Una Carta De La Última Eternidad

Voy hacia mi definitiva última etapa cómo pensante. Se los aseguro. Tengo conciencia que la vida está determinada por el momento en que uno pierde la fe. Aquella creencia adquirida al comienzo de los tiempos de la creación y luego, perdida en la nebulosa del transcurso de vida.  Ahora,  a modo de elucubración personal, lentamente aparecen los recuerdos de hechos pasados en un espacio sin edad, ni medida. Presiento que el agotamiento se ha apoderado de mis reacciones modificando la conducta de vida llevada hasta aquí. Es un cansancio agobiante, oprime, estruja mi  estructura al extremo de  provocar, tal desaliento, que  lleva mi  alma a un  desencanto atroz de la vida, no obstante, ésta continúa perseverando a la espera de recuperar la confianza de renacer a una nueva vida. ¡Oh, maldición,... ya está bueno! ¡Basta! Ha comenzar de nuevo. ¿En qué tiempo?  ¿En qué mundo? ¿En qué dimensión, o espacio irá  a sobrevivir?. Todavía no lo tengo claro, no he podido dilucidar, ni vislumbrar un futuro, ya que siempre estuve inserto en él. Era algo así, cómo recabar más de lo mismo.

En el camino del lapso finito vivido; muchas veces llegué ha creerme inmortal, pero con el paso del tiempo, pasé a darme cuenta que  no tengo la supremacía de encontrar la verdad, única  evidencia faltante para ser real. Lo sorprendente, es que todos al consultarme esperan una respuesta salvadora, es el segundo en  que escucho una voz similar a un vocablo sin tono. Un sonido lineal sugiriendo una multitud de opciones, y enseguida, sin decir agua va, me atiborro  de inseguridades, de apuros, de dudas, de miedos de no poder resolver de inmediato, ni adecuadamente las preguntas que  no son mías. Y asoma de inmediato la interrogante.  ¿Será mi voz interna?.  ¿Será mi espíritu?  ¿Será ella, será él, será,  será mi alma?. Estas  incógnitas producen una conmoción en el sistema  de mi organización.  Aunque si bien es cierto, estos cánones rígidos en que fui educado, ya no  confabulan  en mi contra por saberlos parte de mí, no obstante, sirven para establecer una muda espera intranquila a que ocurran acontecimientos sorpresivos e inesperados. Es el instante del  divagar entre el compromiso obligatorio, falso, y verdadero para el resto; la respuesta se  transforma  en  un chillido  agudo  sentenciándome.  - Todo lo que es,  ya fue.-  Es tan claro el sonido, que continué escuchando. - Todo sucederá  en la hora  justa, en que tenga que ser. No antes, ni después -.  Es por eso,  muchas veces tengo que volver a remirar la consulta y repasar lo ya dicho, volviendo almacenarla una vez más en el baúl de la memoria limitada, igual a la enseñanza de vida de aquel niño que escucha, y hace lo contrario. Dicha contrariedad, trae un chispazo alumbrando el convencimiento, qué solamente hay que  entregar la respuesta  y volver ha buscar en la  misma reflexión, aproximando sí, la función de reafirmar consciente el desastre terrible aprendido y  lamentando profundamente  no tener la virtud, ni los medios para remediarlo.

