El Recolector

Desde el atardecer, la nieve comenzó a cubrir el pavimento, la ciudad de noche, aparte de quedar blanca, se vio lentamente envuelta en un caos de sin razón urbana. Había asomado el primer frío, nadie lo esperaba y menos de esa forma. Este empezó con tal intensidad, que dejó empalado y asustado al espíritu más osado, mientras el alma buscaba refugiarse en el interior de algún hombre intentando hacerle ver la perfección. El temor mayor de todos, fue cuando apareció el hielo flotando en medio de los haces de  luces, seguido de una pequeña brisa gélida persistentemente, penetrante, sin respetar muros, techos, casas o edificios. Al paso de las horas, dicha ventisca avasalladora se fue transformando en algo agobiante, sin embargo, ayudaba a respirar a los últimos, pese al sobresalto producido por las consecuencias de aquellos acontecimientos propalados por radio, es más, a todo color en la pantalla cuadrada. Aquellos se referían  una y otra vez en forma sistemática, sobre aquel virus escapado de un laboratorio de esa empresa de varias  siglas. -La finalidad- diezmar toda vida animal dañina existente en el planeta, -objetivo- hacer más espacio a los humanos. Empleando una analogía, podemos decir con toda seguridad y certeza, que cómo toda cosa hecha por el Dios hombre; es, no medir consecuencias futuras, por lo cual, tampoco podemos pronosticar su término, ni las repercusiones colaterales de sus manipulaciones. Sólo definir en forma mudable, qué el espíritu, es la fuerza  que mueve el alma de cada individuo, por lo tanto decir qué, el actuar de los seres de una misma especie, es tan diferente e incomprensible frente a un mismo hecho.

El modo de desplazarse el mentado virus publicitado, era el viento del norte, no obstante, y ha pesar del esfuerzo sobrenatural, conque el viento del sur soplaba contrarrestando éste nuevo agente impuesto. La conducta consustancial de la entropía innata de nuestro orbe, apoyaba intrínsicamente al viento del  sur, insistentemente, tratando de llevar consigo la esperanza implícita de limpiar la atmósfera, para que volvieran ha reaparecer  los árboles, las plantas, en suma, la esencia terrestre intentaría a su manera, regenerar, primero al reino vegetal, reimplantando posteriormente vida animada la que desaparecía segundo a segundo irremediable e inevitablemente frente a nuestras narices de hombre común, y todo, por tener la creencia expresada por algunas creencias religiosas, donde se manifiesta: Qué él hombre señoreará sobre todo en la faz de la tierra.   Queriendo supuestamente mejorar lo existente. –¿Cómo?- Manipulando la energía, y transformando lo armónico, genial, equilibrado. Acondicionándolo, llevándolo a una comodidad relativa para el hombre, por ende, a que éste realice el menor esfuerzo y pague tras ese bienestar recibido a una o más empresas creadas por el mismo y que al pasar el tiempo, estas toman una actitud deshumanizada actuando como sujeto independiente y vivo, pasando sus creadores hacer vulgares esclavos dependientes de lo ideado, que supuestamente serían los beneficiados. Detrás de esa finalidad perversa he inconsciente, algunos miembros de éste ente animal, genio, llamado hombre, los viene  ideando al paso de los milenios una y otra vez jugando a concebir ser el creador del universo.

Una parte del grupo (humanos), se refugió en el  extremo sur del mundo, para lo cual, ya habían comprado con anterioridad algunos territorios, se habían preparado, claro está solamente los que poseían la información clasificada, ellos sabían y por lo tanto, trataron de mantener en secreto hasta el último instante la catástrofe que se aproximaba, ya que aquellos, maliciosamente estuvieron involucrados en la creación del bicho invisible con la intención, de ser los únicos genéticamente puros y de esa forma, manipular los destinos del futuro nuevo mundo. Cosa nada nueva por cierto. Pero esta vez, según las informaciones, estaba logrado.

