hacían, aseguran. -Era  por mi alma-.Claro está, son simples hipócritas,  mojigatas, porqué sé que se están deleitando, con el sólo hecho de mirarme... Anhelando en su fuero interno, esperanzadas, ansiosas a que muera pronto. No, no creo que Dios (si existe) me quiera recibir en su reino, pues yo no aguantaría las ganas de que mis manos apretaran las teclas justas, rápidas, precisas con el fin de matarlo, destripándolo sin compasión, demostrándole una vez más, que yo soy invencible. ¡Maldigo el instante, que me interrumpieron!. Mi único recurso, factible frente a ese impasse, fue saltar.

La experiencia, mi sabiduría, el manejo adquirido, tuvo la virtud, la sagacidad, la destreza, la habilidad, de hacer que me diera cuenta del minuto, en que la espada venía certera.

Mi colega, enemigo de mil batallas, contrincante eterno, está en estos momentos cortando la cuerda.

Todas esas  miradas enajenadas, idiotas, están posadas sobre mi cabeza, hasta las de esas mujeres, beatas, decrépitas, para respirar, dejaron de jerigoncear por un momento. Debo conjeturar, esperando ávidas, aquel segundo final. Ya comencé ha sentir el filo de su hoja sobre mi cuello, esta  no lo cortó completamente. Puedo sentir un flujo saliendo por mi boca. ¡Sí! Es mi sangre, viscosa, la reconozco por el sabor. Una emoción maravillosa. ¡Fantástica!

El salto me salvó del corte total y eso fue lo que no me privó del placer más inmenso jamás sentido. Apreciar mi propio torrente sanguíneo en toda su intensidad, su olor, el gustillo en mi garganta acompañado de su ruido arrullador... música celestial...

¡Sí! Es cierto, tomé el corta papeles y se lo enterré a mi compañero de juegos que se hallaba sentado a mi lado, -lo recuerdo bien-. La apuesta había sido a muerte. Un chorro pegajoso, saltó ensuciando la pantalla del computador y tuve  que lamerlo, apresuradamente, limpiándolo, además de  comprobar en forma real, todas las corazonadas sentidas antes vistas. ¡Qué prodigio! Después entró el viejo y por último mi madre, todos ellos se quedaron fascinados, acompañándome hasta que la gárgola, terminara espada en mano de acabar con todos los malvados de la tierra, y yo con ella, y ella ahora conmigo... Pero no alcanzó... Ji,ji,ji. Huichi pirichi.

Los vecinos cuando entraron, vieron a Luís riéndose alegre, magnetizado, sentado frente a su juego favorito, haciendo que éste matara por millonésima vez, a sus archi enemigos, mientras lentamente el hedor de  a lo menos quince días, invadía paulatinamente todo el pasillo del edificio.  

El conserje, con el grupo de vigilancia del condominio, hacía ya varios días que andaban en busca del mal olor, hasta que, por simple descarte llegaron al departamento del quinceavo piso.  El encargado de aquel bloque extrajo del manojo de llaves, una, la de ese departamento. Primero golpeó sin respuesta, luego, frente a las miradas expectantes, puso la llave y empujó la puerta bruscamente, dejando salir una bocanada nauseabunda nunca imaginada. Ellos, más bien ellas, no encontraron nada mejor que lanzar un grito terrorífico, frente a tamaño espectáculo. El niño, reía inocentemente sentado delante de la pantalla, ignorando los acontecimientos, entretanto, los gatos de la casa, únicos sobrevivientes del edificio, por su parte se relamían maullando satisfechos después de haberse comido lentamente los restos de él y ella. Al lado, en la silla contigua, sentado, todavía permanecían continuaban despojos del que fuera su compañero de juegos. Él pasó hacer su alimento natural y compañía obligada, en todos estos días, fue por eso, que cuando giró la cara, esta era una mancha oscura producto de la sangre al secarse. A Juan, sus padres lo habían dado por perdido y era buscado intensamente a través de los medios de comunicación, radio, tv, diarios y por si esto fuera poco,  su fotografía ya aparecía detrás de las boletas de agua y luz.  

Luís, se dio vueltas diciéndoles muy correctamente:

-Mis estimados vecinos. ¿Ustedes nunca han visto a Ratman volando de edificio en edificio?.- Y sin decir agua va, saltó por la ventana gritando -¡Yo, vencedor de la figura animada del castillo, va al rescate de la princesa del mal!-.

Los residentes, sin reponerse del asombro y sin entender los acontecimientos, corrieron despavoridos, al ascensor, apretaron botones, bajaron, caminaron rápido, pudiendo ver ya a Luís tirado en el pasto, con una cara plácida, saliendo de su boca, un susurro apenas audible; -la huelo, la siento-. ¡Qué fantástico, qué maravilla!. ¡Salgan de ahí, no paren la hoja!.  Dio unos manotazos al aire y  al segundo quedó quieto, tirado en el prado verde recién cortado, aplastando con un pie,  las ramas y flores de una mata, de bella hortensia, justo a una orilla de la entrada del edificio.

Entretanto, detrás los felinos que bajaban maullando a todo correr por las escaleras, las personas, las gentes del sector, no sabían si esa conducta, obedecía a un llamado, o era producto del alboroto momentáneo. En resumen, podríamos sospechar que habían sufrido un acostumbramiento, una especie de adicción, por lo cual, corrían desaforadamente ha comenzar pronto a lamer la sangre de  Luís, antes que se enfriara y luego. ¿Quién sabe?.

Ajenas a los acontecimientos, las rosas, que estaban a un costado del cerco, cuya función real, era tapar el motor de la puerta automática en la esquina, con su perfume invadían tenuemente el lugar a través del aire, de aquella mañana soleada.  

Tomado de HUMORGRAFICO