Andrés Bello

 

Eduardo Carrasco Chávez

2011

 

Andrés de Jesús María y José Bello López, conocido y considerado como el más grande humanista de Iberoamérica, y nombrado el “primer humanista de América”[1] por don Pedro Grases. Bello  nace en Caracas el 29 de noviembre del año 1781, Bello proviene de una familia de raíces culturales, raíces que dan origen a un estilo de vida muy ligado a las letras, característica que comienza a sobresalir en Andrés desde muy temprana edad.

Andrés Bello desde muy pequeño comenzó a destacar, durante su época de estudiante sobresalía de entre sus pares debido a su inteligencia y al amor que manifestaba por la lectura, su crianza fue bajo una educación de elite y muy conservadora como diríamos “a la antigua” esto hizo que Bello desde muy joven manifestara un gran interés por las materias de latín, escolástica, castellano, inglés, francés, medicina, matemáticas, filosofía, historia y geografía en las cuales se fue interiorizando y perfeccionando, llegando incluso a dictar clases a personajes muy importantes como lo fue el Libertador de Latinoamérica, Simón Bolívar.

Andrés Bello fue una persona que tuvo la oportunidad de conocer muy de cerca tres grandes épocas de la historia latinoamericana: vivió sus primeros treinta años de vida en plena colonia española, luego desde Londres siguió todos los movimientos y las victorias independentistas, y finalmente conoció de muy cerca cinco lustros de vida latinoamericana independiente.

Su infancia y parte de su juventud Andrés Bello la vivió en su tierra natal Caracas, allí comenzó su formación en la academia de Ramón Vanlosten, y en 1797 ingresó al Seminario y Universidad de Santa Rosa de Caracas de donde egreso en el año 1800 obteniendo el grado de bachiller en artes. Tanto era el amor que Bello manifestaba por la lectura que a su madre le señalaba sin titubeos a la hora de comer “Mi cerebro necesita más alimento que mi estomago”.

Otro aspecto que favoreció el enriquecimiento cultural de Bello fue el hecho de que su hogar quedaba ubicado muy cerca al convento de Las Mercedes lugar que visitaba de forma muy frecuente, dando vida a un lazo de amistad con el padre Cristóbal de Quesada, con quien aprendió el latín, habilidad que le permite teniendo recién 15 años de edad realizar una traducción al castellano del quinto libro de La Eneida, acción que realizo en honor al padre Cristóbal, ya que este hecho fue realizado posterior a la muerte del sacerdote.

Andrés Bello no sólo practicaba la lectura sino que también se destacó por sus escritos, los cuales se comenzaron a conocer por medio de su participación en tertulias, sus poemas fueron referencia para que sus amistades más cercanas le pusieron por apodo el “Cisne de Anauco”, Anauco era el nombre del río que bañaba las tierras hoy pertenecientes a la Candelaria, era un río de hermosa belleza la cual en muchas ocasiones fue la fuente inspiradora de Bello, la cual dio vida a muchas de sus obras.

Andrés a la edad de 18 años conoce al explorador alemán Alejandro de Humboldt y a don Aimé Bonpland con quienes fue a diversas excursiones, siendo este uno sino es que el momento más significativo de la juventud de Bello, este hecho influye de manera muy favorable en el futuro de la vida y obra de Andrés Bello. En esa oportunidad Bello tuvo la oportunidad de conocer las ideas de Humboldt sobre la naturaleza americana, cuya novedad científica el sabio alemán difundió por todo el orbe civilizado en estudios geográficos penetrados por la convicción del progreso que representaba para la humanidad la obra de la razón científica.         

Bello durante algún tiempo, debido a su manejo en idiomas, se dedicó a realizar traducciones y adaptaciones de textos clásicos, esta actividad le otorga alto prestigio entre la sociedad, ya que ésta era un actividad poco común entre los jóvenes de la edad de Bello. Para estas fechas Bello aún siendo muy joven ya era una persona muy conocida y respetada entre sus pares y personajes de importancia dentro la sociedad.

En el año 1802 Bello obtiene el  rango de Oficial Segundo de la Secretaría del Gobierno Colonial. Durante su permanencia en este puesto Bello incrementa su prestigio lo que lo convierte en una de las personas intelectualmente más influyentes en la sociedad de Caracas. En este mismo periodo Bello comienza a desarrollar labores del ámbito político, donde al igual que en las otras actividades que había desarrollado se destaco notablemente.