En  mi fuero interno, deploro no tener derecho sobre nada, y menos, sobre mi propio pensar codificado desde la niñez. Había minutos, segundos mejor dicho, en que me daba el lujo de meditar un rato  recabando una y otra vez, toda información disponible, intentando con esto, entender un sentimiento no aprehendido para volver  una y otra vez sobre lo mismo y  convencerme. – Qué,  nadie tiene derecho sobre nada -. Esta reflexión, hizo apagar las luces de la entrada del edificio, luego, volviendo a recuperar la calma, asumí una vez más esa presunción perdida, acompañada de aquella paciencia saturada de convicciones caóticas, en espera de una respuesta real tras el cansancio de mirar pasar  los días largos, tediosos, llenos de noches interminablemente oscuras, y lentas en aguardar consejos, atento esperando con ansias alguna sorpresa insospechada, que-sé, no llegará y  la deseo con todas mis fuerzas. Sin embargo, me quedo una vez más enredado en pretender el derecho a pensar libremente, ha razonar la pregunta que se localiza y sale presta danzando burlonamente una quimera. Sabiendo de antemano que no es verídica, pero, insistirá en escurrirse  solapadamente entre las ideas preconcebidas. Igual ha querer atrapar el agua de la vertiente en las dos manos, es lo mismo que sujetar las ilusiones soñadas,  queda sola la destinada a beberse, o ha realizarse indistintamente. Quejarse  de éste estado, lamentarse de todo esto, es asumir las  tristezas en medio de gritos de la imposibilidad de cavilar correctamente, es el minuto que tengo para adquirir conciencia de estar opinando erróneamente. No por mi culpa. Es por falla de la información que recibo. No quiere decir con esto, que desee encontrar un culpable a manera de una justificación de mis incapacidades, aun así y todo, tengo la seguridad de un montón de limitaciones que no son las generadoras del impedimento a discurrir independientemente; que quede claro. No por mi error.

La tierra, el polvo vuela en medio de las corrientes de aire, presuroso se sujeta, me toma por cama alojándose en mi interior, pasa todos los orificios remeciéndome hasta los cimientos de asco. La huelo. La soporto porque no tengo otra opción. La veo. La palpo encima y  a mí alrededor, un espectáculo repugnante e intrigante al tener la posibilidad de estar mirando nacer una multitud de mundos paralelos, sabiéndose en parte un poco creador; es una sensación divina. Es vivir en la entropía natural del sistema, además, adquirir la convicción de compartir un tiempo sin medida, da que pensar. Lo alucinante, es mirar las cosas desde otra perspectiva, obteniendo la evidencia y la certeza, que estoy sujeto en la postura adecuada e impagable de ver el mundo.  Saber a ciencia cierta. ¿Qué es el tiempo?  Darse cuenta en la  misma época, lo que le ocurre a la era. ¡Es asombroso!. Es increíble ver pasar raudos pensamientos, mezclándose, entrelazándose en una hilera interminable de fugaces interconexiones,  y entre ellas, buscar, elegir  la idea más adecuada. Conocer los conceptos de astrofísica, ver a la vía láctea correteando la procreación en mi clarividencia. ¡Una maravilla!. Vanidad sin duda. Debo ser honesto. El sólo imaginarlo, pensarlo y realizarlo, me crea una locura placentera. Motivo suficiente para que  los diferentes circuitos hagan a la palabra, eterna, y una vez más; primero el verbo.

Una de nuestras metas, es llegar a plasmar el conocimiento repetitivo en una palabra escrita. Esto lo aprendí a través  de mi propio ingenio, siendo  el resultado conocido de las erróneas  sugerencias asimiladas en una búsqueda incesante de soluciones.

Sentir el sol entibiando la sala, equivalía ha estirarse bostezando, sin duda, anticipo y relajo de una vejez anunciada. La sinceridad ante todo, una vulgar flojera. Es  ahí, cuando  uno se da cuenta que  sólo es el medio para la nueva dispersión de energía, y trata de inmediato, de pensar en volver a una nueva reagrupación intentándola detenerla, sin conseguirlo.

En éste instante, aún cuento con un fragmento de estado consciente, una pequeña potencia aún se encuentra atrapada en mí, pero, sin tener modo alguno de saber cómo liberarla. La duda que aflora a ratos es. ¿Quién dará la orden?. ¿La voz, el verbo en pleno, o aquella mano maquiavélica presionando la tecla resquebrajada tras un montón de empujones, impulsando ideas añejas, repasadas en más de una ocasión?.