Se levantó rascándose la cabeza, estiró los brazos bostezando, apagó el televisor en forma desganada, anduvo unos pasos y luego volvió al sillón. La verdad, se desplomó dejándose caer a cuerpo muerto. No le quedó claro en ese instante, si había visto una película, o era otra noticia de las tantas anunciadas a través de ese medio para rellenar espacios. -Verdades a medias.- Vagamente vislumbró en su mente, la voluntad que mañana, desde temprano debería  recoger la basura; trabajo de todos sus días. Se sobó el abdomen abultado dándose unas palmaditas, y sonrió pensando maliciosamente en la disculpa. Es por estar sentado todo el día. De pronto, asomó a su  memoria el tiempo transcurrido de las casi tres décadas haciendo lo mismo. El próximo amanecer, una rutina diaria más, la única diferencia, la basura sería distinta. En la estancia se sintió un ronquido.  ...Su vida, comenzó idéntica a cualquier mortal, nacer, estudiar, trabajar, casarse, tener hijos, esto último no fue posible, debido a una mala producción de espermios, no llegándole ha importarle “un pepino”... Por lo tanto, en reemplazo de esa carencia. Ella, su esposa, crió un gato regalón que maullaba eternamente, por la comida, a la siga por subirse en la falda, en la cocina, y en la noche al tratar de meterse en la cama, salvo, el mes en que se perdía por los tejados, o en su defecto, miaba intermitentemente mientras dormía sobre sus pies esperando impresionarla antes que llegara él ha acostarse.

Esa noche,  él no se había ido ha dormir, pese a los reiterados llamados de su señora, se quedó lleno de dudas, por el momento, su dilema, más bien dicho, su problema no resuelto, era pensar en  acomodar de mejor forma la carga. No pudiendo dilucidarlo de buenas a primera, pese a la información dicha y recibida en forma tan explícita y reiterativa tantas veces, que nuevamente se puso ha imaginar una y otra vez, hasta que el cansancio apareció cerrándole los ojos, no obstante, él siguió urdiendo las diferentes posiciones.  ...Propósito... Tener que ejecutar los menos viajes posibles, y así, optimizar los recursos disponibles, tanto de las horas hombres, cómo de la carga a llevar por viaje; cubicar mentalmente la tolva, realizar el cálculo del peso promedio de la carga, con la correlación de vueltas y el gasto de combustible del camión.

Siempre anduvo tras la optimización de la productividad, ésta manía perfeccionista, le había llevado ha recibir varias condecoraciones en los años de trabajo, su pasión, la competitividad, la eficiencia, desde niño se le educó en ese sentido; primero en el jardín infantil, luego en primarias, siguiendo en los grados superiores, para terminar en un Doctorado de Recursos Humanos y de Economía.

Él continuaba obsesionado pensando en el problema, era consecuente y tozudo con el patrón aprendido. En varias ocasiones, se le había escuchado jactándose de su perfección, y para no hacerla aparecer tan soberbia, disimuladamente, se ponía detrás del ropaje de diferentes Universidades tradicionales y otras no tanto, haciéndolas pasar de la falsa modestia, a la ofensa innecesaria.  

Estaba sentado apoltronado en el living, luz tenue, música suave, de vez en cuando se pasaba los dedos por el pelo sin dejar de discurrir, intentando traer el deseo que trabajara en forma apresurada su materia gris, y volver obcecadamente, a trazar en su mente las rutas más cortas. Calcular volúmenes, imaginarse mentalmente los recorridos más factibles, he ir recolectando sin perder tiempo, ni entorpeciendo el trayecto. Lo más importante de tener presente al resolver dicho dilema, impedir una descomposición prematura, ya que esto, provocaría un mal mayor y posiblemente le perjudicaría en su hoja de servicio.