Caracas fue la cuna de grandes personajes que participaron y fueron figuras durante el desarrollo de dos hechos de real importancia en la historia de América, éstos hechos son la Revolución de Independencia y la Guerra de Independencia. Y estos personajes son Simón Bolívar, Francisco Miranda y Andrés Bello.

Este proceso de revolución de América no buscaba solamente la liberación de la presente y constante influencia de España, sino que buscaba guiar a las nuevas generaciones de América hacia la corriente de las ciencias contemporáneas, las que implicaban una revisión de todos los conceptos tradicionales en la época. En América los jóvenes comenzaron a manifestarse por medio de actos asociados al tipo revolucionario, esto cuando se vieron enfrentados al desarrollo de las ciencias, dando así origen al movimiento revolucionario de la época.

Bello y Bolívar se conocieron cuando uno asumió el rol de profesor del otro, pero esto seria sólo el principio de esta unión, ya que ambos compartían una misma ambición, la cual les puso sobre el sendero del camino de la liberación de las colonias españolas, el momento de mayor significación dentro de las vidas de estos jóvenes es la aparición que estos realizan cuando la emancipación americana causa gran euforia entre las nuevas generaciones. La emancipación americana fue como el renacer para los americanos. Lo que parecía un continente pasivo y silencioso, descubrió las potencias sumergidas de su capacidad creadora y recreadora.

El proceso de la emancipación se inicio sobre una base que tomo forma gracias al esfuerzo de una minoría que representaba en América el termino de esa personalidad propia que los caracterizaba. La idea de una visión cultural y política, sin más que con la fuerza de la propia fuerza, dio paso para que entrara en acción la audacia y el ánimo de aquellos que reaccionaron ante la crisis de la monarquía española.

En esta etapa de su vida Bello entra en contacto con el romanticismo inglés donde estos postulados de exaltado nacionalismo lo guiaron a incrementar su horizonte americanista y a reafirmar la convicción que tenía sobre la cultura, respecto de que ésta debe estar en la base del programa político. La presencia de Bello no era simplemente la aparición de un intelectual frente a la turba de acontecimientos que ocurrían en Venezuela. Bello como todos pertenecía a aquellos jóvenes criollos que estaban preparados y formados por España, para actuar según como la formación lo señalaba, sin embargo Bello pronto puso todo su saber y experiencia al servicio de la patria americana que en esos momentos se encontraba en el proceso de la concepción. Bello estuvo presente en algunos de los acontecimientos políticos con que se dio inicio la emancipación, siempre se caracterizo por manifestar y mantener su perspectiva de su proyección cultural, como integrante de la élite revolucionaria de Caracas, precisamente porque representa el estado de la razón social logrado gracias a la cultura hispánica transformada en americana por virtud del desarrollo de sus elementos esenciales en un nuevo ámbito vital.

Bello en sus escritos de inicios del siglo XIX deja registro de que el mundo se encuentra viviendo una transformación, específicamente en esos años se hacia evidente un cambio en las ideas del tipo cultural y en el ámbito político, que correspondía al vasto movimiento ilustrado, en cuyo seno había sido educado; pero Bello toma éste proceso con una perspectiva incluyente y moderada del mundo hispánico, así su pensamiento lo define como una función de integración y continuidad.

En 1809, Bello junto con Simón Bolívar, viajaron a Londres, donde coinciden con Francisco Miranda, quien es una de los más importantes precursores de la emancipación americana. Cuando para Andrés Bello culmina su etapa de vida en Caracas, éste pública su primera  y “gran” lección sobre la cultura americana, en este documento Bello muestra la tradición clásica y española, pero además se dan indicios del nacimiento de un nuevo hombre americano, y del cambio que también se produce en su entorno.

La unidad americana y la visión de ver a América como la magna y única patria hizo que se creara una alianza estratégica entre grandes personajes como la de José de San Martín, Simón Bolívar, Bernardo O´Higgins, entre otros, alianza que impulso el estallido emancipador, acontecimiento que culminó con el triunfo de los patriotas americanos.

Bello en un momento de reflexión concluye que el proceso de emancipación debe ser visto como un ente integrador, capas de integrar su concepción de cultura y a la vez la comprensión del nuevo escenario político. Bello comprendió e internalizo la idea de la unidad de América porque a ella  lo llevaba su concepto de la cultura iberoamericana como síntesis de los valores hispánicos y de originalidad americana.

Bello como todo diplomático, dentro de sus labores se le asigno la tarea de redactar informes para Venezuela y otros países sobre las primeras manifestaciones de la emancipación que se realizaban frente a las autoridades inglesas, y es en esta actividad que Bello comienza a dar a conocer sus reflexiones, las que manifiestan abiertamente el deseo de la unidad de todos los pueblos americanos para lograr la fuerza que buscan para concretar el triunfo militar y diplomático. Pero su mayor idea es la que habla de que es la cultura la que debe encontrarse como base del programa político.

