LA   ABUELA

 

De Jorge A. Flores Clerfeuille

 

Cuento publicado el 2005 en

la revista cultural LOS MUROS

de la ciudad de Nueva Imperial, Chile

 

 

Una anciana le rascaba pacientemente con ternura la cabeza a su niña, mientras ella, extasiada volaba en medio de unas nubes blancas, esponjosas y el olor a chocolate saliendo del delantal misterioso, faldar lleno de cosas de nunca acabar invadía todo el cielo, entretanto, las rosas del florero de enfrente sobre la cómoda, al ver la escena, dejaron de  suplicar y lamentarse por un poco de agua.

 

En un momento, la niña al sentirse ya cansada de tanto revolotear y  jugar en el aire, se sentó en una de aquellas quedando abruptamente frente a sus ojos, la luna en menguante. Ésta sin mediar palabra, la miró, sonrió y le colocó gotitas de rocío en sus ojos almendrados; luego pestañeo una estrella, era la hora de comenzar a contarle un cuento para que se quedara dormida.  Porque había llegado el minuto obligatorio del descanso, el resumen del día, más bien, fue una historia.

 

-Había una vez un matrimonio que se quería intensamente, vivían los dos en un palacio de ilusiones y alegrías. No obstante, un día no sé por qué motivo se enojaron. Ella no emitió palabra, él la regañó en silencio, ninguno dijo nada, sólo habló el viento y quedó un vacío gigantesco en el que solamente continuas tú-.

 

La niña repentinamente  abrió los ojos, se alzó un poco levantando los brazos y se dio cuenta que estaba  en su cama. -Había amanecido-. Entonces, dándose un impulso, corrió levemente la cortina para ver pasar tímidamente algunos rayos de sol que comenzaron a entrar pidiendo permiso, es más, hasta le ayudaron a gritar.

¡Abuela! ¡Te quiero mucho!.

 

Y no habiendo aún terminado tamaña expresión, apareció en ese preciso instante, por arte de magia, aquella con el desayuno.  En seguida, ésta solícita, corrió definitivamente toda la cortina de la ventana, dejando entrar a borbotones la alegría y al mismo tiempo, el sol hacía que las dos se miraran y suspiraran al unísono tragándose toda la tranquilidad y la luz de esa mañana, lo que fue mejor, hacer que todo ese día,  rieran felices y del faldón enigmático continuaran saliendo olores.