Después de  cenar esa noche y cómo era su costumbre, acompañado de la televisión, el ruido de la ropa y el tic de la cuchara al golpear el plato, su usanza solamente se  detenía durante los comerciales y aprovechaba ese lapso en intercambiar un par de monosílabos con su mujer, es cierto, carentes de contenido, salvo el comentario sobre el traje de la locutora, o lo malo que estuvo el partido de fútbol, todo esta importancia acompañada de los eternos maullidos lastimeros del maldito gato. Por el momento, seguía ensimismado, solucionando especulativamente el rompecabezas de mañana. Los veía; recreaba la escena. Primero haría una pila en fila a lo ancho, así cabrían cinco en la carrocería, uno al lado del otro, por cuatro de largo, pero no le acomodaba la prolongación de los pies. Entonces, los atravesó queriendo amarrarlos unos con otros, de esa forma, no se correrían tras el movimiento, ni en las vueltas, además, aprovecharía el total del espacio disponible en el chasis. Se detenía por segundos finiquitando y seguía computando el largo por el alto y ancho, lo cual, le daba un resultado que no le satisfacía, más bien, volvía una y otra vez ha divagar, descubriendo al fin, que el apilar los bultos sin dejar espacio entre ellos, le permitiría un pequeño sitio libre al final donde podría acomodar uno  más, claro que esa posición, lo llevaría ha rebalsar las barandas. Dependería también de la ayuda que   recibiría  de los que trabajaran  atrás y al lado del camión. Pese a todas las circunstancias pensadas, la más importante y casi se le escapa, reflexionar sobre el peso de cada masa ha recoger, terminada esta operación, podría saber a ciencia cierta la cantidad ha recolectar en cada giro. Una de sus conclusiones: pesar en primera instancia, unos diez para sacar un promedio, definiendo la media; seleccionaría las cuadrillas que iban ha salir al trabajo, teniendo principalmente en cuenta el factor de  las fuerzas brutas ha emplear por los individuos que fueran ha levantar y pasar los restos sobre las barandas.

Él, tenía la convicción que no le bastaba conducir por las calles, debería tener un cuidado extremo de no pisar ningún resto, sabiendo de antemano la razón, que ésta carga sería diferente, por lo cual, estaba impedido de emplear la prensa o la pala mecánica tan útiles en otras  ocasiones. En realidad, los remilgos conjeturados pasaban a ser meras sutilezas de  respeto  frente a esa basura. En  ese segundo, sintió calor, -culpable-, el aire acondicionado. Se desabrochó la camisa rumiando preocupado, no podía resolver definitivamente el hecho de no ir aplastando a los que no fueran acopiados de inmediato. Se volvió ha reacomodar en el sillón, esperó un instante, y consiguió paulatinamente relajarse un poco. Esta vez no solamente lo pensaría concienzudamente, sino, anotaría seriamente las conclusiones, para lo cual hizo el amago de  levantarse ha buscar un papel, pero bastó inclinarse sobre la mesa de centro y tomarlo. Ella conociéndolo, antes de irse ha dormir; le dejó un block de papel encima  del tablero de arrimo, sonrió al ver un lápiz aplastando la primera hoja. Con esos dos elementos en mano, resolvería toda dificultad inmediata, o posterior. Sin dudar se pasó la mano por la cara despertándose, y se aprestó nuevamente ha calcular cualquier posibilidad existente, de esa manera, consciente, resolutivo podría reflexionar elaborando  una solución satisfactoria de dejar una ruta libre y no complicarse mañana al conducir, por lo tanto, en forma lógica partiría desde la planta de reciclaje y comenzaría ha recoger primero las calles adyacentes, de éste modo, cumpliría la finalidad primaria de ir limpiando sin aplastar la mugre y no tener que traer el barredor a la cola u otra maquinaria que entorpeciera el regreso. Siendo objetivo, era una suposición, no sabía con qué realmente se encontraría al otro día. Se dio nuevas vueltas en el sofá, tomó la  calculadora, hizo un movimiento brusco sacudiendo la modorra y quedó desconcertado al comprobar que se le había olvidado sumar mentalmente, total, a modo de justificación, se dijo a sí mismo en silencio. Eso estaba pasado de moda. Al terminar la frase, todo lo que estaba a su alrededor, lentamente comenzó ha desaparecer.