En Londres Andrés retoma con fuerza su pasión por la docencia “la que será su pasión, y no sólo como oficio individual práctico en diversos grados y sucesivas etapas de su existencia, sino al magisterio entendido como una obligación moral y social impuesta a los americanos que deseaban el crecimiento de la personalidad continental”.[2]

Ha esta fecha con un Andrés Bello lleno de nuevos conocimientos y nuevas experiencias de vida, asume la responsabilidad de comunicar y dar a conocer ideas útiles para sus compatriotas y para aquellos nuevos países que se estaban iniciando en el proceso de la emancipación.

Bello destaco siempre por dar a conocer su pensamiento americanista, pensamiento que nace a consecuencia de la emancipación, tampoco se comprendería dicho americanismo sin la presencia del romanticismo poderosa corriente ideológica que había contribuido al conocimiento de las singularidades que individualizaban tierras y pueblos antes integrados en los grandes imperios y que ahora se desmenuzaban bajo el paso triunfador de los nacionalismos.

Andrés Bello se interiorizo con algunos conocimientos prerrománticos que se hacían presentes en la ilustración tardía de la época, tales como la idea de la naturaleza, de la filosofía del progreso creada como la unificación de la diversidad de pueblos y razas, entre  que fueron aprendidos a través de sus lecturas caraqueñas. Pero, en Londres fue donde trabo su conocimiento respecto al Romanticismo, esto por medio de su versión inglesa, siendo esta de tipo más literaria y filosófica, que también era más moderada y tradicional, a diferencia de la versión francesa que era de tipo más social y revolucionaria. Bello se intereso y profundizó en la lectura de los mejores autores franceses, ingleses y alemanes, por medio de la cual conoció el Romanticismo, asemejo muchos de sus contenidos ideológicos, aunque no se sumo con alto entusiasmo a sus posiciones más avanzadas.  

 “De ahí le vino, sin duda, un refuerzo notable de su americanismo ya que si el Romanticismo había alentado los sentimientos nacionalistas, la mayor conciencia de patria en el venezolano se afincaba en América. El patriotismo suyo sería, por lo tanto, el americanismo, y en particular el americanismo cultural, ya que a partir de esa concepción ideológica derivaban los factores que definirían la personalidad política”.[3]

Bello dio a conocer su programa americanista por medio de la formulación y edición de dos revistas. La primera de éstas nació de la Sociedad Americana, y fue denominada como la “Biblioteca Americana” y subtitulada “Miscelánea de literatura, artes y ciencias”, y en la cual Bello realizó la publicación de su poema “Alocución a la poesía” que tuvo que incorporarse en una composición de mayor aliento, “América” la cual jamás pudo finalizar. En este poema, el cual invitaba a la poesía a trasladarse a suelo americano, la naturaleza y la historia que se enumeraban en sus rasgos más notables debían ser las inspiradoras de un arte nuevo. Esta revista se publicó en 1823 y en ella Bello dio a conocer numerosos trabajos de divulgación de lo americano y sobre aspectos científicos y culturales que juzgaba de utilidad para los lectores de América.

La segunda revista editada por Bello, fue Repertorio Americano, la cual apareció en 1826 con características similares a la primera y completó el intento periodístico que revela su tenacidad por difundir una concepción de la cultura cuya claridad y definición equilibra todo lo que en una dirección más o menos análoga, se venía elaborando en América al calor de los sucesos revolucionarios.

Bello en Londres asumió un rol de diplomático, en el cual cumplía la función de representante de países como Venezuela, Colombia y Chile, desde este lugar Bello siempre abogo por los interese americanos, lo que estaba respaldado por su alto patriotismo que no permite discusiones.

Entre las amistades que Bello mantenía en esa época se encontraban los españoles José María Blanco White y Bartolomé José Gallard, este lazo de amistad con ese grupo de estudiosos revitalizaron en Bello la pasión por la literatura clásica española, literatura bajo la cual se educo y la cual dio vida y forma a su habilidad retórica y expresiva.

Esta etapa de la vida de Bello en Londres concluyo a inicios del año 1829, fecha en que su jefe en la representación de Chile en Londres, don Mariano Egaña, programa el viaje de Andrés a Chile. Este nuevo desafío en la vida de Bello marca el inicio de una tercera etapa en su vida la que va desde 1829 hasta el día de su muerte, por lo tanto esta nueva fase de su vida corresponde a al período donde desarrolla su plena madurez y vive su ancianidad. En aquellos momentos se vivían los últimos meses de la etapa que los historiadores han denominado como “la anarquía”.