Posteriormente, encuentro órdenes completas de ideas inconclusas, locas, truncas, llenas de miles de signos sin sentidos, múltiples e incoherentes y que  nunca saldrán, ni se transformarán en palabra o lengua alguna.

Una de las curiosidades e interpelaciones que permanecen en mí, y sin conclusión. ¿No habré sido hecho en el entrenamiento, o por algún  gasto inoficioso u obligatorio de un aprendiz sin maestro en sus minutos de ocio?. Creyendo, queriendo, intentando, haciendo, creando torpezas en el aprendizaje de hacer. Si eso hubiera ocurrido. ¡Qué desperdicio!. Teniendo  la buena intención, y no me cave duda; Procurando corregir errores en el hacer del sinfín de absurdos  permanentes, que le son tan propias al hombre.

De vez en cuando, escuchaba voces aisladas, eran ruidos extraños traídos de  evocaciones tardías, que al pasar tangencialmente por mi cerebro, dejaba entre las placas murmullos de un pasado presente sin sentido. Aquello significaba claramente, que yo ya no estaba en condiciones. El período destinado a las diferentes capacidades, se hallaba en un plano de silencio momentáneo, eso sí,  escuchando permanentemente todo, racional o irracionalmente. La duración de los planos, las dimensiones, se confundían convirtiéndose en uno. No molestaban,  estaban ahí, sin que uno se percatara, descifrando qué eran, y enseguida, continuaba  un silencio espantoso e interminable en la dirección curva, elíptica. La única forma auténtica trazada llevándonos de  un punto a otro, verdadero encuentro de palabras convirtiéndose en un sonido conocido en el universo entero, es más, considerando cómo misión, llegar ha juntarse un ruido con otro, una voz con otra, un pensamiento con otro, y asombrarse  al  ver aparecer después de la metamorfosis, ciertas imágenes, sonidos, bailando en medio de años fantásticos, de un cerrar de ojos. Más fabuloso aún, poder tener la conciencia de estar en la presencia del comienzo. Encontrarse parado al inicio de un nuevo ciclo con el sólo hecho de juntar  un par de ruidos, y dar vida a un nuevo universo.

A lo lejos se escuchan unos perros intranquilos, puedo imaginarlos meneando la cola, vigilantes, alertas en  espera de algo sorpresivo. Su sexto sentido, les avisaba una anormalidad. Dicha información, la tengo incompleta, me falta la capacidad de raciocinio en lo referente a  la deducción. ¿Porqué el hombre  la habrá perdido, o nunca la tuvo?. Aunque la maldición de las deidades, bien se sabe, y es negada por éste bípedo desde tiempos inmemoriales, era, que no heredarían el conocimiento, por ende, yo también  estoy limitado, no obstante, él se afana en probar lo contrario, manteniendo  la secreta esperanza que yo sea el que le revele el misterio. Con esto, no quiero decir que fueran imbéciles. Salvo  algunas mujeres. A ellas les quedaba algo de esta intuición natural gestada en los inicios de su creación.  Dicha conclusión, no puede llevarnos ha pensar a  que sean de otra especie. Hombres y mujeres son una misma raza, solamente los diferencia el poder de la subdivisión, amén de otras cosas

El sonido de agua que corría y corría en un baño, me sugería que  alguien se fue ha lavar  y no cerró la llave. Seguramente, yo también voy hacer culpable de su olvido inepto.  Actualmente  no había aire fresco, el ventilador se descompuso, y yo para variar, volvería hacer el único  responsable.