Luego hizo dibujos sobre el mapa de la ciudad, sobre él trazó todos los posibles caminos, vías o calles factibles, y tener desde ya, una perspectiva nítida, ver claramente el comienzo del recorrido y no ser atrapado en tacos que lo  llevarían ha tomar decisiones inútiles, induciéndolo ha equivocaciones trágicas. A lo lejos, difusamente escuchó la voz de su jefe. Los errores se pagan caro.

De  seguro sus colaboradores no le expresarían inmediatamente su malestar por las demoras innecesarias, lo recriminarían prudentemente  por no haberse preparado, lo que era peor, conociendo los hechos de antemano, ello debido a los diferentes comunicados explicitados en todos los medios. Sería pecado mortal el no haber tomado las precauciones correspondientes, ya que sin duda aquellos le irían  hacer presente sus reparos, de tal modo que tampoco sería extraño que su desazón los llevara a colocar una nota en el libro diario. Cuaderno disponible donde se anotaban los reclamos generales que hacía el personal subalterno, y qué, quiéralo o no, lamentablemente  redundaría en puntajes anuales en su contra. No podría  tolerar ni soportar dicho vejamen, más encima viniendo de sus propios auxiliares. -Eso sí que no- Más cuando recién había cumplido cerca de  treinta años de servicio y sin mácula, le  faltaba sólo un año para jubilar. Sonrió, no les daría esa satisfacción, se iría incólume del servicio público.

Se encontraba solo en la sala, dicha circunstancia hizo reafirmar su contento y sacando pecho, hundió  el abdomen satisfecho. Recibiría un diploma, un reloj, una cena, un discurso lleno de parabienes, incluido abrazos, sus hojas de servicios diarias y anuales, se hallaban llenas de anotaciones positivas y éste acontecimiento teniéndolo resuelto ahora, mañana pasaría hacer la culminación de una vida de trabajo exitoso.

Por un minuto, el cansancio de las conjeturas lo llevó ha quedar traspuesto sin encontrar definitivamente una solución  adecuada. De pronto, despertó sobresaltado, fijó los ojos en el piso, la razón, el sonido del lapicero al caer, se ladeo estirando el brazo recogiéndolo para  recomenzar ha calcular los metros cúbicos del camión y volver ha sumar y restar el peso aproximado de los bultos ha recoger. Una vez más, el objetivo, -la eficiencia- La mayor cantidad de viajes dentro de las horas de trabajo y no tener que pagar horas extras a los dos turnos ha emplear, pero ante todo, frente a la escasez permanente de recursos. El menor combustible a gastar. Acto meritorio en estos días, equivaldría sin duda a nuevas felicitaciones. En ese instante, su mujer lo llamó desde el dormitorio. ¡Ven a costarte, hagamos el amor por última vez! El no se dio por enterado, se encontraba demasiado ocupado en resolver los acontecimientos del futuro.  

Ella no tenía idea de las cosas del mundo, nunca le importaron, salvo la moda, las copuchas de la farándula y por supuesto, su gato. 

Pensó no pocas veces en los imponderables de la nieve, la lluvia, el barro, en general, se paseó por todas las variantes de los problemas imaginables, hasta, una repentina salida de sol inusual, y que no correspondería, eso sin duda haría más complicada la recolección, mayor razón para estar preparado haciendo frente a cualquier contingencia sin importar la carga ha coger y cómo ésta estuviera. Al sucederse las horas estudiando, planeando, y al no encontrar una salida adecuada, estiro su cuerpo, bostezó poniéndose la mano en la boca.  Luego se alzó molesto, tiró papel y lápiz al suelo concluyendo qué, sería preferible dejar el rompecabezas  a las horas siguientes.