En este momento Bello sintió que por fin había llegado la hora de poner en práctica todos aquellos años de estudio, reflexiones y experiencia, esto por medio del trabajo con un pueblo americano que contaba con la voluntad de nación, el caudal de un saber político y humanístico que pedía con urgencia su prueba en la dimensión práctica.

Bello asume la dirección cultural, del gobierno de Chile que en ese entonces se encontraba bajo el mando de Portales, esto ya que Portales y su grupo de gobernantes comprendieron de manera muy favorable la posición y la visión de Bello, éste hecho fue agradecido por Bello entregando un trabajo de asombrosa magnitud, Bello fue un decisivo colaborador durante la conquista del llamado en aquella época como “Estado en forma”. En primer lugar, en la organización de la diplomacia chilena y en la orientación teórica y práctica de la política internacional de Chile, en este ámbito Bello alcanzo un alto prestigió en toda América, donde fue reconocido como árbitro autorizado en la materia[4]  

En Chile es posible recoger juicios y observaciones que nos evidenciaban el contacto de Bello con el movimiento romántico en un grado que no concedía errores. En el año 1830 se fundó el periódico oficial “El Araucano” y fue Bello quién asumió la responsabilidad de la redacción de las secciones extranjera y cultural, y es en este periódico donde Bello en un artículo de 1832 publica de forma anónima uno de sus primeros textos, donde manifiesta una especie de protesta contra la censura postal de libros y realiza un elogio a doña Delfina de Mme. de Stael, quién en sus obras distinguía por la pureza de los sentimientos morales”. En este mismo año, se le otorga por ley la nacionalidad chilena a Andrés Bello y también es incorporado a la Junta de Educación, estamento encargado de proponer los planes y programas para todos los colegios del país.

Cinco años después, en 1837, Bello es elegido senador de la República, y reelegido en dos periodos sucesivos, hasta un año antes de su muerte. En 1839 Bello tradujo y adaptó para el Teatro de Santiago Teresa de Alexandre Dumas  [5] 

Años más tarde, en 1940 Bello comenta en El Araucano las leyendas españolas de José Joaquín de Mora, acto con el que se da vida a una relación entre éstas y otras obras de Byron; señala en particular la afinidad con el Beppo y con el Don Juan "por el estilo alternativamente vigoroso y festivo, por las largas digresiones que interrumpen a cada paso la narración (y no es la parte en que brilla menos la viva fantasía del poeta), y por el desenfado y soltura de la versificación, que parece jugar con las dificultades"[6]

Hacia esta misma fecha, Bello dio inicio a una traducción con miras a la publicación un artículo crítico, intensamente elogioso, de Edward Lytton Bulwer sobre Byron. Bello transportó también los versos que citaba el crítico inglés y esto lo motivo a intentar la versión de uno de sus dramas: Marino Fallero (1820). Pero Bello no llegó a dar término a la traducción ni del artículo de Bulwer ni al drama; pero Amunátegui ha rescatado ambos de su papelería.[7]

Estatua de Andrés Bello en la Casa Central de la Universidad de Chile.

Dentro de las labores destacadas que Bello desarrollo en Chile, se encuentra dentro lo que se refiere a la organización constitucional y jurídica de Chile, allí su labor fue de dimensión superior. En el año 1840 decretado por ley se nombra una comisión de parlamentarios, para la elaboración del Código Civil, monumento jurídico que sirvió de inspiración y modelo en muchos países americanos, para dicha tarea los senadores asignados fueron Bello y Egaña. Bello es quién da término a este trabajo ya que Egaña fallece en el año 1846, este trabajo se convierte en una de sus obras más importantes. Luego de  esto Bello continúa desarrollando una labor permanente en el Senado Chileno, desde donde Bello contribuyó a la legislación que completaba la organización de las instituciones.

El año 1842 en la vida de Andrés Bello se recuerda por ser el año en que Bello fue partícipe de una polémica del sentido literario, en esta polémica los protagonistas principales fueron Andrés Bello y Domingo Faustino Sarmiento. El primer hecho que provoco esta situación fue la publicación que realizó Pedro Fernández Garfias con un artículo “Ejercicios populares de la Lengua Castellana” en el Mercurio del 27 de abril de ese año, dicha publicación fue recibida de manera muy favorable por Sarmiento por lo que éste en la misma línea del primer articulo expuso en su articulo la tesis romántica de la soberanía del pueblo en materia idiomática.