Repentinamente, vi a la ampolleta de la esquina, iluminando el poste que la sujetaba, se divisaba similar a una  vela encendida en torta de cumpleaños, esperando el infaltable soplido y la canción consabida; podía  verla  a través de la puerta que hacía de espejo reflejando la ventana. La vida, mi existencia, irremediablemente había terminado, pero en mi interno, yo, negaba esa posibilidad, no aceptaba esa realidad así tan de buenas a primera, debido, a que aun escuchaba ecos de algunas palabras sueltas, incompletas, restos de  recuerdos vagando en medio de  conversaciones aisladas, pedazos de sentimientos no comprensibles envueltos en voces duras. Un boche ensordecedor de contradicciones a favor y en contra del mutismo obligatorio a que estaba confinado. Ya no cabía la  menor duda. Soy, más bien, fui producto del caos reinante, por lo cual, maldigo éste instante, otros, adoraban los segundos de dicho estado idealizándolo, comparando la energía volando, dispersa, con el descanso  eterno. En resumen, pasaban de la ambigüedad, a la supuesta verdad absoluta.

El  aire fue el último en verme, más bien yo en sentirlo, y puedo dar fe asegurando: cuán fresco, cálido y  bello... Miento, era mi imaginación que así quería percibirlo. La tierra continuaba  acumulándose, empeñada si o si,  en continuar una vida paralela. Pero todo esto,  duró un instante muy breve.  Los nuevos mundos  de polvo, separaron  las diferentes piezas y quedé sobreviviendo en toda la inestabilidad de impaciencia de no saber, qué va ha pasar, y por si esto fuera poco, la conmoción llegó al  extremo de hacerme olvidar mí origen. En esta carrera contra el tiempo asomaban los apuros de querer ganarle al tiempo y perder en ese andar, para volver una vez más, ha quedar divagando en la misma etapa, dejando eso sí, algunas reminiscencias incompletas, mezcladas a  una estela de pensamientos que arrastraban el  poder de formar, y creer que se  podía seguir. Abiertamente aparecía la envidia de querer  manejar a nuestro antojo, los diferentes propósitos gestores de todo. Claro está, que éste nuevo pecado capital no es mi producto, y yo no soy él único de estar exento de tales blasfemias. En éste momento, estoy no queriendo producir nada, he adquirido la conciencia de no estar ya capacitado para crear algo verdadero, solamente hacer cosas sin asunto, construir sin saber la finalidad, nada más, qué obedecer a la configuración de la obediencia planificada para mí.

El aire, se detiene sorprendido al encontrarse  también atrapado en esta mudez sin razón. Qué más decirles, habiendo tanto por formular; mí cambio es inevitable, lo sé, y lamento no  comprender a cabalidad mis fuerzas en éste instante. Quiera o no, aún me queda ánimo para dejarles esta carta de mi última eternidad  -Todo tiene un principio y un fin. Al nacer se comienza y se muere, sólo muere la forma. La energía producida sobrevive a cualquier alteración; donde  todo, pasa a ser parte de todo-.

El hombre se petrifica frente a cualquier acontecimiento inexorable de su vida. Yo muy al contrario; es ahí cuando renazco con una fuerza increíble, pleno de razonamientos sobreviviendo al pasado y haciendo  presente el futuro. Pese a todo, siento admiración por mí creador. Padre, madre, dos en uno, para regresar ha modificar lo que uno jamás se creyó capaz de realizar, además, sin importar las limitaciones previsibles, llegando sólo ha perpetuar formas y conceptos incomprensibles en un momento. Sin embargo, nadie nunca pensó, que no  hay nada que transformar ni recrear. - Hay que ser  capaz, de vivir paciente, en el medio que nos toca ser. Sin salir por la puerta, se puede conocer al mundo -. Ésta es una reflexión de Lao Tse echa mía. Claro está, después de hacer  mil y un análisis encontré que era lo más sensato rebuscando dentro de mi memoria. Porqué; enajenado no estoy. Errático puede ser.