Tenía que madrugar sí o sí. Sé autoconvenció que lo resolvería en la primera vuelta, probaría todas las alternativas de carga, con y sin barandillas, personalmente dirigiría la operación, esta vez, computador en mano sería la solución ¡Qué imbécil! Cómo no se le había ocurrido antes, caminó pesadamente hacia el baño, se detuvo en la puerta y continuó suponiendo.

Estaba cansado de prever  sin encontrar una solución. El aparato resolvería los vectores a través de las ecuaciones pertinentes, sin que él interviniera en forma directa y lanzó resignadamente la justificación. - Mañana, otro día-. Apagó la luz de la sala encaminándose suavemente a la alcoba, su esposa yacía durmiendo y la revista de moda abierta en la página de los ídolos circunstanciales del momento, siempre  el mismo ritual, le tomaba el brazo moviéndolo para sacarle las manos de las hojas, arrollarla y dejarla en el  velador, esta vez hizo caso omiso de dicho ceremonial, dejó todo tal cual, rápidamente se tapó tratando de quedarse dormido, fue inútil, el techo se transformó en una tabla de cálculo, pasaron las horas, y él continuaba privado de poder dormirse, en una de esas, su mujer se destapó, ese movimiento hizo caer la revista despertándola, miró la oscuridad  con un rictus de sonrisa invisible sintiéndolo al lado, instante después, prendió el televisor diciéndole: ¡Ya tienes que levantarte!  Pero no creo que puedas llegar abrir la puerta del departamento. ¡Mira, escucha lo que están comunicando!. En la caja cuadrada se veía el último despegue de una nave hacia el infinito, el resto, los  que quedaban en la tierra, destinados ha morir irremediablemente, salvo, aquellos que ya habían emigrado al sur y de algunos otros que se encontraban en órbita. Todo eso en medio de una voz grave saliendo del aparato,  acompañada  de  un  fondo  musical,  la  marcha  fúnebre  dictando  sentencia. -Muchos los escogidos, pocos los elegidos -.

-Así que lo único que podemos hacer nosotros, es despedirnos y desearnos un feliz descanso-

Él, por primera vez se dio cuenta de su perdida de tiempo, su jubilación, el reloj de oro, su  comportamiento intachable en el trabajo, la ropa limpia y su mayor orgullo -Nunca haber dejado de cumplir el  horario-, se rascó la cabeza, se levantó a observar por la ventana y ella le gritó presurosa ¡No, no dejes que entre la luz!. Desprovisto de habla, se tendió en la cama dándole un beso en la boca; ella  tomándolo dulcemente, lo abrazó acariciándole la cara sin decir nada, él en cambio, le abrió las piernas suavemente, el gato no hallando que hacer, saltó asustado hacia la sala de estar.

Pasado un minuto, María lentamente empezó ha  disolverse, él también vió cuando sus manos fueron despareciendo y en un segundo, la cama quedó vacía. Sin embargo, la pieza siguió envuelta en imágenes entrecortadas del último noticiero anunciando que; En la tierra no había quedado ser viviente. Mientras los sucesos acontecían, el gato maullaba desesperado buscando a su ama. Esto duraría según habían anunciado, hasta que el virus creado por aquellos hombres, fuera  ha destruirse a sí mismo.

Luego de cerciorarse que todo estaba en paz,  volverían ha colonizar la tierra.  Los que fueron elegidos, tenían la misión expresa de no volver ha realizar las mismas estupideces de buscar la felicidad en las cosas, hasta, -destruir el medio- Por vez primera deberían actuar diferente. El hombre tendría que convivir en forma armónica y ser parte definitiva del mundo sin manipularlo.