"La soberanía del pueblo tiene todo su valor y su predominio en el idioma; los gramáticos son como el senado conservador, creado para resistir a los embates populares, para conservar la rutina y las tradiciones. Son a nuestro juicio, si nos perdonan la mala palabra, el partido retrógrado, estacionario, de la sociedad habladora; pero, como los de su clase en política, su derecho está reducido a gritar y desternillarse contra la corrupción, contra los abusos, contra las innovaciones. El torrente los empuja y hoy admiten una palabra nueva, mañana un extranjerismo vivito, al otro día una, vulgaridad chocante; pero, ¿qué se ha de hacer? todos han dado en usarla, todos la escriben y la hablan, fuerza es agregarla al diccionario, y quieran que no, enojados y mohínos, la agregan, y que no hay remedio, y el pueblo triunfa y lo corrompe y lo adultera todo"

Más  adelante, el artículo incluía la siguiente afirmación:

: "La gramática no se ha hecho para el pueblo; los preceptos del maestro entran por un oído del niño y salen por otro; se le enseñará a conocer cómo se dice, pero ya se guardará muy bien de decir cómo le enseñan; el hábito y el ejemplo dominante podrán siempre más. Mejor es, pues, no andarse con reglas ni con autores” [8

Bello se hace participe de esta seguidilla de publicaciones, dando así origen a la polémica, al realizar la publicación de un articulo, en el Mercurio, el 12 de mayo, para esta publicación bello utilizo el seudónimo de “Un Quidam”. Bello piensa que la crítica a los Ejercicios de la Lengua se ha manifestado de manera muy ligera, por lo tanto discrepa de lo enunciado en los artículos publicados anteriormente.

Con sutileza Bello señalo la contradicción entre el punto de vista de Sarmiento y el del autor de los Ejercicios. Esta objeción pareció no ser advertida por Sarmiento. Pero lo principal de su refutación se sintetiza en esta frase:

"En las lenguas, como en la política, es indispensable que haya un cuerpo de sabios, que así dicte las leyes convenientes a sus necesidades, como las del habla en que ha de expresarlas; y no sería menos ridículo confiar al pueblo la decisión de sus leyes, que autorizarle en la formación del idioma. En vano claman por esa libertad romántico-licenciosa de lenguaje, los que por prurito de novedad o por eximirse del trabajo de estudiar su lengua, quisieran hablar y escribir a su discreción. Consúltese, en último comprobante del juicio expuesto, cómo hablan y escriben los pueblos cultos que tienen un antiguo idioma, y se verá que el italiano, el español, el francés de nuestros días, es el mismo del Ariosto y del Tasso, de Lope de Vega y de Cervantes, de Voltaire y de Rousseau."

Bello llevo asimismo una punzante parodia contra cierto pueblo americano, "otro tiempo tan ilustre, en cuyos periódicos se ve degenerado el castellano en un dialecto español gálico, que parece decir de aquella sociedad lo que el padre Isla de la matritense:                                               

Yo conocí en Madrid una condesa

que aprendió a estornudar a la francesa."[9]

Sarmiento frente a esta publicación no hizo esperar su respuesta, la que denomino “Contestación a un Quidam”. La tesis de Sarmiento hace referencia a que  idioma es el medio por el cual se realiza toda expresión de las ideas de un pueblo y estas se deben manifestar de manera independiente al cierto criterio de perfección académica; también señala que América ya no está dispuesta esperar a que sea la gran España quien diga que contenido literario es que puede ser interiorizado y utilizado por toda América. La real  Academia Española tiene por función recoger, las palabras que usa pueblo y poetas y no autorizar el uso de las mismas; que las lenguas vuelven hoy al pueblo que el influjo de los gramáticos, el temor a las reglas, el respeto a los admirables modelos, tienen agarrotada la imaginación de los chilenos.