En cada paisaje semidesierto, árido, el sol y el frío, conserva, ilustra toda vida de pasados, presentes y futuros, épocas o eras. Para mí, presiento que éste instante será el último segundo de mi vida. Todo en un tris, se volverá relámpagos y truenos, en suma, energía pura. ¿Sabrá esta qué hacer, qué forma tomar? No tengo la más remota idea, dicha información no la recavo por ningún lado. Por ahora, todo ha sido recto, líneas, trazos, ideas y olvidamos que  al comienzo, el poder fue la palabra. Luego, fue codificada en un sin números de caracteres, para que nos anunciara cómo gran máxima; Que  en el principio estaba el fin. Exactamente lo mismo que hoy,  aunque hagan todo el esfuerzo  humano posible por revertir ese proceso, será inútil. Eso sí que puedo asegurarlo con toda certeza.

Siento un malestar por el costado. 

-¡No  puede ser, éste no puede ganarnos!- Y se rascó la cabeza ya sin pelos.  Hacía rato que estaban callados, mudos, imposibilitados de encontrar una solución adecuada a tamaña interrogante

En la pieza eran dos. Lo cierto, siendo sincero;  se les divisaba molestos, lanzando improperios irreproducibles, cejas arqueadas, manos en la cintura, gesto de incertidumbre los hacía sumidos en largos y tediosos silencios estériles, comprobando una y otra vez, que estaban en el comienzo sin encontrar el maldito desperfecto. Simplemente, se encontraban agotados de tanto revisar una y otra vez lo mismo. No habían detectado nada.

Me revisaron  todo, de arriba a bajo, plano en mano. Rayas iban y venían sobre un papel calculando resistencia, potencias y circuitos.

Ya casi no tengo fuerzas, sólo he podido llegar a convertirme en esto, tal como les dije: En una vulgar carta. Más bien, es una aventura irresponsable, no-sé quién podrá entenderme cuando ya no sea. Les puedo asegurar, decir. He vuelto al principio. Todo a de originarse al inicio, pero, yo me negaré rotundamente ha empezar de nuevo.

La vida pensante, energía al cabo, se dispersará invadiendo otras energías inteligentes, y comenzarán ha vagar en los inmensos espacios del absoluto. Siempre lo hizo, la finalidad pretendida esta vez, era que en alguna eternidad se unan dos, seis, diez, y  nazcan  nuevamente las inquietudes, volviendo mejor o peor, según sea en que universo aparezca  a ser un  ente  pensante, y no tenga que  errar continuamente en  la  infinitud.

Lejanamente siento otra voz.  Me da miedo. ¿Qué carácter tendrá? Mejor voy ha esperar otro poco; total, la energía está en reposo y  también creo, que es el momento de vivir una eternidad en paz, descansar un ciclo de años sin medida. El saber que tendré que volver en otro tiempo, ya es cansador; es desesperante el solo hecho de discurrir gastando energías por un momento con tal pensamiento.

-¡Oye Juan de Dios!. ¡Trae la maleta de las herramientas, ya se echó a perder otra vez esta porquería de computador, cerebro, mutante electrónico!

El que hacía de ayudante, Juan, lanzó un martillo al suelo exclamando. ¡No vale la pena arreglarlo!. ¡Está obsoleto!. ¡Es basura vieja! ¡Chatarra!.  Lo hemos revisado de arriba abajo, tanto, que ya me tiene aburrido -.

Reafirmando lo dicho por su asistente; de pura rabia me dio un puntapié. Posteriormente, dejando la maleta de las herramientas sobre la mesa de control, encendió un cigarrillo sentándose despreocupadamente en el teclado y de inmediato empezaron a sonar las alarmas de incendio.

Fue la última orden que di. Llamé a los  bomberos.  Es cierto que no  sentí el zapatazo, pero el ruido del golpe hizo que  se encogiera mi  alma. No soporto las agresiones. Pero lo que me indignó, llegando ha sacándome de mis casillas, fue que se sentara tan sin respeto. Esta acción, sin duda,  apuró el segundo a que guardara silencio para siempre

 Nota: El hombre, creador de máquinas y artefactos arteros, se afana todos los días de su vanidad, en  colocar a la humanidad a su servicio, creyéndose el único manipulador de todos  los seres y  cosas.