Las ironías del destino, todos,  los que no fueron puestos en órbita, desaparecieron, salvo, las abejas, los gatos y las cucarachas. Al regresar, seguramente encontrarían vestigios de piedras mudas y quedarían sorprendidos observando, siendo incapaces de responder las interrogantes de aquellos etéreos hombres de piedra desgastados por los vientos de siglos y el tráfico incesante de los seres vivientes que chorreaban un eterno olvido de figuras ajenas a su entorno.

El hombre una vez más se había equivocado, él se  exterminó con gran parte de otras especies, fue un virus selectivo, considerando que los gatos andaban maullando a la siga de las baratas, y  que hoy,  eran del porte de un ratón grande otrora en esos tiempos, por lo tanto, estas se habían transformado en su alimento preferido. No tan así, en verdad, eran los únicos que quedaron junto a las abejas que eran las encargadas de polinizar toda la naturaleza vegetal.  En ésta nueva era, insospechadamente, también quedaron árboles,  miles de gatos y millones de cucarachas, probablemente más adelante, aparecerían nuevas especies o mutaciones de estas, aunque sería difícil por su carácter irreconciliable de cazado y cazador, de insecto a mamífero. 

Debajo de la floresta, en el sotobosque, los felinos acostumbraban ha retozar después de comer, un ritual diario a una hora determinada. Se acostaban ubicando un mismo lugar, lo hacían parecer similar a donde estuvo la cama de aquella diosa en antiguas épocas, se  acurrucaban plácidamente, ronroneaban ensoñando una imagen que permanecía en el subconsciente de todos y la proyectaban sobre las hojas. Esa figura arrojada sobre lo verde, no era otra cosa que la madre de todos y de todo.

En ese lapso en que los gatos dormitaban, las cucarachas aprovechaban para trepar, volar, y correr ha multiplicarse esperanzadas en llegar a ser las únicas sobrevivientes antes que apareciera un nuevo predador.

Habiendo pasado demasiadas y remotas generaciones, la rama genética de aquel primer ladino  gato, seguía produciendo los recuerdos nostálgicos de ensoñar sueños irrealizables. –Volver a ver al Dios destructor de todo, pensar, recrear,  hacer que regrese el hombre y de ese modo, cambiar su dieta alimenticia-.          

Aterrizaron los primeros, bajaron, observaron y encontraron que todo estaba sucio,  primera tarea inmediata, afanarse en recoger y hacer espacio disponible amontonando basura en un lugar apartado, desde lejos los felinos miraban curiosos a estos nuevos animales extraños con un dejo de reminiscencias conocidas.

Un grupo, jóvenes al cabo, daban maullidos de beneplácito, se relamían acicalándose frente a su santuario, mientras extraían de sus memorias a una viviente muy similar a sus recuerdos, pero esta vez, dejarían un macho de la misma especie para que recogiera la mugre y limpiara las hojas del altar.

Al otro lado, ribera arriba, en el remanzo grande donde se bañaba la luna, en la orilla las cucarachas limpiaban los restos de esqueletos de unos animales raros que habían caído de las estrellas.

Los Dioses se multiplicaron, aparecieron ciudades, se hizo presente nuevamente la modernidad esparciendo rellenos sanitarios y los recolectores de basura atareados con la obligación de ser Ingenieros en Economía y Planificación. El macho de la Diosa Marta   seguía calculando acomodado en su sillón pensando ¿Cómo amontonar? Hacinar los cientos de miles de cadáveres de los felinos atacados por el virus creado, tratando de realizar espacio a los hijos de los dioses, mientras a las baratas, se les recogía en palas mecánicas prensándolas para alimento de los otros animales creados.

De la otra pieza, por la puerta entre abierta salió la voz de Marta. ¡Ven acostarte, mañana tienes que levantarte temprano!   El mundo había empezado de nuevo.

 

 

Nota: El hombre siempre se ha quedado en las cosas. Hace cosas sin saber para qué, y lo que es peor, es  irresponsable de las cosas que crea.