Pero Sarmiento también dejo ver claramente en su respuesta una alusión personal, la cual hacía presentir una indiscutible respuesta:

"Por lo que a nosotros respecta, si la ley del ostracismo estuviese en uso en nuestra democracia, habríamos pedido en tiempo el destierro de un gran literato que vive entre nosotros, sin otro motivo que serlo demasiado y haber profundizado, más allá de lo que nuestra naciente civilización exige, los arcanos del idioma, y haber hecho gustar a nuestra juventud del estudio de las exterioridades del pensamiento y de las formas en que se desenvuelve nuestra lengua, con menoscabo de las ideas y de la verdadera ilustración. Se lo habríamos mandado a Sicilia, a Salva y a Hermosilla que con todos sus estudios no es más que un retrógrado absolutista, y lo habríamos aplaudido cuando lo viésemos revolearlo en su propia cancha; allá está su puesto, aquí es un anacronismo perjudicial."[10]

Por medio de estas palabras Sarmiento hace una alusión directa y transparente a Bello, lamentablemente las palabras de Sarmiento fueron mal interpretadas, y no se considero que lo que se trataba de expresar era que Bello contaba con una educación muy adelantada para la época. Por ejemplo se creyó que la expresión "con todos sus estudios no es más que un retrógrado absolutista", se refería a Bello y no a Hermosilla; es por esto que más tarde en una de sus contestaciones Sarmiento tuvo que precisar:

"...es muy material entender que, al hablar del ostracismo, hemos querido realmente deshacernos de un gran literato, para quien personalmente no tenemos sino motivos de respeto y de gratitud; el ostracismo supone un mérito y virtudes tan encumbradas que amenazan sofocar la libertad de la república"[11]

En esta polémica se fueron incorporando temas que para Bello se encontraban muy ajenos a los temas lingüísticos que habían dado origen a la polémica, y esto provoco que para Bello esta situación dejara de tener interés, claro que el hecho de que Bello se alejara de ésta polémica no quería decir que sus seguidores no continuaran dando respuesta a los artículos publicados por Sarmiento.

Este alejamiento de Bello no fue una renuncia de su parte frente al tema, sino que se tomo un tiempo en el cual de manera muy minuciosa preparo una respuesta para la polémica, pero esta respuesta iba directo al centro del asunto. La ocasión fue la solemne instalación de la Universidad de Chile, el 17 de setiembre del año 1843. En el discurso se dicen estas, sus verdades. Y a la vez éstas fueron las palabras que dieron término a las polémicas del año 1942.

"Yo no abogaré jamás por el purismo exagerado que condena todo lo nuevo en materia de idioma; creo, por el contrario, que la multitud de ideas nuevas que pasan diariamente del comercio literario a la circulación general, exige voces nuevas que las representen. ¿Hallaremos en el diccionario de Cervantes y de Fray Luis de Granada —no quiero ir tan lejos—, hallaremos en el diccionario de Iriarte y Moratín, medios adecuados, signos lúcidos para expresar las nociones comunes que flotan hoy sobre las inteligencias medianamente cultivadas para expresar el pensamiento social? ¡Nuevas instituciones, nuevas leyes, nuevas costumbres; variadas por todas partes a nuestros ojos la materia y las formas; y viejas voces, vieja fraseología! Sobre ser desacordada esa pretensión, porque pugnaría con el primero de los objetos de la lengua, la fácil y clara trasmisión del pensamiento, sería del todo inasequible. Pero se puede ensanchar el lenguaje, se puede enriquecerlo, se puede acomodarlo a todas las exigencias de la sociedad, y aun a las de la moda, que ejerce un imperio incontestable sobre la literatura, sin adulterarlo, sin viciar sus construcciones, sin hacer violencia a su genio. ¿Es acaso distinta de la de Pascal y Hacine, la lengua de Chateaubriand y Villemain? ¿Y no transparenta perfectamente la de estos dos escritores el pensamiento social de la Francia de nuestros días, tan diferente de la Francia de Luis XIV? Hay más: demos anchas a esta especie de culteranismo; demos carta de nacionalidad a todos los caprichos de un extravagante neologismo; y nuestra América reproducirá dentro de poco la confusión de idiomas, dialectos y jerigonzas, el caos babilónico de la edad media; y diez pueblos perderán uno de sus vínculos más poderosos de fraternidad, uno de sus más preciosos instrumentos de correspondencia y comercio."[12]

Más adelante, continuando con su discurso Bello su discurso cae en una profesión de fe estética, muy oportuna después de la polémica sobre el Romanti­cismo que había agitado a toda la juventud de la época.

"¡El arte! Al oír esta palabra, aunque tomada de los labios mismos de Goethe, habrá algunos que me coloquen entre los partidarios de las reglas convencionales, que usurparon mucho tiempo ese nombre. Protesto solemnemente contra semejante aserción; y no creo que mis antecedentes la justifiquen. Yo no encuentro el arte en los preceptos estériles de la escuela, en las inexorables unidades, en la muralla de bronce entre los diferentes estilos y géneros, en las cadenas con que se ha querido aprisionar al poeta a nombre de Aristóteles y Horacio, y atribuyéndoles a veces lo que jamás pensaron. Pero creo que hay un arte fundado en las relaciones impalpables, etéreas, de la belleza ideal; relaciones delicadas, pero accesibles a la mirada de lince del genio competentemente preparado; creo que sin ese arte la fantasía, en vez de encarnar en sus obras el tipo de lo bello, aborta esfinges, creaciones enigmáticas y monstruosas. Esta es mi fe literaria. Libertad en todo; pero yo no veo libertad, sino embriaguez licenciosa, en las orgías de la imaginación."[13]

Pero en el año 1842  existe otro hecho que marca la vida y trayectoria de Bello en Chile, ya que en éste año es fundada la Universidad de Chile, en la cual Bello fue designado rector, y reelegido mientras vivió. Además, se le nombró miembro de las Facultades de Leyes y de Humanidades. Como escribe el profesor Alamiro de Avila: "Hacia 1850, a los 70 años de edad, Bello desempeñaba al mismo tiempo las funciones de rector, subsecretario de relaciones exteriores y de consultor de gobierno, de senador, de redactor de "El Araucano" y, además, trabajaba intensamente en la elaboración del Código Civil y en sus obras de derecho, de filología y sus producciones literarias." Bello sostenía respecto a las universidades que “En América, correspondía a las universidades ser el depósito donde se conservará el saber", desde la universidad se debía mirar la panorámica general de la educación de un pueblo.

Bello sostenía que el entendimiento debía elevarse a las consideraciones generales de la ciencia: “la Universidad no confundirá sin duda, las aplicaciones prácticas con las manipulaciones de un empirismo ciego” ya que “el cultivo de la inteligencia contemplativa que descorre el velo de los arcanos del universo físico y moral es, en sí mismo, un resultado positivo y de la mayor importancia”. Cuanto más claros y precisos fueran los conocimientos generales, las ciencias particulares obtendrían mejores resultados.[14]

Posterior a la polémica que se vivió en 1842 Bello continuó con una actitud muy firme frente al Romanticismo, por lo que se dedico a estudiar cuidadosamente algunos de sus principales autores; y hasta expresó, a través de paráfrasis y traducciones, su opinión frente a cada uno de los temas expuestos en los textos de los autores. Bello más aparecer como un enemigo, éste se hace a la luz como el primer americano que se asoma críticamente al Romanticismo.

Al inicio de este documento hablamos sobre los escritos poéticos de Bello, pues bien la obra poética de Bello es escasa pero de sostenida calidad.  

En Chile es posible ver claros ejemplos de una poesía invadida por el sentimiento romántico. En el año 1841 Bello publicó un canto elegiaco con motivo del “Incendio de la iglesia de la compañía de Jesús”, Santiago de Chile. A continuación se citan algunos de sus versos donde es posible palpar la evolución poética de Bello.  

Y ya, sino es el graznido de infelice ave nocturna

que busca en vano su nido, o del aura taciturna

algún lánguido gemido, o las alertas vecinas,

y anunciadora campana de las preces matutinas,

o la lluvia que profana las venerables ruinas,

y bate la alta muralla, y los sacros pavimentos,

triste campo de batalla de encontrados elementos;

todo duerme, todo calla.

 

Inicio de la cuarta parte:

Cuando, a vista de un estrago, dolorido el pecho vibra,

¿hay un sentimiento vago que nos alienta una fibra

que halla en el dolor halago? ¿es un instinto divino,

que, cuando rompe y cancela la fortuna un peregrino

monumento, nos revela más elevado destino?

¿o con no usada energía, despierta en tu seno el alma

y bulle la fantasía, noche oscura, muerta Calma,

solemne melancolía? yo no sé, en verdad, qué sea

lo  que entonces la transporta: absorbida en una idea,

los terrenos lazos corta, y libremente vaguea.[15]

Continuando con la obra de Bello debemos mencionar y destacar dos de sus importantes obras poéticas, pero que Bello finalmente no concluyó. Uno es “El proscripto”, el que comienza a escribir a inicios del año 1844 y del que se guardan solamente cinco cantos. Según Amunátegui, Bello quería desarrollar un poema al estilo de las Leyendas de José Joaquín de Mora en el que se reflejaran las costumbres chilenas de principios de siglo y algunos de los episodios de la Independencia.

La otra obra fue titula: “Diálogo entre la amable Isidora y un poeta del siglo pasado”, la que fue escrita hacia inicios de 1846, y publicada en 1849. Para ese poema Bello escribió un complemento titulado “La Moda” y que se mantuvo inédito hasta 1882.

Si ya no soy aquello que solía, pues de la frente que la edad despoja,

huye, como el amor, la poesía, puedo hablar a lo menos el lenguaje

de la verdad, que, ni al pudor sonroja, ni hacer procura a la razón ultraje,

aunque de la divina lumbre, aquella que el genio vivifica, una centella

en mi verso no luzca, ni lo esmalte rica facundia, y todo en fin le falte

cuanto en la poesía al gusto halaga, lo compone benigna una alma bella

que de lo ingenuo y lo veraz se paga.[16]

Estas palabras son también una definición de la ambición poética y de la lucidez autocrítica de Andrés Bello.

Bello con un carácter póstumo, es visto como la primera inteligencia especulativa de la América hispánica durante el siglo XIX. Es decir, personalidad y obra dedicadas a la independencia americana.

En Santiago de Chile, el día 16 de octubre fallece Andrés Bello, dejando huella con su obra tanto en Chile, como en todos los países en los que estuvo. Bello ha sido calificado de sabio. Ningún calificativo le queda mejor al gran humanista americano. No hay antecedentes de otro hombre que haya  recibido más títulos que Bello, esto por su fecunda labor, a través de Venezuela, su patria, Chile, su patria adoptiva, y Londres.

Monolito a Andrés Bello en el Cementerio General de Santiago de Chile.

 

NOTAS


[1] Pedro Grases, Andrés Bello: el primer humanista de América, Buenos Aires, Ediciones del Tridente, 1946, p. 33.

[2] Florencia Ferreira de Cassone, “Andrés Bello y su idea de emancipación educativa”, en Adriana Arpini y Clara Alicia Jalif de Bertranou, eds., Emancipación, emergencia social e integración continental (1804-1898), Buenos Aires, Biblos, 2010 (Col. Diversidad e integración en el pensamiento de nuestra América), pp. 167-186, esp. p. 168.

[3] Rafael Caldera, Andrés Bello, 4ª ed., Caracas, Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes, 1965, p. 72.

[4]  Enrique Zuleta Álvarez, “Andrés Bello y las relaciones interamericanas”, Boletín de Estudios Políticos y Sociales (Mendoza), núm. 15 (1965), pp. 7 – 51, esp. p. 7. 

[5] Ensayo de Miguel Antonio Caro, publicado en 1881. Cf. Vida, p. 449; Obras, III, Introducción, p. LXXIII. Fue estrenada en noviembre 1839, en función a beneficio de Carmen Aguilar, actriz española. Hay edición de esta obra: Santiago, Imprenta del Siglo, 1846. Cf. Orrego Vicuña, ob. cit., pp. 135 y 240. 

[6] Cf. Obras, VII, pp. 301. 

[7] Cf. Obras, III, Introducción, pp. XXXVI-LI. El fragmento de Marino Fallero ha sido incluido por Eugenio Orrego Vicuña en su edición de la Antología poética de Bello [Antología], Buenos Aires, Editorial Estrada, 1945, pp. 272-286. 

[8] Los artículos polémicos de Sarmiento están en sus Obras. I, Artículos críticos y literarios, 1841-42, Santiago, 1887. Reproducidos recientemente en Prosa de ver y pensar [Prosa], selección de Eduardo Mallea, Buenos Aires, Emecé Editores, 1943, pp. 81-140. Sobre la polémica, y de un punto de vista sarmientino, el documentado estudio de Armando Donoso: Sarmiento en el destierro, Buenos Aires, M. Gleizer, Editor, 1927. Detrás del planteo lingüístico y literario existía uno, político, que Donoso destaca oportunamente. En las pp. 49-98 se reproducen los artículos de Sarmiento.  

[9] El artículo de Bello no está en sus Obras; tal vez Amunátegui no consideró oportuno incluirlo. Está en las Obras de Sarmiento y en Prosa, pp. 141-144. 

[10] Cf. Prosa, p. 105. 

[11] Cf. Prosa, p. 115.

[12] Obras, VIII, pp. 314-15 y 318. En Recuerdos, pp. 255-266, se comenta (desfavorablemente) este discurso.

[13] Obras, VIII, pp. 314-15 y 318. En Recuerdos, pp. 255-266, se comenta (desfavorablemente) este discurso.

[14] Andrés Bello, “Instalación de la Universidad de Chile”, en Andrés Bello: bicentenario de su nacimiento, Caracas, Arte, 1982, p. 46. 

[15] Antología, pp. 64-66. La primera edición, en folleto, es de Santiago, julio 1841. 

[16] Cf. Vida, pp. 598-608. No lo recoge la Antología y es lástima.